Archivo de la categoría: Cosas de esta vida

La niñera

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Desde que Pequeña Hija Mayor tenía tres meses, la cuida mi tía unas horas al día. Es genial que una persona de confianza, de la familia, tenga tiempo y disposición para encargarse de una criatura todos los días. Y aprecio todo lo que hace por Primogénita.

Pero. (Siempre hay un pero, no?)

Este año ha sido distinto porque Peque empezó a ir al jardín. Yo me iba a trabajar antes de que Niñera llegara, generalmente, y volvía a una casa sola, ya que mi tía se había ido horas antes, después de llevar a Peque. Y, aparte de esas tres horitas de libertad que me eran desconocidas desde el nacimiento, la otra gran ventaja era que no tenía que interactuar con Tía.

Es que Tía tiene la costumbre de dar consejos, y yo la habilidad/debilidad de no tolerarlos (asumo mi parte). Ahora, en estos pocos días de licencia maternal en que acepté que viniera Tía a pasar las horas habituales con Hija (y que agradezco, porque es difícil de pasar tanto rato con niña mandando! #malamadre), he vuelto a recordar aquellos tiempos en que me fastidiaba con sus comentarios.

Son detalles, pero “y vos colgás la ropa acá?” “te sugiero algo, estirá bien el pantalón” “ay, te tocó jugar a vos ahora”

Especialmente la última. Como si yo no pasara el resto del día con Hija! Esa sensación de que yo era la niñera y ella la madre, caramba, me la hacía sentir a menudo (nota de color: Tía nunca tuvo hijos).

Lo más lindo es que el año que viene reincidimos con Hijo Dos, porque vamos a depender de ella (y de mis padres!) para su cuidado. Y está bueno que quede en manos de una persona querida, de la familia. Pero…

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El segundo hijo (pre nacimiento)

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Me queda esta semana de trabajo antes de empezar la licencia maternal, y dos semanas más para llegar a la fecha de parto de mi segundo hijo (un varón).

Y aquí estoy, aprovechando estos milagrosos minutos en que Hija mayor todavía duerme (últimamente se despierta ni bien me levanto). Minutos de libertad y paz, antes de sus demandas de comida, de limpieza, de juegos y de mis demandas de levantar cosas del suelo. Resumiendo.

Estar embarazada con un hijo pequeño en la vuelta es una experiencia de lo más interesante, sobre todo si se compara con el primer embarazo. El foco deja de ser el embarazo, porque no hay tiempo. No me puedo tirar en la cama a tocarme la panza y ponerle música al bebé (ni que lo hubiera hecho con Hija!). Tuve un período de vómitos con Hija al lado preguntando qué estaba haciendo… Pensar que yo trabajaba más horas, pero hacía gimnasia para embarazadas con videos de youtube!

No todo son quejas: definitivamente estoy más activa en esta segunda instancia, y eso tiene que ser bueno, verdad? Recuerdo el último mes con Hija en la panza y la desidia que tenía. Ahora la pereza está, pero igual me levanto de la silla (y del sillón, y del suelo), juego, lavo más ropa (porque se le dio por sacarse los pañales, pero no por pedir para hacer pis), le hago upa (en contadas ocasiones) y la voy a buscar al jardín. Con un poco de suerte me distraigo de las contracciones en su momento bailando El monstruo de la laguna… En las clases de parto me hicieron creer que este segundo trabajo de parto va a ser más rápido por esas mismas distracciones (y por el trabajo de parto que ya tuve, aunque no haya derivado en parto natural), y espero que sea cierto!

Hay otras cosas que cambian, como tener que ubicar a Hija 1 en cada consulta ginecológica, cada examen, cada clase de parto. Y ni que hablar la que nos espera cuando nazca Hijo 2 y haya que dividir la atención y pasar la noche con dos pequeños que no duermen bien.

Empezar de vuelta con un recién nacido habiendo ya pasado por la experiencia es engañoso. Porque uno piensa que tiene cancha, y quizás es que simplemente no se acuerda bien de las cosas. Había que esterilizar, no? Y lavar bien las cosas que se lleva a la boca… El pañal se cambiaba más seguido, y cuándo empezaban a comer como uno? Va a haber que andar con ojo por las cosas que Hija Mayor pueda llegar a acercarle, todas las chucherías que tiene en la vuelta en su cuarto, los libros que estarán a su alcance porque ella ya sabe manipularlos (casi sin accidentes).

Y, sobre todo, va a haber que trabajar el tema de las comparaciones, que van a ser inevitables.

Se vienen tiempos interesantes, sin duda. Deséenme suerte.

Quejas habituales y final feliz

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Me resulta muy curioso y fastidioso que, viviendo tanto más cerca del trabajo que hace un par de años, se vuelva engorroso volver a mi casa. Para la ida generalmente no tengo problema, pero a la vuelta el ómnibus que me sirve y yo no coincidimos! Veníamos bien, pero de repente empezaron a espaciar la frecuencia en ese horario. Si salgo 5 o 10 minutos antes, agarro uno, pero casi nunca puedo hacer eso. Y después me toca esperar 20 minutos o más. Sé que es un problema banal, pero no puedo evitar calentarme.

Lo que es peor, es que he agarrado el hábito de chequear en la aplicación de Cómo Ir de la IM, para saber si me vale la pena esperar ese ómnibus en particular o si me tomo dos. Y me ha pasado de ir por la segunda opción, sólo para tomarme el que me interesa – y que no figuraba en la app – en la otra parada. El otro día decía que ese demoraba 36 minutos todavía. Salí tranquila, para tomarme el otro, y veo pasar el mío frente a mis narices. Y después viajé parada y apretada (con panza de seis meses).

Hoy, en cambio, salí rápido porque venía en pocos minutos. Y así fue, solo que no paró porque venía lleno. Me está tomando el pelo el destino! Fue ahí que empecé a interactuar con una señora que se iba a tomar el mismo. Miré la aplicación, y le comenté que faltaban 17 minutos para el siguiente. Y cuando quise acordar estábamos las dos caminando hacia nuestros destinos, cercanos ellos, y charlando como si nos conociéramos.

Curiosamente yo conocía a su hijo. Me comentó que hacía poco había estado en mi colegio, que es autor, y tá, ya supe quién era. Así que hablamos de él y sus libros, pero además del antiguo trabajo de la señora, de su operación de ojo, de su accidente en bici, de hábitos alimenticios y deportivos, de hijos, de educación, de idiomas. Nos despedimos con un beso y nos deseamos suerte mutuamente.

Y tuve compañía para la caminata a casa, que tanta pereza me da encarar.

Diario

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Pensaba el otro día: cómo extraño el diario íntimo. Ese ejercicio periódico de buscarte a vos mismo, sacarte la porquería y dejar sentado un instante y sus sentimientos. Un poco como acá, pero un pelín más privado.

Y qué se interpone entre mí y esas ganas de escribir? El tiempo, el cansancio, la falta de voluntad, la inversión de prioridades, el pensar qué se hace después con todo ese volumen papel, que una vez tocado por mi lapicera no puedo tirar. Un poco todo eso.

Varias veces estos días se me han ocurrido cosas que escribir en el blog, pero llegado el momento en que puedo abrir la compu sin ser interrumpida, me dan terribles ganas de acostarme a leer y chau. Hoy es un día excepcional porque Pequeña Hija se durmió sola antes de que terminara de prepararle la cena (en un hora inusualmente temprana), y me encontré con que ya había hecho todo lo que precede a que el horno termine la comida, por lo que en un impulso vine a divagar acá.

Por cierto, he leído bastante lo que va del año, pero ahora estoy estancada con un libro que, si bien por ahora es potable, no me provoca ganas de leer en cualquier momento, como me pasa con otros.  Si me copara lo suficiente, estaría leyendo en lugar de escribiendo.

 

 

Algo que culmina (adiós 2016)

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Hola!

Es gracioso como a uno lo agarra medio de sorpresa la bajada del año, pero una vez que estás en ella, fiú, llegás al 31 como bólido.

Cuando quise acordar, se habían terminado las clases (en liceo es antes), y ahora hace menos de una semana que terminé de trabajar y ni me acuerdo de cómo era eso. Ni que hablar de los días en que tardaba más de una hora en volver a casa del trabajo, pasando por todos los lugares de locura comercial navideña, y sufriendo el calor en el ómnibus.

Si de recapitulaciones se trata, este año cambié de trabajo (y lo dije en todas las entradas del blog, másomenos). Todavía me cuesta pensar que ya no trabajo más en el otro, que la biblioteca funciona sin mí, que hacen actividades y no me cuentan (horror!), pero eso es sólo cuando tengo contacto con mis ex compañeros. En el trabajo nuevo tengo mis días, pero he sabido disfrutarlo (sobre todo a los teens). Pero las grandes ventajas son las asociadas a la cercanía y el corto horario de trabajo, que me permitieron interactuar con Peque de mañana y de tarde, volver de trabajar caminando (a veces), tener tiempo para cocinar y hacer feria.

Las condiciones se dieron para que volviera a hacer cursos de educación permanente (1) y asistir a charlas o talleres relacionados con la literatura/lectura. No es fantástico?

Hice muchas visitas a padres (abuelos), y paseos en coche, e idas a la plaza (cómo me cuestan las plazas).

Cuando descubrí a mitad de año que había leído sólo cinco libros, decidí priorizar esta actividad y dedicarle tiempo durante la noche. Terminé leyendo más de 25 (clap, clap).

Cociné mucho y probé recetas nuevas, raras, con poroto, papa y espinaca… en preparaciones dulces! Durante todo un año había solo recreado recetas ya conocidas, o esa es la sensación que tengo, pero este año tuve un boom gastronómico, digamos. Manteca de maní, turrón, bizcochos…

Este año adquirimos auto (que yo no sé manejar), lo que nos facilitó las visitas a la suegra y su madre en el interior, y todo el vuelterío chico. Una independencia que no recordás no haber tenido nunca.

En el 2016 nacieron Cata, Cami y Feli, entre otros bebés conocidos. Y mi bebé, la Peque, se convirtió en niña. Todo lo que puede cambiar una persona en tan poco tiempo! Aprendió a caminar y a hablar, dejó el chupete, y demuestra cada día que es una esponja, un lorito, pero también una gurisa creativa, inventiva y tierna a la que le gusta jugar, comer, ver fotos, que le lean y le hagan mimos. Me babeo tanto como me enervo con esta chiquilina. Como también dejó la teta y se hizo un poco más independiente, pude ir a más lados sin ella, jaja.

Lo que no hice mucho fue actualizar el blog (creían que no iba a hacer mención? a quién le estoy hablando? je). Extraño un poco las épocas en que volcaba un poco de ingenio y me mandaba entradas periódicamente. Pero lo cierto es que muchas veces me da pereza abrir la computadora después que se durmió Peque (si está despierta, toca), ni que hablar cuando la bicha me anda para el c… .

A ver qué sucede en el 2017, con niña en el jardín. Por lo pronto, en unos días, después de pasar fin de año con suegra, nos tomamos un avión los tres al crudo invierno italiano. Volare, oooh.

Un muy feliz 2017 a todos los que llegaron hasta acá abajo y a todo el resto que se lo merece también.

Permiso…

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Hay alguien ahí?  cómo anda la gente?

Hace un tiempo que no escribo acá. Es curioso, porque ando en un muy buen período de ocios. Al cambiar de trabajo y de horario gané un par de horas de vida. Me levanto más tarde, y por ende me permito acostarme más tarde también. Y adivinen qué? La Peque crece! Puedo hacer cosas cuando ella anda en la vuelta, como cocinar (aunque probablemente implique incluirla, ooommhh), y puedo dedicarle un par de horas a mis libros o blogs después que se duerme de noche. Eso era imposible el año pasado. En definitiva, soy consciente de la época privilegiada que estoy viviendo. Pero este blog se ve dejado de lado, lamentablemente, ante la gran cantidad de recetas nuevas que he estado probando, y la necesidad de subir los resultados a mi blog culinario.

Pero no nos quejemos! Estoy aquí ahora, no es cierto? Después de haber visto dos capítulos de Stranger Things con Adorado Esposo, con quien no veíamos juntos ninguna serie desde que se nos terminó Big Bang. El tema audiovisual lo tengo bastante descuidado. No sé si me voy a recuperar alguna vez de estos dos años casi de abstinencia! Se complica ir al cine (o sea, hay que ubicar a la Peque), y mientras ella está despierta no cuadra. Hemos pasado casi 20 meses sin enchufarle ningún dibujito! (aplaudan a estos padres, por favor).

Hace poco me di cuenta que estábamos a la mitad del año y había leído cuatro o cinco libros. Trabajando en una biblioteca me parece poco serio, verdad? Aparte está el tema de que cambié de público y de colección en la biblioteca. Y de la actual no he leído casi nada. Así que me puse en plan de leer un poco de todo, y dedico un rato a la lectura antes de acostarme.

Lo íba a decir hace dos párrafos, cuando empecé a hablar de Stranger Things (leí tantas referencias por ahí, que supuse que había que ver la serie. Usted la vio?), que estoy de vacaciones de primavera. Y por eso se estiran un poco los tiempos también. Va media hora pasada medianoche, y yo generalmente tengo ese límite. No sé cuál es la diferencia, si la Peque se despierta siempre más o menos a la misma hora (8am), sin entender de vacaciones o fines de semana.

Y estaba por decir algo más, pero se despertó la quetejedi y me cortó la poca inspiración que me quedaba. Ahora voy por mis capítulos nocturnos, y otro día vuelvo con más boludeces.

Hasta luego!

Un sábado

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De mañana estuve intentando manualidades y fotos, pero no estaba inspirada. Y pensar en quedar boyando ahí, leyendo los mismos libros y jugando con los mismos juguetes, me embolaba. Así que decidimos ir a la feria de Villa Biarritz.

Ir de paseo a las ferias de ropa de fin de semana siempre fue algo que me gustó. Ir con amigas, charlando, comprarse alguna prenda y comer garrapiñada, ponele. El fin de semana pasado hice eso con una amiga, y llevé a la niña a upa la mitad del paseo porque viajar en ómnibus con el coche no daba (o sea, no me daban las manos), y la gurisa no quería caminar (se entiende, habiendo tanta gente!). Y fue muy cansador! Esta vez fuimos en auto, con el coche en el baúl, y el día se puso hermoso cuando salimos. Ideal para el plan trazado. Sólo que para estacionar en ese barrio, gente, imposible! Terminamos en el shopping, y ya nos metimos a almorzar, porque no nos iba a dar el tiempo de comer antes del compromiso siguiente de Adorado Esposo. El resultado fue que nos quedamos sin feria. Para diluir un poco mi frustración, cuando pasamos a comprarle un libro a mi madre por el cumple, agarré uno para mí también. Hay algo sumamente satisfactorio en elegir dos libros por la tapa y por algún mínimo comentario en la contratapa, y pumba! llevártelos, no? (estoy en un período en que quiero leer todo todo).

Regresamos a casa con una niña gritando. Se durmió casi en seguida y yo quedé sola en casa sin saber mucho qué hacer. Y saben lo que me entusiasmó? Limpiar el baño. No soy original? Lo que en realidad me motivaba era deshacerme de cosas, ordenar, recuperar espacios de esos que van siendo infiltrados por pequeños objetos insignificantes. Un día la dentista te mandó un enjuague bucal que te provocó náuseas, y más de dos años después, el frasquito empezado sigue esperando que lo tiren a la miércoles. Hay que aprovechar ese impulso, porque mi casa es un soberano despelote, y quiero prolijidad. Lo cierto es que el estante del botiquín ahora cuenta con una generosa superficie pronta para volverse a llenar.

La siesta de la peque fue bastante larga, y aproveché a guardar ropa, pegar hojas de Mafalda salidas, y otras varias acciones mínimas pendientes. En otro momento hubiera probado alguna receta nueva (temo que eso es lo que hago en lugar de limpiar), pero sabía que íbamos a merendar tortas sobrantes de una fiesta de ayer.

Terminé despertando a Hija (increíble, pero cierto), para hacer una vuelta larga en coche hacia lo de mis padres. Es genial caerles de visita: ellos aman recibir a la nieta, y la nieta no le da bola a la madre en todo el tiempo que permanecemos.

Al regreso, de nochecita, hubo tiempo para plasticina antes de cenar, leer un cuento, y a dormir.

Un sábado de estos tiempos: con hija, auto, fútbol. Un sábado que dio para escribir en qviaje! Que no es poca cosa.

Tengan ustedes un buen domingo 🙂

El 2015 (o sea, Hija)

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Este ha sido un año de lo más interesante, por decirlo de alguna manera.

Lo empecé con una panza así de grande,  un miedo un poco mayor todavía, y un aburrimiento que no se quedaba atrás.

Luego vino Hija, el caos primero en que no sabía dónde estaba parada, y las lágrimas llegaban en cualquier momento, imprevistas. Venían a visitarnos, y yo aprovechaba a ducharme, y le pedía consejos a mi madre. También le mandaba mensajes por whatsapp con emoticones llorando. Y para todo precisaba la ayuda del padre.

De a poco las cosas se fueron asentando. Volví a cocinar algo, e incluso miré películas en las largas siestas que se mandaba Hija durante mi licencia maternal. Descubrí que poniéndola boca abajo sobre mi brazo se calmaba y dormía. De noche, enchupetándola, pegaba algún tirón interesante.

Más tarde vino la crisis de las no-siestas, el cambio de cuarto, el volver a trabajar, las despertadas nocturnas más frecuentes.

La mayoría de los avatares con la pequeña, me he dado cuenta, son aburridos de escuchar. Cuántas veces hice el raconto en voz alta de a qué hora se durmió y cuántas veces se despertó, y lo cierto es que a la gente no le importa. Una busca que la escuchen, pero no es fácil. Se da una situación muy curiosa, sobre todo ahora que la niña es más humana y se ríe de lo que uno hace. Ponele que la tiene a upa mi madre, y yo le estoy contando algo (cualquier tema). Bueno, ella no me escucha. Está mirando a e interactuando con Hija (en este caso, Nieta). La otra es los consejos. Contás que se despertó a la mitad de la noche y no la pudiste volver a dormir en dos horas, y te saltan con el remedio de la abuela: dejarla llorar. Así que, a la larga, una se da cuenta que lo mejor es omitir cualquier tipo de información. Te preguntan cómo está la beba, y respondés “Divina”. Y tá. Mostrás fotos si te piden (que es mucho menos a menudo de lo que a una le gustaría).

En el 2015, entonces, el tema central fue mi pequeña descendiente. Tema del que trabajé para desprenderme. Al principio era un pegote que me impedía hablar de otro tema o interesarme por asuntos ajenos (familiares, locales, mundiales). Luego descubrí que el resto de las cosas seguía discurriendo, y que las madres tienen que lidiar con eso: que no todo está centrado en nuestros hijos. En mi celular empezaron a aparecer fotos de paisajes, comidas, libros (sobre todo porque descubrí el mundo Instagram).

A medida que pasaron los meses, Hija fue adquiriendo períodos de independencia. Ahora, con 11, puede quedar un rato largo sentada agarrando cosas, siempre que alguna otra persona esté o pase por su campo visual. He leído capítulos enteros de libros sentada a unos metros de ella. Pero hay días en que todo es un quejido, y los períodos de sueño son más cortos que lo que deberían; mi paciencia se agota y termino gritando. Sólo espero que entre sus primeras palabras no esté La P. Madre.

Este año he trabajado a medias, sintiéndome por fuera de casi todo, y he salido bastante poco. Las juntadas con amigas, en casa. Tres películas en el cine, y una obra de teatro (taxi y corriendo de vuelta). Es que cada vez que preciso ir a algún lado, hay que pedir niñeros. Y uno no puede abusar (hay que guardar para lo importante: visitas médicas, entrevistas de trabajo).

He pasado más horas en el piso que nunca, he repetido todos los días las frases “dónde quedó el chupete?” “qué pasa?” “vamos a cambiar el pañal?” “por qué te despertaste si tenés sueño?”. He leído y comprado libros infantiles. De los buenos, que hay que alejarle para que no rompa, y de los de cartón, que puede chupar cuanto quiera, pero suelen ser calamitosos literariamente. Y he salido a pasear a lo bobo. El camino hacia lo de mis padres ya me tiene bastante aburrida! Si no vamos nosotros, vienen ellos (y aprovecho para cocinar). Todos los días se buscan formas de hacer reír (tan linda, la risa de un bebé!). Y de parar el llanto.

No me pongo mucho a pensar en todas las cosas que ya no puedo hacer. A veces es frustrante no poder terminar lo mínimo de las exigencias diarias. Otras, la paz se extiende hasta el punto en que no sé qué hacer (bastante infrecuente, igual). El otro día, sin embargo, me vino una nostalgia por esas noches de fin de semana en que me colgaba a ver una película por mi cuenta… Con Bé hemos mirado cosas, como toda la saga Star Wars (mi primera vez… muy divertida!), y la última temporada de Downton Abbey, pero siempre tenemos interrupciones. Y todo el tiempo que Ella está dormida y nosotros no, son horas de sueño que perdemos!

Este año va a quedar en mi historia personal y familiar como uno de los más importantes. Pero esto lo digo a nivel racional/histórico. Por más que yo tenga y viva una hija desde hace casi un año, no he logrado sentirme más madre que lo que era hace dos. No importa cuántos pañales cambie ni cuánta teta haya dado. Me parece muy raro pensar en Hija de más grande. Es como si un bebé fuera una especie de juguete, y las cosas se ponen en serio después, cuando ya no sos una pareja que decidió tener familia, sino una familia de tres (o cuatro, lo que sea). Me resulta difícil imaginarme el futuro, pero de a poquito iremos llegando.

Hija

Entre mis deseos / objetivos para el nuevo año está el ejercitar aún más la paciencia, para evitar los gritos, que a tan poco conducen. Quiero quejarme menos, hacer y disfrutar más. Quiero ser una madre coherente y razonable, y buscar el equilibrio entre todos los aspectos de mi vida.

Les deseo a todos los posibles lectores un 2016 en que puedan crear su propia felicidad y sentirse satisfechos consigo mismos.

Feliz año!

felicidad

deseándoles a ustedes…

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Es la víspera de Nochebuena y apenas soy consciente de que estamos en “Las Fiestas”. Hace días que me cuestiono si es cierto que ya terminé las compras navideñas, si no tengo que buscar algo de pasada por el shopping, y me queda la sensación de que algo me está faltando hacer.

Me gustaría, eso sí, hacer regalitos semi simbólicos a la familia. No al nivel de hace un par de años, en que les di a todos natillas en frascos, pero algo. Tengo tubos de papel higiénico que hacen unos paquetes muy lindos, pero ni idea con qué rellenarlos. También me gustaría pensar una actividad o decoración para mañana, pero sospecho que va a quedar en la nada. A ver, empecé a hacer galletitas con formas el sábado, y recién hoy miércoles terminé de hornearlas. Ahora habría que decorarlas. La forma que se me ocurrió para cortar las formas hoy de tarde fue poner a Hija en la silla de comer bien cerca para que viera, pero lo que realmente funcionó fue darle comida para que se entretuviera (la pocha). Últimamente invento mis actividades en su cuarto para que ella juegue por su cuenta, teniéndome a la vista (si no, no tarda en quejarse).

Estoy deseando disfrutar de las vacaciones e irme a La Paloma. El año pasado sólo fuimos un par de días porque tenía control médico y entraba al término del embarazo (que se extendió todo enero finalmente). Y como vamos acompañados, habrá otros que puedan entretener a Hija. Además, confío que el aire océanico y el viento caliente le permitan dormir toda la noche y me ayuden a un destete respetuoso y feliz (será mucho pedir?)

Me olvido de qué más quería divagar por acá. Un “acá estoy!” y un “Feliz Navidad!”.

Hasta pronto.

30 + Cosas que hice antes de los 30

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  1. Gimnasia artística (tenía 5 años y 0 dotes)
  2. Natación
  3. Terminar una carrera terciaria
  4. Abandonar una carrera terciaria
  5. Dar clases (poquísimas y gracias)
  6. Estudiar tres idiomas (uno de ellos por exclusiva voluntad propia!)
  7. Leer mucho
  8. El camino del Inka
  9. Caminar de Valizas al Cabo Polonio (ida y vuelta, a veces).
  10. Caminar de La Paloma a la Laguna de Rocha
  11. Recorrer casi todos los departamentos del Uruguay
  12. Viajar a Europa
  13. Conocer las Cataratas del Iguazú
  14. (Subir al faro de La Paloma, al cerro Pan de Azúcar, a la Torre Eiffell…)
  15. Hacerme la rata (un par de veces, no se crean)
  16. Tener cuenta en redes sociales (y abandonar la mitad)
  17. Casarme
  18. Cuidar a una bebé ajena.
  19. Cuidar a una bebé propia
  20. Tener una cesárea (una de las experiencias más bizarras que he vivido)
  21. Ganar premios (becas de computación que nunca usé; medallas de inglés; un viaje a Italia…)
  22. Ser abanderada y escolta
  23. Escribir trillones de cuentos y novelas (o solo sus inicios)
  24. Llevar cosas dulces a los cumpleaños familiares por años (y sigo)
  25. Hacer mis propias tortas de cumpleaños 🙂
  26. Probar decenas de recetas y postearlas en un blog
  27. Mantener un blog de boludeces por 8 años y contando
  28. Trabajar online (sin remuneración, una cagada)
  29. Trabajar de voluntaria (hermosas experiencias)
  30. Trabajar en pasantías
  31. Trabajar en inglés
  32. Ser operada (hasta este año, mi historial incluía solo una extracción de lunar y una muela)
  33. Irme a vivir con mi novio
  34. Convivir con un cuñado
  35. Comprar una casa (en conjunto)
  36. Reformar la casa viviendo en ella (y estando embarazada también)
  37. Ir al Pilsen Rock (de lo más osado que he hecho en mi vida! ja), a la fiesta de la X, a algún que otro toque y a bailar
  38. Hacer dedo (una vuelta viajamos en un camión a oscuras, otras veces nos levantaron parientes)
  39. Bañarme en la playa de noche
  40. Bajarme de un caballo antes de empezar a andar
  41. Traducir un libro entero (nunca me quedó bien del todo)
  42. Sacar muchas fotos de todo
  43. Ser feliz

Cosas que no llegué a hacer antes de los 30

  1. Publicar la lista de cosas que hice antes de los 30