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El segundo hijo (pre nacimiento)

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Me queda esta semana de trabajo antes de empezar la licencia maternal, y dos semanas más para llegar a la fecha de parto de mi segundo hijo (un varón).

Y aquí estoy, aprovechando estos milagrosos minutos en que Hija mayor todavía duerme (últimamente se despierta ni bien me levanto). Minutos de libertad y paz, antes de sus demandas de comida, de limpieza, de juegos y de mis demandas de levantar cosas del suelo. Resumiendo.

Estar embarazada con un hijo pequeño en la vuelta es una experiencia de lo más interesante, sobre todo si se compara con el primer embarazo. El foco deja de ser el embarazo, porque no hay tiempo. No me puedo tirar en la cama a tocarme la panza y ponerle música al bebé (ni que lo hubiera hecho con Hija!). Tuve un período de vómitos con Hija al lado preguntando qué estaba haciendo… Pensar que yo trabajaba más horas, pero hacía gimnasia para embarazadas con videos de youtube!

No todo son quejas: definitivamente estoy más activa en esta segunda instancia, y eso tiene que ser bueno, verdad? Recuerdo el último mes con Hija en la panza y la desidia que tenía. Ahora la pereza está, pero igual me levanto de la silla (y del sillón, y del suelo), juego, lavo más ropa (porque se le dio por sacarse los pañales, pero no por pedir para hacer pis), le hago upa (en contadas ocasiones) y la voy a buscar al jardín. Con un poco de suerte me distraigo de las contracciones en su momento bailando El monstruo de la laguna… En las clases de parto me hicieron creer que este segundo trabajo de parto va a ser más rápido por esas mismas distracciones (y por el trabajo de parto que ya tuve, aunque no haya derivado en parto natural), y espero que sea cierto!

Hay otras cosas que cambian, como tener que ubicar a Hija 1 en cada consulta ginecológica, cada examen, cada clase de parto. Y ni que hablar la que nos espera cuando nazca Hijo 2 y haya que dividir la atención y pasar la noche con dos pequeños que no duermen bien.

Empezar de vuelta con un recién nacido habiendo ya pasado por la experiencia es engañoso. Porque uno piensa que tiene cancha, y quizás es que simplemente no se acuerda bien de las cosas. Había que esterilizar, no? Y lavar bien las cosas que se lleva a la boca… El pañal se cambiaba más seguido, y cuándo empezaban a comer como uno? Va a haber que andar con ojo por las cosas que Hija Mayor pueda llegar a acercarle, todas las chucherías que tiene en la vuelta en su cuarto, los libros que estarán a su alcance porque ella ya sabe manipularlos (casi sin accidentes).

Y, sobre todo, va a haber que trabajar el tema de las comparaciones, que van a ser inevitables.

Se vienen tiempos interesantes, sin duda. Deséenme suerte.

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Un asiento, por favor (Toma 2)

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Estoy embarazada por segunda vez.

Y son muchos los cuestionamientos y dudas que me surgen. Será nena o varón? Cómo haremos para lidiar con dos pequeños? Dormirá este? Dónde podré conseguir juguetes Montessori? Tendré otra cesárea? Qué carajo hicimos?

Pero no es de eso de lo que quería hablar en este oh-querido-blog hoy después de tanto tiempo. Sino de – por qué no? – los viajes en ómnibus. Ya había escrito sobre eso una vez, cuando estaba embarazada de la Peque.

Ahora tengo un trayecto de ómnibus más corto hacia el trabajo. Y por dos meses viajé parada. Preguntándome si estaba haciendo mal. Si debía reclamar lo que me corresponde. Si estaba arriesgándome al cuete.

Un día, hace unas semanas, decidí que iba a empezar a pedir el asiento al guarda o chofer. Pago el boleto y le digo: “no me pedís un asiento (maternal/que estoy embarazada)?”. El sujeto asiente, no sin antes mirar mi panza como para chequear que no invente cosas, y luego alza la voz para solicitar dicho asiento. Ay, qué segundos tensos, gente! Estar parada ahí, expuesta, mirando a los pasajeros que no se mueven (siempre hay quien tiene motivos), el adolescente que no se siente identificado, y, lo que es peor, el amague de uno suplicando que sea otro el que me ceda el lugar más rápidamente! Una vez vi a dos señoras semi levantarse a la vez, mirarse, y quedar en pausa para que la otra concretara el acto en su lugar. Y la que ganó me dijo “De nada” varios segundos después de mi “gracias”, lo que me hace pensar que no me escuchó y que me estaba reclamando gentileza, pero eso debe ser de paranoica.

Hoy esperé un buen rato el ómnibus. Cuando finalmente llegó y me subí, repetí mi ya clásica pregunta al chofer, quien, con su voz más suave y como si le hablara a alguien al lado suyo hizo su pedido. Por supuesto que nadie escuchó. Gracias igual, Alberto. Incierta de cómo proceder, avancé unos pasos hasta que una muchacha me dijo: “A mí tampoco me lo dieron”. Y en esas pocas estamos.

Relato de un nacimiento (con cesárea y detalles)

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La semana anterior a la fecha prevista de parto, yo estaba que caminaba por las paredes. Por un lado, estaba aburrida, y no parecía haber nada más en lo que me pudiera preparar. Por otro, me había hecho la idea de que mi hija iba a nacer antes, simplemente porque no quería que pasara lo que pasó: que llegara la fecha y la gente empezara a preguntar si había novedades. El 25 (la fecha) recibí el primer mensaje a las 7 am, de una ex compañera de trabajo a la que no veo hace dos años. Yo no pensaba responder a nadie, pero más tarde me insistió en una respuesta porque estaba ansiosa. Y yo??? No sé qué opinarán ustedes, pero con mi amado esposo habíamos planeado pasar el preparto tranquilos y solos, y no avisar a nadie hasta que fuera un hecho casi consumado (y en ese momento, sólo a la familia directa).

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La transición

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Me da una mezcla de nervios y miedo el pasaje de Embarazada a Madre-de-una-frágil-criatura.

Hablo del parto, sí, pero también de la responsabilidad de cuidar a un bebé. Amamantar, por ejemplo, me produce una cierta ansiedad. Ni que hablar, ya yéndome unos meses adelante, cuando tenga que volver a trabajar (y tenga que convertirme en vaca). Recordar todas las instrucciones de limpieza y del ombligo? Saber cuándo precisa tal o cuál cosa?

Por último, pero no menos importante, me pregunto cómo voy a reaccionar ante la exposición. Porque una pierde un poco la privacidad, no? Si yo pasaba bastante desapercibida antes, ahora va a estar todo el mundo mirando cómo interactúo con mi bebé. La van a estar mirando a ella, y por ende, a la madre y su desenvoltura en temas maternales. Me van a estar juzgando como yo juzgo en silencio a otras madres!

No debo mostrar inseguridad, si no, estoy en el horno. Que me vengan a decir cómo hacer, imaginate! Consejos, sólo de mi mamá. 🙂

Mientras tanto, pienso en todo lo que voy a recuperar cuando haya nacido la niña. Mis pies. La capacidad de agacharme con relativa facilidad. La posibilidad de dormir en cualquier posición (si bien sea por poco tiempo de corrido). La agilidad para caminar. Mi ropa.

Y en lo que no voy a hacer: poner su foto en mi perfil de FB y dedicarle todo mi amor a través del mismo. No les parece patético?

Y ahora?

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Terminé un gran libro anoche. Night Watch, de la serie Discworld de Terry Pratchett. En él, el protagonista, un policía en su grado más alto (soy de terror para los rangos), viaja al pasado por accidente y se convierte en mentor de su joven e inocente yo, mientras revive momentos históricos y revolucionarios de su ciudad. Una gran historia redondita.

Y bueno, ahora sí podría nacer mi hija.

No da para empezar otro libro.

Y hoy vamos por más!!

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Estando en los últimos días de embarazo, una se pregunta: cómo pasar estos últimos momentos?

Una opción sería con herreros en tu casa, haciendo el ruidaje del siglo (más un poco de mugre), y un pintor voluntario que abre las ventanas de tu cuarto al mundo, dejándote sin un lugar donde simplemente estar.

No sé, supongo que habrá otras opciones.

De todas formas, vamos redondeando la cosa. La casa.

Breve incursión al relax : La Paloma

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El primer fin de semana del año nos fuimos a La Paloma. Visita corta porque tenía consulta médica el lunes, y porque el médico suplente había instaurado el temor a que “algo pasara”.

Dos días y medio parece poco, pero el aire oceánico, las caminatas mojándose los pies, la familia, el pan casero, y el tiempo de leer son inconmensurables.

Saqué a pasear mi panza descubierta, la que impresionó a mi familia y a mí misma (esto de no tener espejos grandes en casa…). Es una pelota.

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Y luego volvimos, en un día de calor asqueroso, a sufrir el tránsito en la capital (no sé por qué dicen que en enero no hay nadie en Montevideo). Y a que el médico me dijera: “ahora te podés volver”.

Pero no. Por acá quedamos, esperando.

Cosas a recordar de este embarazo

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panza

  • Abollamiento al estar mucho rato sentada
  • Acidez (a veces)
  • Alegría causada por el anuncio, que se extiende durante todo el embarazo
  • Altibajos en el humor (asignémoslo al embarazo)
  • Aplicación para embarazadas en el celular (medio al pedo)
  • Apreciaciones sobre el grosor de mis brazos y otras partes de mi cuerpo no embarazadas (no engordaste nada!)
  • Aprendiendo nombres de cosas de bebés y relacionadas (no sabía lo que era un pelele)
  • Asquito por ciertas comidas, el escaneo constante de alimentos, las pocas ganas de cocinar (al principio)
  • Aumento del consumo de hierro, calcio… y todo tipo de alimentos
  • Baby showers (amigas, familia, trabajo)
  • Bombachas con panza (las amo)
  • Calambres (uno?)
  • Cambio de nombre: Panza, Madre, Pelota, o directamente el nombre de mi hija (está hablando con el envase!)
  • Cansancio
  • Cantina de la mutualista (que curiosamente no tiene mucha comida sana)
  • Clases de preparación (y todo lo que me olvidé de ellas), partera, compañeros, dudas, ejercicios. A las corridas para francés.
  • Cojeo y dolor de pierna derecha (se fue!!)
  • Compras 🙂 Ropita, libros, algún juguete
  • Consejos, muchos (hay que filtrar)
  • Conversaciones con madres (de repente uno se vuelve interesado en temas maternales)
  • Cremas “prestadas” y regaladas
  • Curva de glicemia frustrada dos veces
  • Descarte paulatino de ropa que ya no queda
  • Dificultad para agacharse, prender las sandalias, cortarse las uñas de los pies, levantarse de la cama (dejé de guardar los libros de los estantes inferiores)
  • Dormir sobre el lado izquierdo (me obligué primero, me acostumbré después)
  • Dudas sobre mi capacidad para llevar a cabo este emprendimiento
  • Ecografías de rutina y privadas (para saber el sexo!)
  • Experimento en colas (no funcionan las cajas con prioridad maternal en los supermercados)
  • Extracción de sangre y otros exámenes
  • Gimnasia para embarazadas en youtube
  • Hambre recurrente y voraz
  • Hormigueo y torpeza en las manos
  • Ignorancia de todo lo relacionado con el embarazo, disipándose con el correr de los meses
  • Incomodidad para dormir (que pasó); insomnio
  • Inconsciencia de movimientos (vos no deberías hacer esto o lo otro, cargar aquello, agacharte…)
  • Incredulidad sobre lo que se viene
  • Intentos esporádicos de comer más sano (más frutas, verduras, menos manteca, azúcar, harina)
  • Intentos infructuosos de filmar los movimientos de la panza
  • Investigación sobre distintas técnicas utilizadas en el parto
  • Lavados de ropita por parte de la abuela materna
  • Lecturas especializadas (libros y web)
  • Libros del bebé (2)
  • Mimos y atenciones de la gente
  • Movimientos y deformidades de la panza; observación constante
  • Música para la bebé (intentos aislados de alguien no muy musical)
  • Necesidad de ir al baño frecuentemente
  • Nena (de un tiempo a esta parte)
  • Pantalones enganchados con bandita elástica
  • Pantalones maternales (que terminan apretando)
  • Pantalones que aprietan estando sentada y se caen al pararse
  • Pelota de pilates
  • Pereza
  • Pies hinchados, irreconocibles
  • Pizarrón con las semanas
  • Planificación de licencias
  • Preguntas frecuentes de la gente (sexo, para cuándo, nombre…)
  • Preparación (tardía?) del bolso (los bolsos)
  • Regalos (algunos repetidos); regalitos desde España 🙂
  • Soutienes más grandes
  • Stockeo de cosas para la niña en casa de los abuelos (mientras dura la obra)
  • Tablero de ideas en Pinterest
  • Viajes en ómnibus sentada (después de que me animé a pedir, y cuando ya fue demasiado evidente)
  • Videos de partos
  • Vitaminas partidas en cuatro con yogur

En las semanas que espero que me queden quizás surjan elementos nuevos…