Archivo de la categoría: Recuerdos

Chau chau!

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El martes fue un día caluroso en la biblioteca. Todo el país sufría temperaturas de más de 30 grados, y nosotras, que hace años rogamos que nos pongan aire acondicionado, sudábamos la gota gorda sentadas culminando las tareas del año. Mientras tanto, abajo, la gente de administración se aburría , pero sin humedad ni calor. Lo sé porque entré a las oficinas para presentar mi renuncia.

Y así termina el año en que volví al medio horario. Yéndome antes de que se hiciera el brindis pedorro de fin de año (no fueron capaces de darme un turroncito ya que me iba para siempre). Habiendo estado a medias, sin el almuerzo, con muchas menos oportunidades de diálogo entre pares.

Este año estuvo medio chauchona la biblioteca también. Ciertas políticas hicieron que fuera menos visitada. El recreo del almuerzo, que siempre fue mío, este año no existió. Me acuerdo cuando llegaba yo de almorzar, y tenía que hacer correr a los niños de la puerta, y pedirles que por favor no empujaran ni corrieran. Estuve viendo fotos viejas, en un intento desesperado de último momento de llevarme recuerdos, y vi cómo hubo años en que la biblioteca explotaba en vida. Años en que los niños venían a mostrarme ideas creativas, a contarme cosas. Este año pasó también, pero menos.

Son tantas las cosas que voy a extrañar, que me siento tentada a hacer una lista quilométrica. Fueron siete años y medio, casi toda mi vida adulta. Estando ahí me casé, me recibí, compré mi casa, tuve a mi hija. Entré miles de libros, conocí a cientos de niños, memoricé casi todos sus nombres, co-creé tantas actividades! Y me calenté numerosas veces, por qué negarlo. De hecho, estoy contenta de haberme ido, no sólo por la distancia, sino por otras cosas de las que me libero a partir de ahora.

Anoche agarré mi celular, cambié el horario del despertador de 5:50 a 9:00, y además lo desactivé. Hasta febrero, amigos, mi hija será la que determine a qué hora me levante (de hecho, hoy fue a las 5:20…).

Ya no más viajes eternos en ómnibus!

Año nuevo trabajo nuevo. Deséenme suerte.

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jacarandá

Azul azul de jacarandà

azul azul mi vereda está

Azul azul de jacarandá

Azul azul mi ciudad está

La calle de los árboles azules

La calle de mi casa es un jardín

Yo voy con mi mochila de recuerdos

de otros años, de otros tiempos que viví

Yo canto en un diciembre que sonríe

diciendo que el verano ya está aquí

Lluvia de flores acompañan mi camino, mi vivir

Montevideo, hoy te canto para ti

Montevideo, soy feliz viviendo aquí

 

Busqué en internet esta canción que aprendí en la escuela, pero no hubo caso. Así que acá va, para que aparezca en mis próximas búsquedas. Sólo que no sé si era así, si está completa, si el estribillo lo metí en el lugar correcto…

30 + Cosas que hice antes de los 30

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  1. Gimnasia artística (tenía 5 años y 0 dotes)
  2. Natación
  3. Terminar una carrera terciaria
  4. Abandonar una carrera terciaria
  5. Dar clases (poquísimas y gracias)
  6. Estudiar tres idiomas (uno de ellos por exclusiva voluntad propia!)
  7. Leer mucho
  8. El camino del Inka
  9. Caminar de Valizas al Cabo Polonio (ida y vuelta, a veces).
  10. Caminar de La Paloma a la Laguna de Rocha
  11. Recorrer casi todos los departamentos del Uruguay
  12. Viajar a Europa
  13. Conocer las Cataratas del Iguazú
  14. (Subir al faro de La Paloma, al cerro Pan de Azúcar, a la Torre Eiffell…)
  15. Hacerme la rata (un par de veces, no se crean)
  16. Tener cuenta en redes sociales (y abandonar la mitad)
  17. Casarme
  18. Cuidar a una bebé ajena.
  19. Cuidar a una bebé propia
  20. Tener una cesárea (una de las experiencias más bizarras que he vivido)
  21. Ganar premios (becas de computación que nunca usé; medallas de inglés; un viaje a Italia…)
  22. Ser abanderada y escolta
  23. Escribir trillones de cuentos y novelas (o solo sus inicios)
  24. Llevar cosas dulces a los cumpleaños familiares por años (y sigo)
  25. Hacer mis propias tortas de cumpleaños 🙂
  26. Probar decenas de recetas y postearlas en un blog
  27. Mantener un blog de boludeces por 8 años y contando
  28. Trabajar online (sin remuneración, una cagada)
  29. Trabajar de voluntaria (hermosas experiencias)
  30. Trabajar en pasantías
  31. Trabajar en inglés
  32. Ser operada (hasta este año, mi historial incluía solo una extracción de lunar y una muela)
  33. Irme a vivir con mi novio
  34. Convivir con un cuñado
  35. Comprar una casa (en conjunto)
  36. Reformar la casa viviendo en ella (y estando embarazada también)
  37. Ir al Pilsen Rock (de lo más osado que he hecho en mi vida! ja), a la fiesta de la X, a algún que otro toque y a bailar
  38. Hacer dedo (una vuelta viajamos en un camión a oscuras, otras veces nos levantaron parientes)
  39. Bañarme en la playa de noche
  40. Bajarme de un caballo antes de empezar a andar
  41. Traducir un libro entero (nunca me quedó bien del todo)
  42. Sacar muchas fotos de todo
  43. Ser feliz

Cosas que no llegué a hacer antes de los 30

  1. Publicar la lista de cosas que hice antes de los 30

Pequeños momentos

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Es difícil recordar a una sola abuela, porque fue cambiando a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, la certeza de que ella era la que cocinaba, pero no así los recuerdos.

Sí tengo su imagen frente a mí en la mesa, las dos (o más) involucradas en un juego (escaleras y serpientes? conga?), y su cara dirigida hacia conversaciones adultas en vez de al próximo movimiento. Abuelaaaa! Te toca!

También, con esa mesa de separación, las dos buscando cosas interesantes que contarnos.

Y en los cumpleaños o reuniones populosas de nuestra no tan populosa familia, cuando te buscaba para decirte que entre tantas conversaciones se perdía.

Estaban también los paseos del brazo por el jardín, admirando flores cuyos nombre nunca recordé.

Los consejos: no salir con el pelo mojado, anotar todo (gracias, abuela!). Los diarios que te separaba porque había un artículo que podía intersarte.

No te dejaba mirar las soluciones de las sopas de letras, y sabía todas las definiciones de los crucigramas.

Y cuando se fue, y la hicimos volver. Qué susto! Volvió con una voz ronca y ya no fue la misma.

A lo último, ya no quedaba nada de la abuela que siempre estuvo presente, con su buenismo infinito, en toda mi vida y la de mi familia.

Pero sí estaban los poemas, y quizás sean también una linda forma de recordarla:

 

Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar. Dime mujer, cuando el amor se olvida, sabes tú a dónde va?

 

Little drops of water, little grains of sand, make the mighty ocean and the beauteus land.

Thus the little moments, humble though they be, make the mighty ages of eternity.

(Pequeñas gotas de agua, pequeños granos de arena, hacen al inmenso océano y a la hermosa tierra. Así los pequeños momentos, por humildes que sean, hacen a las grandes eras de la eternidad)

 

(También recitaba uno espantoso de por conservar tu amor tu esclava yo seré, pero ese se lo voy a perdonar).

 

Qué grande la abuela Elsa!

La vamos a extrañar.

Toquen timbre que tengo caramelos

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Durante la edición de esta entrada me tocaron timbre por segunda vez.

Todavía tengo una caja llena de caramelos!

Pensar que cuando era chica (y ni tanto, como 12 mínimo) y salimos por el barrio con mis hermanos, primos y algunos vecinos, éramos los únicos pidiendo. Cuando nos preguntaban “quién?” respondíamos “Halloween!!“. Y la mayoría no tenía nada que darnos. Nos daba Sandra, la del quiosco. Y unos de a la vuelta nos dieron una manzana.

Lo mejor era la naranja tallada como calabaza!

Espero que los niños se diviertan mangueándole al barrio!

(y que se laven los dientes después de todos los dulces)

 

 

de otro sábado en casa

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Hoy me dediqué* un poco a la limpieza. Tá, barrí la pelusa de los plátanos de la azotea (y saludé a la vecina que hacía lo mismo), pero me refería a la limpieza que implica tirar muchas cosas. Como todos los marcalibros repetidos de mi colección (mi objetivo: superar el record guiness – que justo ahora no me acuerdo cuál era; yo voy casi 150)

Cuando bata el record voy a precisar más manos para sostenerlos

Estos cuentan como diferentes

Entre esas cosas que uno guarda (y que se acostumbra a ver, pero no a prestarle atención), encontré una libretita del año del jopo. Y adentro cosas que escribía una yo 10 años más joven:

“Tengo que evitar los dulces para mantener mi dentadura y lavarme los dientes inmediatamente después de haber comido. Esto evita tentaciones. Corregir estas irregularidades debe ser mi objetivo de aquí en más, y tengo que seguir la línea fielmente” (!)

Y un cuestionario: “¿Qué trabajo/profesión imposible te gustaría tener? ¿qué te llevarías a otro planeta? ¿qué evento de tu pasado cambió radicalmente tu vida? ¿qué cosa que vos comprarías todavía no se ha inventado?”

También me puse a ordenar las recetas en este humilde blog, y a agregar fotos de nuevas pruebas de viejas recetas. Organicé mis carpetas de fotos de comida de acuerdo a las que ya subí a Qviaje y las que quiero subir: tengo 13 pendientes. Si me da el tiempo y la voluntad, me voy a dedicar a algunas ahora, más otras cosas que quisiera subir. Y les voy a dar fecha de publicación en el futuro, para no atomizar tanto hoy. Me da un poco de cosa, igual, no estar acá atrás cuando un post sale a la luz. Y mirá si me muero en estos días y siguen apareciendo cosas mías… No está bueno (y  menos hablar así de morirme!)

*ahora que pongo un tilde, qué bronca no poder ponerlos en el celular porque a la gente de otras compañías les salen raros! Gente de la telefonía móvil, es hora de que empiecen a cooperar para que la gente no se enbrutezca más!

Ambo pegado!

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Para el último día de los abuelos, Sofi convocó a un chocobingo.

Así que nos juntamos los primos en la casa de la abuela, a tomar chocolate caliente y comer distintas cosas ricas.

Y sacamos, del cajón mágico del comedor, deshechando esta vez el Genio, el laberinto de mercurio, las cartas de Blancanieves y Tío Rico y cuántos otros tesoros, la añeja lotería de la familia.

De la bolsa de tela salieron primero los cartones, firmados por tíos abuelos (éste tiene suerte, éste , éste no) y por mi misma yo infantil;

la lata Royal

con los maíces

y, finalmente, los números:

Terno! Cuaterno! Línea! Cartón! Lotería!

Gran tarde. Que se repita!

el retorno

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Sé que hay miles de almas conteniéndose para no preguntar qué pasa con Qviaje. Por qué no se actualiza? Dónde está Magui?

Es que estaba haciendo mi sesión anual de fotos del Océano Atlántico.

Durmiendo mucho, comiendo bizcochos, haciendo tortas fritas, caminando descalza, untándome protector, bicicleteando, paleteando, perdiendo a la conga.

En fin, de vacaciones.

[Suspiro]

Cuando era chica y las dimensiones del tiempo eran otras, recuerdo que me causaba placer volver a Montevideo. La ciudad en verano no dejaba de ser novedosa; se respiraba un clima de vacaciones, y yo me dedicaba a mirar Shasta McNasty y cosas así en tv.

Ya no me pasa. Hay un sentimiento, pero es leve. Recuerdo de lo que sentía antes.

Pero bueno, volvió QViaje!

 

dieciséis

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Hace como mil que no escribo. O doce.

Cuestión que hoy fue el último viernes del año en que trabajé. Tengo los próximos libres para aprontarme para navidad primero, y para mis vacaciones después.

Los niños se fueron hace una semana pero parece que fueran años. Mi culo pasa el 90 por ciento del tiempo apoyado en el asiento, y las tardes transcurren en estado bucólico, con música de Oldies de fondo, y, últimamente, lluvia permanente. Me gusta mirar el cielo y buscar esperanza en pedazos de celeste.

Tengo más reuniones de fin de año que otras veces. Unas mejores que otras.

La ventanita del baño da a un montón de verde: podría soñar que estoy en medio de la selva.

Tuve mis primeros baños de río. Y recordé las tardes de dedos arrugados, apenas asomando la cabeza, escuchando las listas interminables de regalos de Estefanía y Florencia, esperando mi turno con algún flotador ajeno, jugando a sirenas llevadas por la corriente y a hacerse peinados extraños. También el hambre que acumulaba para las meriendas de la abuela.

Me traje cuatro libros hoy. Dos de Pratchett y dos de McKay. Estoy por terminar el de los cuentos de hadas, que empecé en octubre (!!), y sólo me quedaría elegir el último de los ochenta. Me pregunto si debería ser algo simbólico y significativo o simplemente me leo el último de la serie de la familia Casson, que me encantan.

Capáz que vuelvo este fin de semana!