Aquí es donde empieza todo

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La semana pasada Peque empezó el jardín y, esta semana, a entrar sola. El horario se estira de a puchitos: ayer fueron dos horas, el lunes dos y media, y así hasta que llegue a las cuatro.

Los primeros días la vi despegarse de a poco de mí. La vi dibujar y jugar, pero siempre mirando con atención todo, siempre callada. Ahora no sé mucho lo que pasa ahí adentro. La maestra me dice que es tímida y se pega mucho a ella. No me extraña, así es cuando vamos a la plaza y hay otros niños: por eso la mandamos al jardín, a ver si nos interactúa. Yo veo otra niña, dos personalidades totalmente distintas en casa (o con la familia) y en el jardín (o con extraños). Lo que es desfachatez, desparpajo, verborragia y espontaneidad se convierte en timidez, observación y mutismo, al punto que la maestra me pregunta si se expresa hablando (la doctora también! Me pregunta: arma frases como “Mamá, dame”? jajajaja)

Lo que es un milagro es que ella no llora al entrar (ni me mira, de hecho), y no dice “hoy no vamos”. Cómo hace para acostumbrarse a algo que le fue impuesto así, una rutina nueva? Nunca antes habíamos ido todos los días al mismo lugar, a la misma hora. Y esto es solo el principio de años y años de frecuentar casas de estudio y luego trabajos. Mejor eso no se lo cuento.

Y respecto a mí, estoy maravillada con el espacio de tiempo que de repente se ha generado en mi vida. Hay tantas cosas para hacer, que tendría que hacerme un buen esquema para que rinda al máximo. De todas formas tengo que aprovechar febrero, porque después vuelvo a mi horario habitual de trabajo y la ventana sin Peque va a ser de dos horas máximo.

Además, creo que esta separación va a hacerle bien a nuestra relación 😛

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Ventajas de viajar con una niña de (casi) 2 años

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El 3 de enero nos tomamos un avión a Italia. Bueno, dos aviones. La escala fue en San Pablo.

Y cuando hablo en el plural de la primera persona incluyo a mi esposo y a nuestra hija de 23 meses.

Habíamos sido sagaces y aprovechado el “beneficio” de que Peque aún no hubiera cumplido sus dos, para ahorrarnos sus pasajes de avión.

Pero, claro, al ahorrarte el pasaje (que no los impuestos) perdés el beneficio de un asiento para la criatura, lo que significa que tenés que padecer un viaje de 12 horas encerrado en un Copsa con alas con una criatura inquieta a upa. Qué linda perspectiva!

Nuestro vuelo salía de Montevideo a eso de las 16, llegando dos horas después a San Pablo. Nuestra estrategia (o sueño) era que Peque permaneciera despierta todo ese primer vuelo y corriera todo lo largo del aeropuerto de Guarulhos para que llegara liquidada al vuelo clave: el eterno.

Y fue bastante como pensábamos, salvo que se terminó durmiendo antes de aterrizar (por suerte: dimos pila de vueltas en círculo), y que en el aeropuerto sólo quería upa. Pero lo interesante, lo que no te cuentan, está en el vuelo. Que tu hijo viaja a upa y no hay cinturón para él: solo tus brazos. Y que cuando pasan ofreciendo snacks, no hay uno para los Peques.  Lo mismo con la cena y desayuno, la bandejita famosa. No hay para el niño. Gracias, Latam (?)

El segundo vuelo fue en seguida. Por suerte el avión era más espacioso, porque de solo pensar en viajar doce horas con el espacio del que nos llevó a Brasil, me daban ganas de llorar. Cuando entramos todavía quedaban pila de espacios vacíos, y vimos con ilusión creciente que el tercer asiento de nuestra fila quedaba libre. Miracolo, miracolo, quedó vacío! Así que, después de jugar un rato con Lego (resultó clave) y mirar algún libro, Peque se durmió (antes de la comida) y la acostamos en el asiento con sus piernas sobre mí. Así pude ver un par de capítulos de serie, dormir un poco y comer tranquila (guardando lo que podía para mi pobre hija).

Cuando regresamos, veinte días más tarde, no tuvimos tanta suerte. Nos tocó en la fila del medio, y había un paisano instalado que ni se le ocurrió buscarse otro asiento (como hizo el hombre de adelante que le tocaba sentarse al lado de una niña de un año). Así que hubo upa, hubo inquietud, hubo cena peligrosa e incómoda, hubo sueño increíblemente movedizo y bastante malhumor (de mi parte). No miré nada en mi tele, pero sí en la del brasileño de por allá adelante que se vio toda Florence con subtítulos :p

Pero más allá de los vuelos, Magui – me preguntan por la calle – cómo es viajar con una niña de casi dos?

Vale aclarar que todos los niños son diferentes (me dí el gusto de decir esa frase), pero tengo que decir que no es fácil. Tuvimos en cuenta su presencia lo más posible al momento de planificar nuestras vacaciones. Hubo días más movidos que otros, sobre todo cuando visitamos un par de ciudades por poco tiempo, pero intentamos pasar bastante tiempo tranquilos. Pero ciertamente no es lo mismo acarrear un niño que viajar con adultos. Yo tengo como referencia mi primer viaje a Italia. Tenía 18 años, iba con mi hermano y era verano. No parábamos la pata en todo el día y recorrimos lo más posible intentando no pagar muchas entradas. Creo que es hora de asumir que nunca más habrá un viaje como ese y que todas las experiencias van a ser distintas. Esta vez era pleno invierno, y terrible frío pasamos. Cada vez que salías tenías que incorporar varias piezas de abrigo, y todos deberían saber que no es fácil vestir a un niño. Es difícil hacer que venga a ponerse la campera, que deje de jugar, que se deje puesto el gorro. No hubo forma de ponerle guantes ni gorro a Peque, y eso que estaba cruel! La gente nos miraría como padres desalmados, que se cubren a sí mismos más no a su criatura. Es difícil estar todo el día solar afuera (entre 10 y 17, ponele) y que el niño se canse y pida upa, se ponga irritable por falta de siesta, y porque lo estás llevando a ver cosas que no le interesan en absoluto. Peque soportaba poco el coche prestado que usamos todo el viaje, y pedía para ir caminando (era trampa, al segundo te interceptaba el paso y pedía brazos). Y es difícil abandonar tu casa y todo lo conocido, dormir en otra cama y acostumbrarse a tres hogares distintos en tan poco tiempo. Reconozco que estas decisiones “arbitrarias” de nosotros padres pueden resultar crueles para los niños, y hay que admitir que dentro de todo Peque se portó muy bien.

Intuyo (y proyecto) que viajar con nuestra niña de dos fue más sencillo en algunos aspectos que hacerlo con niños más grandes. Como el hecho de todavía usar pañal, que evita que en el medio de la nada te digan “quiero hacer pichí”. Todavía entra en el coche, que agiliza las cosas (cuando lo acepta!), y donde durmió más de una siesta. Todavía le gusta pasar tiempo con sus padres! Todavía no dice “estoy aburrida, me quiero ir” , ni “me estoy perdiendo el verano por estar acá”. Y, por último, pero no menos importante, no paga pasaje de tren, ni de ómnibus, ni entrada a ningún lado!

Más allá de si es una buena edad para viajar o no, la experiencia está vivida, y no se va a repetir. Por lo pronto, a futuro, me dan ganas de vacaciones del tipo tirarse a no hacer nada!

Lo que leí en el 2016

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Este año leí prácticamente todo en español (cómo me cuestan las traducciones), y muchos libros para adolescentes. Hay varias joyitas por ahí. 30, lindo número

  1. Madrecoco / Mariana Olivera

Sobre maternidad. No me gustó mucho.

2. Gone With the Wind / Margaret Mitchell

Los avatares de una relación dispar en la guerra civil estadounidense. Un novelún!

3. eleanor & park / Rainbow Rowell

Dos adolescentes que se enamoran, con una triste revelación.

4. Las intermitencias de la muerte / José Saramago

Un día, en cierto país, la gente deja de morir. Interesante.

5. La conjura de los necios / John Kennedy Toole

Me lo trajo una alumna del colegio y me encantó. El personaje principal resulta muy desagradable y antipático. Vive con y de su madre, hasta que esta lo manda a trabajar. Hay varios personajes que coinciden con él a lo largo de esta divertida novela. Para releer.

6. Fangirl / Rainbow Rowell

Son gemelas y empiezan la universidad, pero una de ellas quiere dejar atrás su infancia y el fanfiction. La otra, en cambio, vive para Simon Snow (un casi Harry Potter), y, de hecho, la mitad de la novela son capítulos de esa otra historia que ella escribe. Estuvo bien.

7. Si decido quedarme / Gayle Forman

En un accidente en auto en que muere su familia, ella queda en coma, pero su “alma” sale de su cuerpo, observa y reflexiona sobre su vida. No me convenció para nada.

8. Himalaya me avisó / Magdalena Helguera

Una chica encuentra un bebé en la puerta de su casa, y empieza a buscar de quién puede ser. Como siempre, esta autora enlaza una cosa con otra permanentemente y me pone un poco nerviosa! Pero está bien la novela.

9. Mr. Mercedes / Stephen King

Me lo trajo la misma del de La conjura… , pero esta vez no le embocó. Fue mi primer King, y me decepcionó: una historia bastante simple de detectives.

10. Yo, él y Raquel / Jesse Andrews

Al pibe lo hacen retomar una vieja amistad con Raquel porque tiene leucemia. Pero ella no tiene ninguna trascendencia en la novela, y la nueva relación no aporta gran cosa. Escrito en la primera persona de Grega, es bastante divertido de leer.

11. La muerte de Ivan Illich / Leo Tolstoy

No estaría recordando mucho de este libro, salvo que me costó. Aparentemente me gustó el final, con los sufrimientos del hombre (según mi Goodreads!)

12. París es siempre una buena idea / Nicolás Barreau

Este libro es una mala idea. Lo compré en un impulso, y resultó plagado de lugares comunes. Una parisina ilustra un libro infantil (malísimo! está incluído el texto) y un estadounidense dice que es un cuento que su madre, ya muerta, le contaba de niño. Por supuesto se enamoran, a pesar de la una novia ambiciosa y el novio deportista. Puaj.

13. El quinto hijo / Doris Lessing

El quinto hijo de la familia feliz es raro, más animal que humano, peligroso incluso. Perturba la paz familiar. El libro es raro y bastante deprimente.

14. Vampirii : la nación de las tinieblas / Fernando González

Hay un bar en Montevideo que es la puerta hacia las rutas subterráneas usadas por los vampirii para trasladarse por el mundo. Hay un adolescente uruguayo que de casualidad (o no?) ingresa a ese mundo de la mano de ella, la vampiresa especial. Dentro del género, que no me gusta nada, me pareció bien.

15. El lector del tren de las 6.27 / Jean-Paul Didierlaurent

El muchacho maneja una máquina recicladora de papel que es descrita como un monstruo casi con vida. Odia su trabajo, destruir miles de libros por día y convivir con la Cosa que le sacó las piernas a uno de sus pocos amigos (que vive en busca de los libros publicados con la pulpa reciclada). Y todos los días, en el subte hacia el trabajo, lee páginas sueltas recolectadas al limpiar. Esta es solo la premisa de una novela corta y linda linda.

16. Descarrilado / James Siegel

Me lo prestaron en el trabajo. La historia hollywoodense de un hombre al que chantajean (de hecho, hay una película con J. Aniston). Mucho bolazo, pero ta.

17. El océano al final del camino / Neil Gaiman

Éste estuvo imponente. Un hombre vuelve al pueblo de su infancia y se sienta al borde del estanque de su vecina, recordando que ella le llamaba océano. De a poco empiezan a surgir recuerdos que él no sabía que tenía, sobre un corto período de su niñez en que las cosas se pusieron muy feas. Es mágico y oscuro, y juega con lo que retiene la memoria.

18. Cartas de amor a los muertos / Ava Dellaira

Hubo una especie de furor en la biblioteca con este libro, pero a mí no me convenció mucho. La protagonista le escribe cartas a personas famosas muertas (pero como tiene que atender a los lectores también, se obliga a “decirles” cosas obvias), pero es una excusa para hablar de sí misma y de su obesión: su hermana, también fallecida. Me pareció bastante tonta la chica, pero tiene cosas interesantes la novela.

19. Memorias de un amigo imaginario / Mathew Dicks

Me lo prestó otra alumna, que me empezó a contar su trama de forma muy entreverada. El protagonista es un amigo imaginario, uno de los que ha vivido más tiempo, porque su amigo imaginante es medio autista. Los amigos imaginarios pueden hablarse entre sí, y tienen distintas habilidades, dependiendo de la imaginación del niño: atravesar puertas, irse fuera de la órbita del niño, entre otros. Me pareció fantástica la premisa, y también la historia que se desarrolla. Lindo, pero se te estruja el corazón.

20. Doidao / José Mauro de Vasconcelos

Zezé de Mi planta naranja lima es casi adulto, pero aún necesita desesperadamente el cariño de su padre. Es cortito, salteado, triiiste y lindo.

21. El encuentro / Nadine Gordimer

Una chica blanca sudafricana que reniega de su origen de clase acomodada empieza una relación con un ilegal árabe al que terminan deportando. Ella se va con él. Muy interesante.

22. Un monstruo viene a verme / Patrick Ness

La madre tiene cáncer, el niño recibe la visita de un monstruo a la noche, que le cuenta historias. Triste.

23. El matrimonio amateur / Anne Tyler

Lo compré a 60 en la feria del libro y después me di cuenta que había leído otro de la autora (Breathing Lessons). Una pareja que se casa precipitadamente antes de que él vaya a la 2a Guerra Mundial (EEUU), y flashes que avanzan en el tiempo y en la evolución de la relación. Me gustó.

24. La casa del espejo / Vanessa Tait

Lo escribió la nieta (o bis?) de Alice Liddell, la que inspiró a Carroll a escribir Alicia en el país de las maravillas. Cuenta un año en la vida de los Liddell y Dodgson (Carroll), narrado por la institutriz de las niñas y basado en la extraña obsesión del muchacho por la pequeña. De lo más interesante.

25. Yo antes de ti / Jojo Moyes

Ella pierde el trabajo y termina trabajando para él, cuadripléjico después de un accidente. Una especie de Intouchables romántico, pero hay otra vuelta de tuerca, y un poco más de ella. De todas formas es algo simplista en algunas cosas.

26. El dolor invisible / Jordi Sierra i Fabra

Un psiquiatra y una adolescente con cambios de personalidad. No me gustó mucho.

27. Diario de Gordon / Marcos Chicot

Un ser desagradable, que vive en una fantasía creada por él, donde tiene una gran atracción con las mujeres y es el empleado ideal. Se manda una tras otra y todo le sale bien. Al principio era gracioso, pero al final me harté (y el protagonista me hizo acordar al de La conjura de los necios)

28. La búsqueda de Lucía / Cecilia Curbelo

La chica descubre que es adoptada y no reacciona muy bien. Después se engancha con un novio peligroso, y descubre quienes son sus padres. Hay fallas en la trama, y parece una telenovela argentina para adolescentes.

29. El tiempo entre nosotros / Tamara Ireland Stone

Parecía La esposa del viajero del tiempo versión adolescentes, pero es bastante distinto. La historia sigue siempre el presente de ella, con las apariciones de él, que no debería estar ahí. El tema del viaje en el tiempo se toma light, sin grandes consecuencias ni peligros.

30. Y por eso rompimos / Daniel Handler

La chica le devuelve a su ex una caja llena de recuerdos de su mes juntos. Cada objeto inspira una carta que explica los avatares de su corta, pero intensa, relación. Interesante

Mi top 5:

(no van en orden porque no puedo!)

  • El océano al final del camino
  • El lector del tren de las 6.27
  • Gone With the Wind
  • Memorias de un amigo imaginario
  • El matrimonio amateur

Hoy fuimos a ver Rogue One

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Una vez por año, con aquél vamos al cine.

Ese podría ser nuestro lema actual: antes íbamos tan seguido! No sabíamos qué privilegio.

Pero es mentira, porque este año ya vimos al menos dos.

Y son las clásicas, las que no se dudan, y de las que vamos a tener para rato: las franquicias Harry Potter y Star Wars.

Podríamos decir que HP es más mío porque yo leí los libros (aunque con Animales Fantásticos estábamos en igual posición), y SW más suyo porque el vio todas las películas hace tiempo, algunas en su estreno, y conoce el universo. Creo que fue el año pasado que miramos toda la saga juntos, y luego fuimos a ver el episodio VII.

Hoy nos tocó Rogue One.

Él salió de trabajar, levantamos a Peque dormida (porque cada vez empiezan más tarde sus siestas, qué guacha) y la llevamos a lo de la tía. Luego nos fuimos al Punta Carretas y dimos miles de vueltas por el estacionamiento buscando dónde cuernos estaban las 186 plazas libres que decía el cartel afuera. Subimos dos escaleras mecánicas y llegamos al GrupoCine donde nos dijeron que la que tenían ellos, empezando en ese instante, era en español. Por suerte nos indicó que el mostrador de al lado (Life) la ofrecía en inglés. Pero también estaba empezando. Nunca fueron tan puntuales con una película, che. Me perdí las sinopsis (snif snif), llegamos justito. (Y había tres gatos locos en la sala)

Pasaban los minutos en la película, y yo me preguntaba si en algún momento iba a entender algo. Intentaba recordar qué pasaba en las otras siete, pero no me venía mucho a la cabeza, y tenía que captar toda la parte en que explican cuál es la misión y quiénes están involucrados. Pero después todo fue encastrando casi perfectamente en mi precaria red de conocimientos galácticos. De hecho, fue de lo que más me gustó, que fuera una pieza de engranaje asociada al episodo IV. Y quizás te espoilee un poco, pero para el final insertaría el emoji del corazón partío.

Por cierto, me resultó novedoso que Carrie Fisher fuera tan apreciada. Típico, descubrí recién ahora que escribió varios libros con muy buenas críticas, y tengo ganas de comprarme uno de ellos.

 

Algo que culmina (adiós 2016)

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Hola!

Es gracioso como a uno lo agarra medio de sorpresa la bajada del año, pero una vez que estás en ella, fiú, llegás al 31 como bólido.

Cuando quise acordar, se habían terminado las clases (en liceo es antes), y ahora hace menos de una semana que terminé de trabajar y ni me acuerdo de cómo era eso. Ni que hablar de los días en que tardaba más de una hora en volver a casa del trabajo, pasando por todos los lugares de locura comercial navideña, y sufriendo el calor en el ómnibus.

Si de recapitulaciones se trata, este año cambié de trabajo (y lo dije en todas las entradas del blog, másomenos). Todavía me cuesta pensar que ya no trabajo más en el otro, que la biblioteca funciona sin mí, que hacen actividades y no me cuentan (horror!), pero eso es sólo cuando tengo contacto con mis ex compañeros. En el trabajo nuevo tengo mis días, pero he sabido disfrutarlo (sobre todo a los teens). Pero las grandes ventajas son las asociadas a la cercanía y el corto horario de trabajo, que me permitieron interactuar con Peque de mañana y de tarde, volver de trabajar caminando (a veces), tener tiempo para cocinar y hacer feria.

Las condiciones se dieron para que volviera a hacer cursos de educación permanente (1) y asistir a charlas o talleres relacionados con la literatura/lectura. No es fantástico?

Hice muchas visitas a padres (abuelos), y paseos en coche, e idas a la plaza (cómo me cuestan las plazas).

Cuando descubrí a mitad de año que había leído sólo cinco libros, decidí priorizar esta actividad y dedicarle tiempo durante la noche. Terminé leyendo más de 25 (clap, clap).

Cociné mucho y probé recetas nuevas, raras, con poroto, papa y espinaca… en preparaciones dulces! Durante todo un año había solo recreado recetas ya conocidas, o esa es la sensación que tengo, pero este año tuve un boom gastronómico, digamos. Manteca de maní, turrón, bizcochos…

Este año adquirimos auto (que yo no sé manejar), lo que nos facilitó las visitas a la suegra y su madre en el interior, y todo el vuelterío chico. Una independencia que no recordás no haber tenido nunca.

En el 2016 nacieron Cata, Cami y Feli, entre otros bebés conocidos. Y mi bebé, la Peque, se convirtió en niña. Todo lo que puede cambiar una persona en tan poco tiempo! Aprendió a caminar y a hablar, dejó el chupete, y demuestra cada día que es una esponja, un lorito, pero también una gurisa creativa, inventiva y tierna a la que le gusta jugar, comer, ver fotos, que le lean y le hagan mimos. Me babeo tanto como me enervo con esta chiquilina. Como también dejó la teta y se hizo un poco más independiente, pude ir a más lados sin ella, jaja.

Lo que no hice mucho fue actualizar el blog (creían que no iba a hacer mención? a quién le estoy hablando? je). Extraño un poco las épocas en que volcaba un poco de ingenio y me mandaba entradas periódicamente. Pero lo cierto es que muchas veces me da pereza abrir la computadora después que se durmió Peque (si está despierta, toca), ni que hablar cuando la bicha me anda para el c… .

A ver qué sucede en el 2017, con niña en el jardín. Por lo pronto, en unos días, después de pasar fin de año con suegra, nos tomamos un avión los tres al crudo invierno italiano. Volare, oooh.

Un muy feliz 2017 a todos los que llegaron hasta acá abajo y a todo el resto que se lo merece también.

Salida didáctica

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Hacía años que quería ir a la Feria del libro de manera institucional. O sea, ir con un grupo del colegio. Nunca se dio en los 8 años que estuve en el colegio anterior, pero en este me dieron el visto bueno en seguida.

Dos grupos de treinta y pico gurises de 14-15 años a ver la presentación de un libro de un autor nacional. Un ómnibus grande y una bañadera pequeña. Un adscripto, un pop, una profe de química y los más importantes: la profe de idioma español y el profe de literatura. Ambos ausentes al momento de partir. Él era el que se había mostrado más entusiasta: dijo que aprovechaba la ocasión para mostrarles libros a los chiquilines. Pero nunca apareció (desconozco sus motivos). La otra sí, se presentó una vez allá (había confundido los horarios). Arrancamos atrasadísimos con 20 minutos para llegar al arranque de la charla.

Bajamos en la intendencia y lideré la comitiva para llegar rápido al salón azul. Al llegar éramos seis (y no había empezado) . Volví sobre mis pasos, encontrándome a todo el resto del enorme grupo en un entrepiso trancando el paso de otros colegios. Los arrée y nos ubicamos allá arriba, donde nos dijeron los organizadores. El escritor se veía como un muñequito de torta, solo atrás de una mesa monumental. Empezó recordando que cuando a él le tocaba asistir a este tipo de charlas de chico le parecían aburridas. Y que, bueno, había que bancársela. Jaja. De todas formas los estudiantes no estaban aburridos porque estaban paveando, sacándose selfies o mirando el celular, riéndose en momentos carentes de gracia y aplaudiendo las preguntas simples de los otros estudiantes. Algunos de los “nuestros” levantaban la mano constantemente, lo que provocaba el temor de los adultos responsables. El adscripto incluso me amenazó con matarme al regreso del colegio (jojo). Pero las preguntas que llegaron a hacer estuvieron medianamente bien, y la actitud burlona era generalizada, algo a lo que el escritor debe estar tristemente acostumbrado (esto me trae otro tema que quizás toque en otra punzante entrada de blog – stay tuned!).

Y no duró para siempre. En cierto momento todos aplaudimos de verdad y bajamos las escaleras intentando que nadie se perdiera o quedara rezagado. Luego vino la visita a la feria. Los chiquilines recorrieron cual procesión sin mirar ningún libro, y luego se pararon a bobear sobre las fotos satelitales de Montevideo y a preguntar si se podía ir a McDonald’s. Estoy generalizando: sé que uno compró un libro, y otras miraron y dijeron que no había nada bueno, y otro se llevó un folleto de la feria.

Entonces salimos a esperar a los ómnibus que estaban en camino, y algunos de los adultos se quedaron atrás buscando rezagados. Los chiquilines se sacaron fotos con un hombre que estaba tomando mate en el banco de una plaza, y en eso, qué vemos? El gran autor que veíamos de lejos y escuchábamos por parlantes salía de la feria solo, con su bolsito, rumbo a un funeral. Así que salió foto con él también.

Volví charlando con una de las usuarias habituales de biblioteca, una de las que hizo preguntas y sé que lee.

Y así terminó la gran salida didáctica.

Ahora a reflexionar si se repite el año que viene.

 

Casi 20

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Casi 20 meses de la niña.

Está grande y muy comestible. Da besos y abrazos, y me dice “mamiiita” con tono aprendido.

Lo que más llama la atención es la adquisición constante de vocabulario.

Un día le decíamos que papá tiene barba y mamá no.

Padres: – Papá tiene barba?

Peque: – Siii. Mamá? No

Pero luego empezó a quitar la pausa y armar la frase “Mamá no”, lo que me pareció realmente significativo.

Pasar del “agua” a “más agua”. Responder “ben” cuando le preguntás cómo está. “Nono” cuando le preguntás qué estaba haciendo. “La tía calentó otra comida”, y con esa me dejó de cara.

Todavía no son muy frecuentes las frases tan largas, pero sí menciona todo, palabras sueltas, y verbos, y recuerdos de otros días. Nos gusta preguntarle, por ejemplo, los nombres de los miembros de mi familia que viven en Italia. Y los nombra a todos, aunque no los conoce. Es fantástico.

Con los colores empezamos hace un tiempo, pero todavía mezcla bastante. Una vez saqué una toalla nueva para el baño, color verde manzana, y ella toda entusiasmada: “Amarillo!”. Mientras yo pensaba que no valía la pena corregirla, porque la toalla no era tan verde tampoco, ella repitió la palabra amarillo unas diez veces. Se ve que le gustaba la palabra (y a mí cómo la pronunciaba!). Otra vez, le estaba poniendo su pijama rosado y ella me dijo “otro”. Querés el pijama azul? le digo, y ella: “amarillo!”. Peque, tenés dos pijamas, uno rosado y otro azul, cuál querés? “Amarillo!”.

Sus frases favoritas: “Peque* también” “Peque no” “No quero” “Niti nata” (ni idea qué es eso).

Cocina conmigo, la dejo mezclar. Hay miedo de por medio – a que tire todo, a que enchastre sus manos y después todo el resto, a que agregue objetos extraños a la comida – pero hasta ahora funciona bastante bien. Ayer agarraba un libro y lo “leía” como si fuera una receta, nombrando los ingredientes. Cocina con plasticina, y “come” la comida dibujada en libros y folletos. Le gusta que le dibujemos tortas (entre otras cosas), y pintarlas todas por arriba. Introdujimos un juego de herramientas de madera para ampliar el espectro, y anda por ahí arreglando cosas. También hace upa a sus muñecos, les da de comer y les limpia la cola. La limpieza le gusta: agarra un trapo y pasa por todos lados.

Y cada tanto se le da por masticar las crayolas. Cuando uno pensaba que ya habíamos superado eso! Agarra la crayola, te mira y le da un mordisco. Después cuando la retamos dice “asco, asco”. A veces se le da por tirar todo. Ama pisar el agua y volcar de su vaso. Suele pisar los libros. Se manda por la escalera sola. Te mete la pata en la cara. Se niega a cambiarse el pañal. Esas son las cosas que más nos hacen rezongar.

En esas andamos

* Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de los involucrados

Permiso…

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Hay alguien ahí?  cómo anda la gente?

Hace un tiempo que no escribo acá. Es curioso, porque ando en un muy buen período de ocios. Al cambiar de trabajo y de horario gané un par de horas de vida. Me levanto más tarde, y por ende me permito acostarme más tarde también. Y adivinen qué? La Peque crece! Puedo hacer cosas cuando ella anda en la vuelta, como cocinar (aunque probablemente implique incluirla, ooommhh), y puedo dedicarle un par de horas a mis libros o blogs después que se duerme de noche. Eso era imposible el año pasado. En definitiva, soy consciente de la época privilegiada que estoy viviendo. Pero este blog se ve dejado de lado, lamentablemente, ante la gran cantidad de recetas nuevas que he estado probando, y la necesidad de subir los resultados a mi blog culinario.

Pero no nos quejemos! Estoy aquí ahora, no es cierto? Después de haber visto dos capítulos de Stranger Things con Adorado Esposo, con quien no veíamos juntos ninguna serie desde que se nos terminó Big Bang. El tema audiovisual lo tengo bastante descuidado. No sé si me voy a recuperar alguna vez de estos dos años casi de abstinencia! Se complica ir al cine (o sea, hay que ubicar a la Peque), y mientras ella está despierta no cuadra. Hemos pasado casi 20 meses sin enchufarle ningún dibujito! (aplaudan a estos padres, por favor).

Hace poco me di cuenta que estábamos a la mitad del año y había leído cuatro o cinco libros. Trabajando en una biblioteca me parece poco serio, verdad? Aparte está el tema de que cambié de público y de colección en la biblioteca. Y de la actual no he leído casi nada. Así que me puse en plan de leer un poco de todo, y dedico un rato a la lectura antes de acostarme.

Lo íba a decir hace dos párrafos, cuando empecé a hablar de Stranger Things (leí tantas referencias por ahí, que supuse que había que ver la serie. Usted la vio?), que estoy de vacaciones de primavera. Y por eso se estiran un poco los tiempos también. Va media hora pasada medianoche, y yo generalmente tengo ese límite. No sé cuál es la diferencia, si la Peque se despierta siempre más o menos a la misma hora (8am), sin entender de vacaciones o fines de semana.

Y estaba por decir algo más, pero se despertó la quetejedi y me cortó la poca inspiración que me quedaba. Ahora voy por mis capítulos nocturnos, y otro día vuelvo con más boludeces.

Hasta luego!

Un sábado

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De mañana estuve intentando manualidades y fotos, pero no estaba inspirada. Y pensar en quedar boyando ahí, leyendo los mismos libros y jugando con los mismos juguetes, me embolaba. Así que decidimos ir a la feria de Villa Biarritz.

Ir de paseo a las ferias de ropa de fin de semana siempre fue algo que me gustó. Ir con amigas, charlando, comprarse alguna prenda y comer garrapiñada, ponele. El fin de semana pasado hice eso con una amiga, y llevé a la niña a upa la mitad del paseo porque viajar en ómnibus con el coche no daba (o sea, no me daban las manos), y la gurisa no quería caminar (se entiende, habiendo tanta gente!). Y fue muy cansador! Esta vez fuimos en auto, con el coche en el baúl, y el día se puso hermoso cuando salimos. Ideal para el plan trazado. Sólo que para estacionar en ese barrio, gente, imposible! Terminamos en el shopping, y ya nos metimos a almorzar, porque no nos iba a dar el tiempo de comer antes del compromiso siguiente de Adorado Esposo. El resultado fue que nos quedamos sin feria. Para diluir un poco mi frustración, cuando pasamos a comprarle un libro a mi madre por el cumple, agarré uno para mí también. Hay algo sumamente satisfactorio en elegir dos libros por la tapa y por algún mínimo comentario en la contratapa, y pumba! llevártelos, no? (estoy en un período en que quiero leer todo todo).

Regresamos a casa con una niña gritando. Se durmió casi en seguida y yo quedé sola en casa sin saber mucho qué hacer. Y saben lo que me entusiasmó? Limpiar el baño. No soy original? Lo que en realidad me motivaba era deshacerme de cosas, ordenar, recuperar espacios de esos que van siendo infiltrados por pequeños objetos insignificantes. Un día la dentista te mandó un enjuague bucal que te provocó náuseas, y más de dos años después, el frasquito empezado sigue esperando que lo tiren a la miércoles. Hay que aprovechar ese impulso, porque mi casa es un soberano despelote, y quiero prolijidad. Lo cierto es que el estante del botiquín ahora cuenta con una generosa superficie pronta para volverse a llenar.

La siesta de la peque fue bastante larga, y aproveché a guardar ropa, pegar hojas de Mafalda salidas, y otras varias acciones mínimas pendientes. En otro momento hubiera probado alguna receta nueva (temo que eso es lo que hago en lugar de limpiar), pero sabía que íbamos a merendar tortas sobrantes de una fiesta de ayer.

Terminé despertando a Hija (increíble, pero cierto), para hacer una vuelta larga en coche hacia lo de mis padres. Es genial caerles de visita: ellos aman recibir a la nieta, y la nieta no le da bola a la madre en todo el tiempo que permanecemos.

Al regreso, de nochecita, hubo tiempo para plasticina antes de cenar, leer un cuento, y a dormir.

Un sábado de estos tiempos: con hija, auto, fútbol. Un sábado que dio para escribir en qviaje! Que no es poca cosa.

Tengan ustedes un buen domingo 🙂

La adolescencia

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Hasta el año pasado trabajaba con niños, y no quería saber de nada con estar en un liceo. Le tenía rechazo a los adolescentes (seguramente por temas no resueltos de mi propia adolescencia! ja, la odié).

Era una de las desventajas de mi nuevo trabajo. Y, sin embargo, me doy cuenta que no es tan malo. Los adolescentes son divertidos, sobre todo porque dicen mucho bolazo. Es imperdible escuchar sus conversaciones cuando piensan que no escucho (a veces soy como un poste), pero también cuando se cuelgan a hablarme.

Hay un grupete de tercero que agarró la costumbre de pasar los recreos en la biblioteca. Me temo que es porque está calentito, así que cuando haga calor me abandonan, jaja. Están todas con los cumpleaños de 15. Una se enojó porque había preguntado si su fecha estaba libre y todos dijeron que sí, pero ahora que ya reservó el salón, le cayeron amenazas (!). Otra ya tiene el lugar, pero es secreto. Mañana hacen los exteriores de una tercera. Y así. Me llama la atención que les haga tanta ilusión “el 15”. Es que a mí no me interesaba mucho (el ser el centro de atención), e hice algo chico en casa. Pero, no es algo anticuado? boludo? No sé. En todo caso, un par de ellas dijo que me iba a invitar. A la mierda. No estoy preparada para amenazas así!

También es muy interesante ser amiga de adolescentes. En Facebook, digo. Hay que ver cómo está institucionalizado el tema selfie + frase pedorra! Claro, cuando yo era adolescente no había facebook (salado!): cómo nos expresábamos? Ahora tienen páginas dedicadas a ellos, de las que pueden republicar frases. O pueden poner fotos de perros perdidos. Pero creo que lo que más les gusta es poner fotos de amigos y desearles todo lo mejor, hablar de todo lo que pasaron juntos y decirles te quierooooo! No sé, eso lo vi bastante en Instagram (los que no tienen perfil privado).

Y no sólo cambié de público. También de tipo de colección! Ya no veo hermosos libros álbum ni novelas para niños en inglés, sino que estoy expuesta a todo el Young Adult del mercado, y a una cosa fascinante de la que apenas conocía su existencia: el fanfiction. Parece que hay varios estudiantes que usan una plataforma para escribir historias sobre personajes existentes! (así surgió 50 sombras de Grey…).

En resumen, que he abierto la puerta a un mundo fascinante (al que por suerte no pertenezco).