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ABC de frases oídas en los ómnibus montevideanos

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Ya hace tiempo de la suba del boleto, que generó tanta crítica y este artículo de 180 (26 cosas que odiamos de los ómnibus de Montevideo). Hemos hablado bastante de ómnibus por acá, pero ahora (y esto es de hace unos días) se me ocurrió recopilar las frases que, tarde o temprano, se escuchan en este medio de transporte.

El ejercicio del lector será adivinar quién es que las dice.

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El regreso

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Volví.

A salir todavía de noche y ver el amanecer en ómnibus fríos. A leer en movimiento, y varios no capítulos sin interrupción.

A viajar parada esperando que se desocupe el asiento más cercano (en lo posible no encima de una rueda, y si es con luz, mejor).

Y, desde esta semana, a esperar en la esquina de antaño a mi chofer.

Volví a dormirme en el ómnibus, y despertarme aleatoriamente (con una conversación altamente técnica de estudiantes de medicina entusiastas, por ejemplo). A escuchar conversaciones y vivir la fauna del ómnibus. Como el que llegaba medio tarde a propósito porque hace veinte años que trabaja para el mismo tipo, o las escolares que se preguntan: “y qué pasa si nos pasamos de parada?”.

Volví a escuchar críticamente a los vendedores de los ómnibus. Me gustó el que subió uno vendiendo almanaques (“Almanaques en abril… Es lo que encontré para ayudar a mi familia. Yo no sé leer, pero me dijeron que tienen lindos mensajes”).

Todo esto para volver a prestar libros, recordando nombres de alumnos para tipearlos en el sistema. Abrir cajas de libros nuevos o donados (que me estaban esperando), y ser la primera en analizarlos. Retomar el inglés diario. Y otro sinfín de cosas comprendidas en la palabra “trabajar”.

Luego vuelvo a casa, donde me espera una bebé con sonrisas, y miradas lánguidas, así como quejidos y demandas. Y un cansancio que repta por mi cuerpo y hace que me pregunte: por qué son recién las seis de la tarde?

Al volver al ruedo me di cuenta de algo que ya intuía: me gusta trabajar. Me gusta procesar los libros, interactuar con niños, y estar al tanto de lo que pasa en la biblioteca. Y no me gusta ir solo medio horario e interrumpir a la mitad para ordeñarme. Cuando me voy de mañana, dejo a mi hija, tiernita ella, cosita linda, dormida (o casi). Me da una ternura! Pero al salir de mi casa mi mente se va a otro lado. Por eso me siento mala madre cuando mis compañeros de trabajo al cruzarme por los pasillos se compadecen de mí por estar lejos de mi descendiente.

Claro que odiaría perderme grandes hitos de su evolución (darse vuelta, por ejemplo) porque se le diera por llevarlos a cabo en la mañana (que por cierto suele ser su mejor momento, mientras que de tardecita puede que sea poseída por pequeños demonios… o será todo una cuestión de cansancio propio?)

Qué le voy a hacer.

Quedan los fines de semana para recomponer el orden y recrear la licencia maternal.

(Hace una semana o más que estoy intentando escribir y publicar esto).

Falta la almohada

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No les llama la atención la gente que va durmiendo en el ómnibus, y de repente se despierta y se baja? Y se baja en la parada que le toca, eh?

Es asombroso.

Bueno, yo soy una de esas personas.

Jamás pensé que iba a integrar ese selecto grupo, pero así es.

Siempre adelante

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En la búsqueda de la idiotización completa, el transporte público montevideano ha dado un gran paso adelante, incorporando pantallas en sus coches.

Así que, en lugar de tener que conformarse con mirar la realidad por la ventanilla, o buscar entretenimiento en música, lectura, o aparatos electrónicos propios, los montevideanos podemos fijar los ojos en una caja boba más.

Nos enteraremos, por ejemplo, que si comemos con romero aumentaremos 75% nuestra memoria. Estaremos al corriente de publicidades que ya son viejas en la tele. Recibiremos consejos de cómo esperar el ómnibus (en la vereda) y cómo comportarse una vez en él (respetando el asiento maternal). Y captaremos repetidas veces que la empresa que proporciona tal entretenimiento se llama +bus.

‘Ta que los parió.

(también vi pantallita en un taxi: peor porque está más cerca, y viene con sonido que sale de atrás de tu cabeza. Un horror)

Y eso que era mujer

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Ayer estuvimos hablando con Ele sobre cómo sentarse calladita en el maternal implica todo un sufrimiento, viendo cómo sube tanta gente que precisa sentarse: discapacitados físicos y mentales, gente mayor, muchachas con niños por dentro y por fuera… Hasta que le piden el asiento a una y tiene que decir que también lo merece, aunque todavía no se note.

Hoy llega Ele y me dice: “me acordé tanto de vos”. Se sentó en el maternal, junto con otra embarazada, y luego subieron dos viejos con bastones. Ella olímpica y de auriculares. Ya ubicada la gente, la guarda le dice (no de muy buen modo): “perdoná, vos estás embarazada?” Supongo que la respuesta que esperaba era que no, pero no la obtuvo. “Ah, porque solo uno de los asientos es maternal, vos tendrías que haberte parado e ido más atrás.”

Chan!

Un asiento, por favor!

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Hasta ahora he evitado los asientos maternales/para lisiados en el ómnibus, incluso si son los únicos vacíos. Porque, por supuesto, viajás con el estrés de ver si entre los que suben hay alguien con bastón, o una mujer con panza y/o niños, o alguien (notablemente) más viejo que vos.

Prefiero sentarme al fondo y hacer caso omiso a las insistencias del guarda o chofer cuando precisan que se libere un asiento. Después de todo, el fondo es para que no te jodan.  O ir parada y ceder incluso los lugares que van apareciendo (mucho más fácil dar un asiento en el que no estabas sentado).

Y ahora que estoy embarazada? Apenas asoma la panza, y nadie que me vea con campera puede sospechar de mi condición.

Así que, si el ómnibus va lleno, me la banco piola. Eso sí, no miro quién está a mi lado cuando se libera el asiento más cercano. A vos mismo.

Si va vacío? Al tomármelo en la largada, puedo elegir dónde sentarme, y siempre me voy lo más cercano a la puerta trasera. Es que los asientos maternales serán prácticos por estar enseguida de la puerta delantera, pero deben ser los peores lugares del universo! La mayoría son “asientos de los bobos”, van mirando para el pasillo (a los bobos de enfrente), así que corrés el riesgo de que te pisen los pies, y con cada frenada te vas para el costado. Y por ahí pasa todo el mundo! No tardan mucho tiempo en pasarte brazos estirados por arriba para pagar al guarda. Además, vas escuchando lo que sea que el conductor tenga en la radio.

Hoy me pasó que el único asiento libre fuera el de las madres “bobas”. Me senté y rogué. Unas pocas paradas más tarde subieron dos muchachas con niños en brazos y una embarazadísima. Al lado mío, una vieja, en frente, un gordo gordo. Y otra señora. Ninguno se iba a mover. Así que me paré yo.

Y usted dirá: “pero es tu derecho!” (también sería derecho de todos viajar respirando, pero no siempre se puede). Pero si para ejercerlo tengo que tirar al aire “estoy embarazada” o quedarme estoica y soportar las miradas y mi persecución mental, bueno, entonces aún no estoy preparada para eso.

Palabras más, palabras menos

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– A vos no te caen bien las guachas de mi clase, no?

– …

– Te digo porqué a vos no te gustan las guachas de mi clase? Porque vos sos muy… Cómo es la palabra?

– Madura?

– Eso. Te digo por qué sos madura vos? Porque tenés hermanas grandes que te llenan la cabeza y te dicen cómo son las cosas. Por eso no entrás en ese grupo.

[El diálogo sigue por otros lares]

– (…) Llego y me pega, salgo y me pega…

– Claro, vos tuviste que madurar muy temprano

– Y sí, yo maduré a los cuatro años

– Yo maduré a los cinco, con el accidente de mi padre

– A mí me dijeron que papá noel no existe a los tres años. Es como… pobre de mí!

– Sí! A mí me dijeron hará tres, cuatro años. A los ocho más o menos está bien.

– No, a mí me dijeron a los cuatro, que fue cuando maduré.

Diálogo entre dos niñas escolares, en el ómnibus.

viendo en los ómnibus

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Estaba pensando que qué bueno que es viajar en ómnibus, no?

No?

Sí, yo sé que vas apretado, y a veces agarrándote fuerte para no caerte con los frenazos, y la gente te pasa por arriba, y va lento… Paso mínimo dos horas al día arriba de ómnibus urbanos montevideanos. A veces leo, muchas otras me duermo la tal siesta, y el resto es una gran pérdida de tiempo.

Pero! Cuántas cosas que uno ve, cuántas cosas que uno vive y escucha! La idiosincrasia del pueblo! Situaciones humildemente cómicas o simplemente hilarantes, si uno las quiere observar.

Como la muchacha que iba derechito a sentarse… a upa de otra señora. Los que cabecean con todo. Los gurisitos que iban cantando “manya, manya” y el padre que decía “a estos en unos años los vamos a visitar al Comcar”. El cantante apasionado, y el que, ya van dos veces, canta “una calle me separa” seguida por “No I won’t be afraid, just as long as you stand, stand by me”, agradeciendo repetidas veces el respeto, el silencio y los aplausos.

Es fascinante.

El vendedor letrado

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Vendía cadenas de alpaca, con una técnica de triple trenzado (no sé, explicó todo). Las trae de un artesano argentino. Como él no paga impuestos, las ofrecía por $50 (nunca vas a encontrar algo tan bueno a ese precio). Se pueden usar solas, pero incluía dos opciones: un clásico, cruz lisa, o la llave del éxito, que en Europa está de moda. Representa la capacidad del ser humano de abrir todo tipo de puertas. Las cadenas son hipoalergénicas: para los neófitos, significa que no producen alergia. Una oferta sin parangón.

El tipo tenía un vocabulario! Decí que cuando empecé a anotar las palabras ya era un poco tarde (aparte con mi celular…) Un agradable cambio respecto a “dice y hace presente”.

Que no dejemos de crear

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Que iba a ser breve, que no quería molestar y que total en dos paradas el ómnibus se llenaba.

Los poemas, todos de su autoría y con rima. Están todos en su libro, registrado en la Biblioteca Nacional e impreso en A4.

Nos repartió los papelitos. Con solo leerlos lo estaríamos dejando contento. Los títulos eran del tipo: Mamá, Amistad, A mi viejo…

A mí me tocó La mujer de mi vida.

(Lo podía cambiar pero me lo quedé)

Siempre imaginé
a la chica ideal,
pero ahora la conozco
y realmente es especial.

La veo y me congelo
no me importa más nada,
mi mundo se detiene
tan solo con su mirada.

Su presencia a mi lado
pudo hacerme olvidar
los malditos pensamientos
que me dio la soledad.

Realmente: yo “te amo !!!”
Y si dudas un momento
no hace falta que lo diga
lo podrás ver en el tiempo.

Si de ti me enamoré
aquel día que te vi,
cada vez que tu me besas
soy el hombre más feliz.

Gari
22/05/07

Finalmente, un consejo: no dejen de crear. Dediquémosle cinco minutos por día, y no olvidemos compartir nuestras creaciones.