Hoy fuimos a ver Rogue One

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Una vez por año, con aquél vamos al cine.

Ese podría ser nuestro lema actual: antes íbamos tan seguido! No sabíamos qué privilegio.

Pero es mentira, porque este año ya vimos al menos dos.

Y son las clásicas, las que no se dudan, y de las que vamos a tener para rato: las franquicias Harry Potter y Star Wars.

Podríamos decir que HP es más mío porque yo leí los libros (aunque con Animales Fantásticos estábamos en igual posición), y SW más suyo porque el vio todas las películas hace tiempo, algunas en su estreno, y conoce el universo. Creo que fue el año pasado que miramos toda la saga juntos, y luego fuimos a ver el episodio VII.

Hoy nos tocó Rogue One.

Él salió de trabajar, levantamos a Peque dormida (porque cada vez empiezan más tarde sus siestas, qué guacha) y la llevamos a lo de la tía. Luego nos fuimos al Punta Carretas y dimos miles de vueltas por el estacionamiento buscando dónde cuernos estaban las 186 plazas libres que decía el cartel afuera. Subimos dos escaleras mecánicas y llegamos al GrupoCine donde nos dijeron que la que tenían ellos, empezando en ese instante, era en español. Por suerte nos indicó que el mostrador de al lado (Life) la ofrecía en inglés. Pero también estaba empezando. Nunca fueron tan puntuales con una película, che. Me perdí las sinopsis (snif snif), llegamos justito. (Y había tres gatos locos en la sala)

Pasaban los minutos en la película, y yo me preguntaba si en algún momento iba a entender algo. Intentaba recordar qué pasaba en las otras siete, pero no me venía mucho a la cabeza, y tenía que captar toda la parte en que explican cuál es la misión y quiénes están involucrados. Pero después todo fue encastrando casi perfectamente en mi precaria red de conocimientos galácticos. De hecho, fue de lo que más me gustó, que fuera una pieza de engranaje asociada al episodo IV. Y quizás te espoilee un poco, pero para el final insertaría el emoji del corazón partío.

Por cierto, me resultó novedoso que Carrie Fisher fuera tan apreciada. Típico, descubrí recién ahora que escribió varios libros con muy buenas críticas, y tengo ganas de comprarme uno de ellos.

 

Algo que culmina (adiós 2016)

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Hola!

Es gracioso como a uno lo agarra medio de sorpresa la bajada del año, pero una vez que estás en ella, fiú, llegás al 31 como bólido.

Cuando quise acordar, se habían terminado las clases (en liceo es antes), y ahora hace menos de una semana que terminé de trabajar y ni me acuerdo de cómo era eso. Ni que hablar de los días en que tardaba más de una hora en volver a casa del trabajo, pasando por todos los lugares de locura comercial navideña, y sufriendo el calor en el ómnibus.

Si de recapitulaciones se trata, este año cambié de trabajo (y lo dije en todas las entradas del blog, másomenos). Todavía me cuesta pensar que ya no trabajo más en el otro, que la biblioteca funciona sin mí, que hacen actividades y no me cuentan (horror!), pero eso es sólo cuando tengo contacto con mis ex compañeros. En el trabajo nuevo tengo mis días, pero he sabido disfrutarlo (sobre todo a los teens). Pero las grandes ventajas son las asociadas a la cercanía y el corto horario de trabajo, que me permitieron interactuar con Peque de mañana y de tarde, volver de trabajar caminando (a veces), tener tiempo para cocinar y hacer feria.

Las condiciones se dieron para que volviera a hacer cursos de educación permanente (1) y asistir a charlas o talleres relacionados con la literatura/lectura. No es fantástico?

Hice muchas visitas a padres (abuelos), y paseos en coche, e idas a la plaza (cómo me cuestan las plazas).

Cuando descubrí a mitad de año que había leído sólo cinco libros, decidí priorizar esta actividad y dedicarle tiempo durante la noche. Terminé leyendo más de 25 (clap, clap).

Cociné mucho y probé recetas nuevas, raras, con poroto, papa y espinaca… en preparaciones dulces! Durante todo un año había solo recreado recetas ya conocidas, o esa es la sensación que tengo, pero este año tuve un boom gastronómico, digamos. Manteca de maní, turrón, bizcochos…

Este año adquirimos auto (que yo no sé manejar), lo que nos facilitó las visitas a la suegra y su madre en el interior, y todo el vuelterío chico. Una independencia que no recordás no haber tenido nunca.

En el 2016 nacieron Cata, Cami y Feli, entre otros bebés conocidos. Y mi bebé, la Peque, se convirtió en niña. Todo lo que puede cambiar una persona en tan poco tiempo! Aprendió a caminar y a hablar, dejó el chupete, y demuestra cada día que es una esponja, un lorito, pero también una gurisa creativa, inventiva y tierna a la que le gusta jugar, comer, ver fotos, que le lean y le hagan mimos. Me babeo tanto como me enervo con esta chiquilina. Como también dejó la teta y se hizo un poco más independiente, pude ir a más lados sin ella, jaja.

Lo que no hice mucho fue actualizar el blog (creían que no iba a hacer mención? a quién le estoy hablando? je). Extraño un poco las épocas en que volcaba un poco de ingenio y me mandaba entradas periódicamente. Pero lo cierto es que muchas veces me da pereza abrir la computadora después que se durmió Peque (si está despierta, toca), ni que hablar cuando la bicha me anda para el c… .

A ver qué sucede en el 2017, con niña en el jardín. Por lo pronto, en unos días, después de pasar fin de año con suegra, nos tomamos un avión los tres al crudo invierno italiano. Volare, oooh.

Un muy feliz 2017 a todos los que llegaron hasta acá abajo y a todo el resto que se lo merece también.

Salida didáctica

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Hacía años que quería ir a la Feria del libro de manera institucional. O sea, ir con un grupo del colegio. Nunca se dio en los 8 años que estuve en el colegio anterior, pero en este me dieron el visto bueno en seguida.

Dos grupos de treinta y pico gurises de 14-15 años a ver la presentación de un libro de un autor nacional. Un ómnibus grande y una bañadera pequeña. Un adscripto, un pop, una profe de química y los más importantes: la profe de idioma español y el profe de literatura. Ambos ausentes al momento de partir. Él era el que se había mostrado más entusiasta: dijo que aprovechaba la ocasión para mostrarles libros a los chiquilines. Pero nunca apareció (desconozco sus motivos). La otra sí, se presentó una vez allá (había confundido los horarios). Arrancamos atrasadísimos con 20 minutos para llegar al arranque de la charla.

Bajamos en la intendencia y lideré la comitiva para llegar rápido al salón azul. Al llegar éramos seis (y no había empezado) . Volví sobre mis pasos, encontrándome a todo el resto del enorme grupo en un entrepiso trancando el paso de otros colegios. Los arrée y nos ubicamos allá arriba, donde nos dijeron los organizadores. El escritor se veía como un muñequito de torta, solo atrás de una mesa monumental. Empezó recordando que cuando a él le tocaba asistir a este tipo de charlas de chico le parecían aburridas. Y que, bueno, había que bancársela. Jaja. De todas formas los estudiantes no estaban aburridos porque estaban paveando, sacándose selfies o mirando el celular, riéndose en momentos carentes de gracia y aplaudiendo las preguntas simples de los otros estudiantes. Algunos de los “nuestros” levantaban la mano constantemente, lo que provocaba el temor de los adultos responsables. El adscripto incluso me amenazó con matarme al regreso del colegio (jojo). Pero las preguntas que llegaron a hacer estuvieron medianamente bien, y la actitud burlona era generalizada, algo a lo que el escritor debe estar tristemente acostumbrado (esto me trae otro tema que quizás toque en otra punzante entrada de blog – stay tuned!).

Y no duró para siempre. En cierto momento todos aplaudimos de verdad y bajamos las escaleras intentando que nadie se perdiera o quedara rezagado. Luego vino la visita a la feria. Los chiquilines recorrieron cual procesión sin mirar ningún libro, y luego se pararon a bobear sobre las fotos satelitales de Montevideo y a preguntar si se podía ir a McDonald’s. Estoy generalizando: sé que uno compró un libro, y otras miraron y dijeron que no había nada bueno, y otro se llevó un folleto de la feria.

Entonces salimos a esperar a los ómnibus que estaban en camino, y algunos de los adultos se quedaron atrás buscando rezagados. Los chiquilines se sacaron fotos con un hombre que estaba tomando mate en el banco de una plaza, y en eso, qué vemos? El gran autor que veíamos de lejos y escuchábamos por parlantes salía de la feria solo, con su bolsito, rumbo a un funeral. Así que salió foto con él también.

Volví charlando con una de las usuarias habituales de biblioteca, una de las que hizo preguntas y sé que lee.

Y así terminó la gran salida didáctica.

Ahora a reflexionar si se repite el año que viene.

 

Casi 20

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Casi 20 meses de la niña.

Está grande y muy comestible. Da besos y abrazos, y me dice “mamiiita” con tono aprendido.

Lo que más llama la atención es la adquisición constante de vocabulario.

Un día le decíamos que papá tiene barba y mamá no.

Padres: – Papá tiene barba?

Peque: – Siii. Mamá? No

Pero luego empezó a quitar la pausa y armar la frase “Mamá no”, lo que me pareció realmente significativo.

Pasar del “agua” a “más agua”. Responder “ben” cuando le preguntás cómo está. “Nono” cuando le preguntás qué estaba haciendo. “La tía calentó otra comida”, y con esa me dejó de cara.

Todavía no son muy frecuentes las frases tan largas, pero sí menciona todo, palabras sueltas, y verbos, y recuerdos de otros días. Nos gusta preguntarle, por ejemplo, los nombres de los miembros de mi familia que viven en Italia. Y los nombra a todos, aunque no los conoce. Es fantástico.

Con los colores empezamos hace un tiempo, pero todavía mezcla bastante. Una vez saqué una toalla nueva para el baño, color verde manzana, y ella toda entusiasmada: “Amarillo!”. Mientras yo pensaba que no valía la pena corregirla, porque la toalla no era tan verde tampoco, ella repitió la palabra amarillo unas diez veces. Se ve que le gustaba la palabra (y a mí cómo la pronunciaba!). Otra vez, le estaba poniendo su pijama rosado y ella me dijo “otro”. Querés el pijama azul? le digo, y ella: “amarillo!”. Peque, tenés dos pijamas, uno rosado y otro azul, cuál querés? “Amarillo!”.

Sus frases favoritas: “Peque* también” “Peque no” “No quero” “Niti nata” (ni idea qué es eso).

Cocina conmigo, la dejo mezclar. Hay miedo de por medio – a que tire todo, a que enchastre sus manos y después todo el resto, a que agregue objetos extraños a la comida – pero hasta ahora funciona bastante bien. Ayer agarraba un libro y lo “leía” como si fuera una receta, nombrando los ingredientes. Cocina con plasticina, y “come” la comida dibujada en libros y folletos. Le gusta que le dibujemos tortas (entre otras cosas), y pintarlas todas por arriba. Introdujimos un juego de herramientas de madera para ampliar el espectro, y anda por ahí arreglando cosas. También hace upa a sus muñecos, les da de comer y les limpia la cola. La limpieza le gusta: agarra un trapo y pasa por todos lados.

Y cada tanto se le da por masticar las crayolas. Cuando uno pensaba que ya habíamos superado eso! Agarra la crayola, te mira y le da un mordisco. Después cuando la retamos dice “asco, asco”. A veces se le da por tirar todo. Ama pisar el agua y volcar de su vaso. Suele pisar los libros. Se manda por la escalera sola. Te mete la pata en la cara. Se niega a cambiarse el pañal. Esas son las cosas que más nos hacen rezongar.

En esas andamos

* Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de los involucrados

Permiso…

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Hay alguien ahí?  cómo anda la gente?

Hace un tiempo que no escribo acá. Es curioso, porque ando en un muy buen período de ocios. Al cambiar de trabajo y de horario gané un par de horas de vida. Me levanto más tarde, y por ende me permito acostarme más tarde también. Y adivinen qué? La Peque crece! Puedo hacer cosas cuando ella anda en la vuelta, como cocinar (aunque probablemente implique incluirla, ooommhh), y puedo dedicarle un par de horas a mis libros o blogs después que se duerme de noche. Eso era imposible el año pasado. En definitiva, soy consciente de la época privilegiada que estoy viviendo. Pero este blog se ve dejado de lado, lamentablemente, ante la gran cantidad de recetas nuevas que he estado probando, y la necesidad de subir los resultados a mi blog culinario.

Pero no nos quejemos! Estoy aquí ahora, no es cierto? Después de haber visto dos capítulos de Stranger Things con Adorado Esposo, con quien no veíamos juntos ninguna serie desde que se nos terminó Big Bang. El tema audiovisual lo tengo bastante descuidado. No sé si me voy a recuperar alguna vez de estos dos años casi de abstinencia! Se complica ir al cine (o sea, hay que ubicar a la Peque), y mientras ella está despierta no cuadra. Hemos pasado casi 20 meses sin enchufarle ningún dibujito! (aplaudan a estos padres, por favor).

Hace poco me di cuenta que estábamos a la mitad del año y había leído cuatro o cinco libros. Trabajando en una biblioteca me parece poco serio, verdad? Aparte está el tema de que cambié de público y de colección en la biblioteca. Y de la actual no he leído casi nada. Así que me puse en plan de leer un poco de todo, y dedico un rato a la lectura antes de acostarme.

Lo íba a decir hace dos párrafos, cuando empecé a hablar de Stranger Things (leí tantas referencias por ahí, que supuse que había que ver la serie. Usted la vio?), que estoy de vacaciones de primavera. Y por eso se estiran un poco los tiempos también. Va media hora pasada medianoche, y yo generalmente tengo ese límite. No sé cuál es la diferencia, si la Peque se despierta siempre más o menos a la misma hora (8am), sin entender de vacaciones o fines de semana.

Y estaba por decir algo más, pero se despertó la quetejedi y me cortó la poca inspiración que me quedaba. Ahora voy por mis capítulos nocturnos, y otro día vuelvo con más boludeces.

Hasta luego!

Un sábado

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De mañana estuve intentando manualidades y fotos, pero no estaba inspirada. Y pensar en quedar boyando ahí, leyendo los mismos libros y jugando con los mismos juguetes, me embolaba. Así que decidimos ir a la feria de Villa Biarritz.

Ir de paseo a las ferias de ropa de fin de semana siempre fue algo que me gustó. Ir con amigas, charlando, comprarse alguna prenda y comer garrapiñada, ponele. El fin de semana pasado hice eso con una amiga, y llevé a la niña a upa la mitad del paseo porque viajar en ómnibus con el coche no daba (o sea, no me daban las manos), y la gurisa no quería caminar (se entiende, habiendo tanta gente!). Y fue muy cansador! Esta vez fuimos en auto, con el coche en el baúl, y el día se puso hermoso cuando salimos. Ideal para el plan trazado. Sólo que para estacionar en ese barrio, gente, imposible! Terminamos en el shopping, y ya nos metimos a almorzar, porque no nos iba a dar el tiempo de comer antes del compromiso siguiente de Adorado Esposo. El resultado fue que nos quedamos sin feria. Para diluir un poco mi frustración, cuando pasamos a comprarle un libro a mi madre por el cumple, agarré uno para mí también. Hay algo sumamente satisfactorio en elegir dos libros por la tapa y por algún mínimo comentario en la contratapa, y pumba! llevártelos, no? (estoy en un período en que quiero leer todo todo).

Regresamos a casa con una niña gritando. Se durmió casi en seguida y yo quedé sola en casa sin saber mucho qué hacer. Y saben lo que me entusiasmó? Limpiar el baño. No soy original? Lo que en realidad me motivaba era deshacerme de cosas, ordenar, recuperar espacios de esos que van siendo infiltrados por pequeños objetos insignificantes. Un día la dentista te mandó un enjuague bucal que te provocó náuseas, y más de dos años después, el frasquito empezado sigue esperando que lo tiren a la miércoles. Hay que aprovechar ese impulso, porque mi casa es un soberano despelote, y quiero prolijidad. Lo cierto es que el estante del botiquín ahora cuenta con una generosa superficie pronta para volverse a llenar.

La siesta de la peque fue bastante larga, y aproveché a guardar ropa, pegar hojas de Mafalda salidas, y otras varias acciones mínimas pendientes. En otro momento hubiera probado alguna receta nueva (temo que eso es lo que hago en lugar de limpiar), pero sabía que íbamos a merendar tortas sobrantes de una fiesta de ayer.

Terminé despertando a Hija (increíble, pero cierto), para hacer una vuelta larga en coche hacia lo de mis padres. Es genial caerles de visita: ellos aman recibir a la nieta, y la nieta no le da bola a la madre en todo el tiempo que permanecemos.

Al regreso, de nochecita, hubo tiempo para plasticina antes de cenar, leer un cuento, y a dormir.

Un sábado de estos tiempos: con hija, auto, fútbol. Un sábado que dio para escribir en qviaje! Que no es poca cosa.

Tengan ustedes un buen domingo 🙂

La adolescencia

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Hasta el año pasado trabajaba con niños, y no quería saber de nada con estar en un liceo. Le tenía rechazo a los adolescentes (seguramente por temas no resueltos de mi propia adolescencia! ja, la odié).

Era una de las desventajas de mi nuevo trabajo. Y, sin embargo, me doy cuenta que no es tan malo. Los adolescentes son divertidos, sobre todo porque dicen mucho bolazo. Es imperdible escuchar sus conversaciones cuando piensan que no escucho (a veces soy como un poste), pero también cuando se cuelgan a hablarme.

Hay un grupete de tercero que agarró la costumbre de pasar los recreos en la biblioteca. Me temo que es porque está calentito, así que cuando haga calor me abandonan, jaja. Están todas con los cumpleaños de 15. Una se enojó porque había preguntado si su fecha estaba libre y todos dijeron que sí, pero ahora que ya reservó el salón, le cayeron amenazas (!). Otra ya tiene el lugar, pero es secreto. Mañana hacen los exteriores de una tercera. Y así. Me llama la atención que les haga tanta ilusión “el 15”. Es que a mí no me interesaba mucho (el ser el centro de atención), e hice algo chico en casa. Pero, no es algo anticuado? boludo? No sé. En todo caso, un par de ellas dijo que me iba a invitar. A la mierda. No estoy preparada para amenazas así!

También es muy interesante ser amiga de adolescentes. En Facebook, digo. Hay que ver cómo está institucionalizado el tema selfie + frase pedorra! Claro, cuando yo era adolescente no había facebook (salado!): cómo nos expresábamos? Ahora tienen páginas dedicadas a ellos, de las que pueden republicar frases. O pueden poner fotos de perros perdidos. Pero creo que lo que más les gusta es poner fotos de amigos y desearles todo lo mejor, hablar de todo lo que pasaron juntos y decirles te quierooooo! No sé, eso lo vi bastante en Instagram (los que no tienen perfil privado).

Y no sólo cambié de público. También de tipo de colección! Ya no veo hermosos libros álbum ni novelas para niños en inglés, sino que estoy expuesta a todo el Young Adult del mercado, y a una cosa fascinante de la que apenas conocía su existencia: el fanfiction. Parece que hay varios estudiantes que usan una plataforma para escribir historias sobre personajes existentes! (así surgió 50 sombras de Grey…).

En resumen, que he abierto la puerta a un mundo fascinante (al que por suerte no pertenezco).

 

Un día en la vida

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8:30 suena el despertador. A mi lado en la cama finalmente duerme plácida mi hija. Pero como estuvimos una hora o más dando vueltas de madrugada (haciéndola dormir, y luego, ante la imposibilidad, sentadas en la cocina comiendo algo y lavando la loza), decido correr el despertador hasta 9:20. Ventajas de mi horario laboral.
A la larga me levanto, dejando a Hija y Esposo en la cama. Mientras desayuno se despierta ella, llamando “mamá”. Al ratito me despido y me voy a trabajar.
Son poco más de cuatro horas de libertad (o lo más cercano a ella). Me siento a la computadora sin que nadie se me trepe, y escucho a adolescentes sin más interrupciones que los timbres.
A la salida, recibo mensaje de mis padres: les queda de pasada levantarme. Ya de paso van a recoger a la niñera (mi tía),  y ver si pueden interactuar con la nieta.
Ella duerme. Pero ansían tanto que se despierte, que no tarda en hacerlo. Esa fue mi última oportunidad de hacer cosas sin ella dándome vueltas. Cuando se van los abuelos y tía, me siento a comer con ella a upa: está todavía con modorra, así que es menos independiente que de costumbre. Por supuesto, me pide comida. Y le doy. Una vez cubierta esa necesidad mía, vamos a su cuarto para dedicarle toda mi atención. Esa es mi intención ese día, en vez de intentar ver instagram mientras ella se distrae. Trato de hacer cosas diferentes, dado que ya pasamos casi todo el finde semana adentro. Saco los drypens, ella los destapa y dibuja. Le pinto la mano para intentar obtener su huella, pero no funciona: queda una mancha amorfa. Ahora es ella la que me pinta a mí. También quedan manchas en su cara y ropa (y eso que le puse una remera mía para cubrir un poco!). Al rato la siento a merendar; ya que está sucia, dejo que coma por su cuenta el yogur, y mientras tanto voy preparando el baño. Los potes más cercanos van a parar al bañito, junto al pato termómetro. Pero le tengo que sacar los baldecitos porque se pone a tomar agua de ellos. Secado, vestimenta, secador de pelo, y vuelta a bollar con muñecos, autitos y libros mientras yo vacío el bañito. En cierto momento la llevo a mi cuarto y la dejo que vacíe todo mi cajón. Da gracia verla tirar para atrás los papeles, descartando lo que no le interesa. Un par de veces subimos a visitar al padre que trabaja desde casa, abandonando rápidamente porque quiere tocar todo, y ahí no se puede. Rescato un colchón para jugar en el piso. Bailamos el vals. La llevamos a upa al súper de la esquina. Y finalmente le damos la cena. Ahí empieza la mini rutina preparatoria para dormir: cena, dientes, pañal, pijama, cuento y a dormir. Y funciona. Porque estaba muerta. Así que termino de preparar la cena y hago una torta. No da para más porque, no habiendo pasado ni una hora, Hija se despierta. Es el comienzo de la pesadilla. La de esta noche consiste en dormirse en brazos de la madre, pero llorar en la cuna, volver al comedor mientras padres cenan y llorar todo el tiempo, terminar en la cama grande y no quedarse nunca quieta, arrancándome los pelos ya de paso, dormirse en brazos para terminar una vez más en nuestra cama. 
O sea que el estar muy cansada tampoco sirve para que duerma el tirón larguito que solía hacer. O sea que acostarse con sus padres no garantiza una noche de corrido, o sea que esto está cada vez peor, o sea que no tengo tiempo para leerme el capítulo de un libro. Es desesperante pensar que no tenés minutos en el día para vos.
Pasará pasará?

A los 16

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A los 16 meses, Hija aún no camina sola. De la mano, sí. Agarrada de barandas, sí. Se para todo el tiempo, también. Pero no se ha animado a largarse. Sigue recurriendo a desplazarse con la cola, para desgracia de sus pantalones.

Anda en buggy, dobla y se baja sola (pasando por arriba de todo). Le da la mema a las muñecas, y pasea su camión. Traslada ítems de un recipiente a otro. Intenta ponerse ropa. Le gusta sacar todos los libros de su biblioteca, y de la mía también (esas cajas que se ven en la foto). Y los álbumes de fotos del living. Y todo lo que está en la mesa ratona del comedor. Y el contenido completo de la alacena. Y mi ropa interior de los cajones. Nuestra casa siempre parece un campo de batalla.

En cuanto a los libros, los reconoce por sus personajes o lo que dicen. Pasa las hojas y te los da. Cuando yo me pongo a mirar o leer uno, se sube a upa. No siempre me deja leerlos en su orden natural. E interrumpe para señalar lo que reconoce: “abu”, “gato”, “pitita” (pelota). Y así (la parte libros es la que más me enorgullece).

También le gusta cantar. De repente empieza “la la la”, y mueve la cabeza. Mi hermano y mi cuñada le enseñaron la música del pericón, y es la que más repite. Cada tanto toca el xilofón.

Su vocabulario se expande a diario, y no deja de sorprenderme. Le encanta repetir lo que decimos, y pedir lo que quiere (“titita” es galletita, pero ahora aprendió a decir torta). También nos empezó a decir cada vez que hace caca (aunque no es muy confiable todavía).

Tiene pocas instancias de socialización con sus pares, pero hace un tiempo que demuestra interés en otros niños. La última vez que la llevamos a consulta, hace un mes, terminó a upa de otra nena en la sala de espera. Con su prima, que es más grande y vive lejos, tiene un poco de distancia y desconfianza. La otra vez descubrimos algo nuevo en Hija, y fue que reaccionó -mal- ante un quite de juguete de la otra: intentó conservarlo con un manotazo, y pegó terrible grito berrinchudo. Esa! Hasta ahora había asistido pasivamente al poder de la mayor.

De nochecita, con el sueño, se pone un poco insoportable. No quiere que la dejes por nada, y si la ponés en la silla para cocinarle, se impacienta y arranca: “am! am! AAAAMM!”. Guacha ‘e miércoles.  Tira todo desde ahí arriba, no hay caso.

Luego vienen las noches, interrumpidas cada pocas horas. Hay veces que no hay forma de que se vuelva a dormir en su cama. En brazos sí, pero cuando la acuesto llora. Y cuando se despierta no quiere saber de nada con el padre. Yo me siento en el sillón con ella y paso rato boludeando en Instagram, Facebook y demás, esperando que se duerma profundo. Ahora, cuando ya me acosté, entré en el sueño profundo, y tengo que salir a la casa helada para pasarme igual una hora intentando que vuelva a dormir… ahí es cuando tiro la toalla y me la llevo pa’ la cama grande, con el consentimiento cansino del padre. Ahí sí que duerme toda la noche… casi siempre.

Qué personaje. Nada se compara con vivir con una niña.

Lecturas intermitentes

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En mi mesa de luz hay dos libros (y dos agendas, y un plano, perfumes… A quién le importa?).
Sus títulos:

Las intermitencias de la muerte y
La muerte de Iván Ilich

Cualquiera pensaría que estoy estudiando el tema, pero no, es mera casualidad. La nueva biblioteca en que trabajo me pone en contacto con otros libros, más adultos, más en español 🙂
Sólo leí el de Saramago, y bastante tiempo me llevó. Cuando el único momento en que te es posible leer es antes de dormir, y habitualmente estás cansado, y además el autor suele enlazar una idea con otra, y apenas usa puntos… Entonces se hace difícil avanzar en la lectura. Tampoco ayuda que a mitad de la novela el rumbo de las cosas cambiara totalmente, y dejara de tener sentido (opinión personal, se sabe).
Les cuento? Arranca: “Al día siguiente no murió nadie”, y habla de un país en que deja de morir la gente (pero no de envejecer ni accidentarse), y todas las consecuencias que eso trae. Imagínense!
Pero (SPOILER ALERT) a mitad del libro, la muerte aparece como un ser personificable (y mujer), que manda carta contando que esto fue un experimento y que a partir de ahora la gente volverá a morir. Sólo que se les avisará con una anticipación de una semana, mediante una carta violeta. Cambia un poco el relato ahí. Y más cuando una cierta carta rebota. Acá lo que me molesta es que la carta pasa de ser un mero anuncio a ser sinónimo de la muerte. Si no recibe la carta entonces no muere, y desafía al orden de las cosas. La muerte termina obsesionándose con esta persona que no muere, y se viste de mujer para ver qué onda. Me gustó esta parte, pero es casi imposible relacionar este final con el inicio del libro.
(FIN DEL SPOILER)
Se distinguen tres partes distintas en la novela, pero todas unidas por la forma de escribir de este señor, haciendo hipótesis sobre los cuestionamientos del lector, introduciendo ejemplos, metáforas, aclaraciones y enlazando una cosa con otra. A destacar los diálogos sin guiones, separadas las interlocuciones sólo con comas, y dónde todos los personajes tienen la misma forma de hablar. Esto se da también en otros libros del autor con los que he tenido el gusto de cruzarme. Sus ideas son muy interesantes, y supongo que lo hubiera disfrutado más con otra lucidez.

Y así termina esta entrada que salió de la nada. Me voy a dormir.