Archivo de la categoría: Fotos

La nieve

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Prometo que es lo último.

Durante nuestra estadía en Italia en enero no vimos nevar. Fue un chiste, porque nevó en Torino cuando nos fuimos a Venezia, y en Venezia cuando volvimos a Torino.

Así que mis tíos nos llevaron a la montaña para que tuviéramos la experiencia de tocar, pisar, sacar fotos y estar rodeados de la más blanca nieve. El destino elegido fue Prali, que queda a una hora y media de Torino (si mal no recuerdo). Peque vomitó en el auto cuando todavía no habíamos empezado con las curvas de montaña, y, a diferencia del sábado anterior cuando también vomitó yendo a otro lado pero después se durmió, esta vez permaneció despierta, molesta y quejándose. Yo tampoco me estaba sintiendo muy bien hacia el final del viaje, entre oler la mezcla de vómito y toallitas húmedas, estar inclinada hacia el lado de Peque para intentar levantarle el ánimo, la creciente altura y las repetidas promesas incumplidas de “ya estamos llegando”. Pero sí, valió la pena.

Además de ver, tocar, pisar y fotografiar nieve, vimos de cerca la fauna deportiva: decenas de personas haciendo ski de fondo, o tirándose desde allá arriba, o con los carritos, enfundados en colorinchudos equipos y caminando sobre aparatosos zapatos ruidosos.

También respiramos aire puro.

Una experiencia inigualable, como quien dice.

Y a la vuelta Peque se durmió.

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(esto vendría a ser un arroyo)

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También estuvimos en Génova (enero 2017)

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Parece que todos los destinos de este viaje fueron repetidos: a Génova había ido en el 2006, gracias a un concurso que gané. Aquel viaje fue con otros 10 chiquilines sudamericanos, y nuestros días estaban llenos de actividades protocolares. Íbamos a un restaurante donde no pagábamos, y después recorríamos la ciudad juntos, íbamos al puerto… Experiencias inolvidables.

Ahora alquilamos un apartamento por airbnb, justo frente a Porta Soprana.

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Venezia. Enero 2017.

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Llegás a Venecia en tren, te bajás en la estación y cuando salís, ves el Gran Canal. Dejaste atrás el mundo tierra, y te metiste en  la tierra de los mil puentes y las callejuelas laberínticas que indefectiblemente desembocan en agua.

Tuve la suerte de visitar esta ciudad en el 2004, en circunstancias bastante distintas a las de este viaje. Era verano y lo sufrimos; había mucho más gente; cuidábamos muchísimo los euros; éramos más jóvenes y no llevábamos niños, jaja. Además, nos quedamos en un hostel al que teníamos que volver a determinada hora para que no nos dejaran afuera.

Esta vez nos quedamos en un apartamento alquilado por airbnb (éste, para ser más precisos), lo que nos permitió desayunar a la hora que quisimos, cocinar, y pasar rato tranquilos cuando ya habíamos estado todo el día afuera y se escondía el sol.

Vagamos por las callejuelas, pero también nos tomamos un vaporetto a Murano (de donde nos volvimos congelados sin haber visto hacer vidrio, buaa) y entramos a varios museos, como el Peggy Guggenheim, que tiene obras de artistas que hasta yo conozco (jaja), el Palazzo Ducale (desde donde pasamos por el puente de los suspiros, no sabía que se podía!), y el Palazzo Reale / Museo Correr (ahí Peque se me durmió en brazos y la hicimos corta).

También nos metimos a tomar chocolate caliente todas las veces que pudimos!

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Torino. Enero 2017.

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Es la tercera vez que voy a Torino (Turín), Italia. Probablemente no la conocería si no vivieran ahí mis tíos, y me alegro mucho de esta casualidad porque es una ciudad realmente hermosa.

(aquí mi relato de la segunda visita, en el 2013).

Fuimos en enero y, aunque no se note en las fotos, agarramos unos días gélidos. Por suerte casi siempre nos acompañó el sol.

Estuvimos como 15 días con interrupciones para ir a Venecia y a Génova, además de algún paseo por el día fuera de la ciudad. Caminamos bastante, recorrimos el centro, y sólo entramos a un museo: el del automóvil. Nos lo tomamos bastante tranquilo por el frío y por la pequeña que nos acompañaba, y también aprovechamos a visitar a la familia.

Preámbulo a un lado, van algunas fotos.

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De vacaciones

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Extrañaba La Paloma. Vengo hace como 20 años, y haber empezado a vivir en pareja hace como 8 no cambió (mucho) las cosas: venimos siempre en familia, cada vez más numerosa.
El año pasado estuvimos tres días, Esposo, Panza y yo, y volvimos rápido porque tenía control médico. Así que extrañaba esto de andar descalza, con el pelo duro de sal, lavar ropa a mano en bikini, dormir siesta y leer.
Ahora a la ecuación se suma Hija. Y decí que son varias manos para entretenerla (mientras una se encrema, ponele), y puedo contar con que mi madre la cuide y le de fruta mientras yo sigo un rato más en la playa (grande, ma!), porque obviamente todo se vuelve más complejo.
Una gran ventaja de vacacionar con Hija es que se despierta temprano, a eso de las 8. Y rinde mucho más el día! Da para desayunar, prepararse, y bajar a la playa en horarios bastante razonables. La lástima es que nunca parece dormir lo suficiente. Un tema recurrente con la peque, que me hace rabiar para dormirla (no quiere!!). Y eso que el aire de océano cansa a cualquiera. Siempre dormí como un lirón acá! Y ella lucha por mantenerse despierta. Le pusimos un mini colchón en el piso al lado del de dos plazas. Duerme en el hueco entre los dos, con las piernas para mi lado. Mi pelo se vuelve necesario para entrar en el sueño, y cuando se entre despierta, estoy al alpiste para intentar asegurar su continuidad. Beneficios del colecho. Temo por mi regreso a casa.
Mientras tanto, seguiremos disfrutando como podamos.

Esto fue escrito hace un par de semanas. Las cosas, como siempre mutan. Una de ellas fue que tuvimos que volver a la ciudad (no así al trabajo, que arranco más tarde en uno nuevo).

Y uno apenas se acuerda ya de las caminatas por la playa…

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jacarandá

Azul azul de jacarandà

azul azul mi vereda está

Azul azul de jacarandá

Azul azul mi ciudad está

La calle de los árboles azules

La calle de mi casa es un jardín

Yo voy con mi mochila de recuerdos

de otros años, de otros tiempos que viví

Yo canto en un diciembre que sonríe

diciendo que el verano ya está aquí

Lluvia de flores acompañan mi camino, mi vivir

Montevideo, hoy te canto para ti

Montevideo, soy feliz viviendo aquí

 

Busqué en internet esta canción que aprendí en la escuela, pero no hubo caso. Así que acá va, para que aparezca en mis próximas búsquedas. Sólo que no sé si era así, si está completa, si el estribillo lo metí en el lugar correcto…

De Patrimonio (2015)

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Hace tiempazo de esto, pero acá van las fotos del fin de semana del Patrimonio 2015.

Los últimos años nos había tocado marchar al interior, y la verdad que se extrañaba pasear por Montevideo en días tan especiales. Esta vez con bebé a cuestas, así que nos sumamos al vehículo de mis padres. Lo primero que hicimos fue ir a las Fábricas Nacionales de Cerveza.

(Estas son fotos de la cuadra)

 

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Breve incursión al relax : La Paloma

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El primer fin de semana del año nos fuimos a La Paloma. Visita corta porque tenía consulta médica el lunes, y porque el médico suplente había instaurado el temor a que “algo pasara”.

Dos días y medio parece poco, pero el aire oceánico, las caminatas mojándose los pies, la familia, el pan casero, y el tiempo de leer son inconmensurables.

Saqué a pasear mi panza descubierta, la que impresionó a mi familia y a mí misma (esto de no tener espejos grandes en casa…). Es una pelota.

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Y luego volvimos, en un día de calor asqueroso, a sufrir el tránsito en la capital (no sé por qué dicen que en enero no hay nadie en Montevideo). Y a que el médico me dijera: “ahora te podés volver”.

Pero no. Por acá quedamos, esperando.

Paseo por el Santa Lucía

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Frustrado!

Hace unos días recibí mensaje de mi tía: “El sábado vamos a hacer un crucero por los humedales de Santa Lucía. Quieren venir?”

Arriba!

Así que ayer condujimos hasta Santiago Vázquez. Nos encontramos todos (unas 30 personas) en el Club Alemán de Remo, y caminamos por unos puentes de madera y otros caminos hasta el embarque. El fotógrafo: Mi Adorado Esposo.

Luego de unos veinte minutos de caminata, finalmente divisamos la embarcación.

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La gente, que llegaba a destiempo, se iba aglomerando frente al barco. Cuando llegamos nosotros, vimos esto:

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Cómo se accede al barco?

Los encargados hablaban entre ellos, y por allá salieron dos, caminando, quién sabe a qué (buscar palotes para un puentecito?). A las cansadas volvieron. Sin soluciones (más que pasar la cosa para otro día).

Es que había virado el viento, había crecido el río, y realmente no íbamos a disfrutar de la experiencia que ellos querían que nosotros tuviéramos. Aparte de que no tenian previsto cómo acceder al barco al crecer un poco el agua.

Así que emprendimos la retirada, tomando un par de fotos más en la marcha. Será otro día? Puede estar interesante