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La industrialización de la torta frita

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Hoy Vero y yo fuimos a la feria del Parque Rodó (a pesar de que la promesa de día de sol no se cumplió).

Con tanto puesto largando olorcito, yo venía haciéndome a la idea de comprar garrapiñada, pero Vero se tentó con uno de tortas fritas.

Dudé. Hasta ahora venía evitando este alimento que es más grasa que otra cosa, a pesar de que me encanta (incluso me encanta el olor!). Pero soy de fácil convencimiento, así que allá fuimos.

Terrible cola había.  Mientras esperábamos, no pude evitar notar la forma del producto: perfectamente redondo. Qué hacen, las cortan con molde? me pregunté. Y ahí vimos los cuadrados de nylon que separaban una torta de la otra. Apiladas estaban. Atrás, cajas enteras con tortas fritas ya hechas, congeladas.

Qué pasó? Es que compran las cajas en estas casas de congelados? Ni siquiera, acabo de averiguar: basta que vayan a Tienda Inglesa y compren las Giuliana a $108 la docena. O en Multi Ahorro, las Comsa a $70. En esos casos le estarían sacando $16 y $19 respectivamente por torta frita, porque nos cobraron la barrabasada de $25. Ni siquiera estás amasando, flaco!!

Qué pérdida, gente! Qué robo! Y todavía el tipo se puso a contar los kilos de plata ganados y me hizo esperar como una zapalla con mi dinero en la mano para darnos las tortas fritas que ya estaban hechas.

Todo mal.

comiendo (x 2)

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Son las 20:25 y me espera la segunda tanda de queso provolone en el micro. Antes había comido dos mandarinas, y dos horitas más temprano, había merendado.

Así estoy, alimentándome a razón de una vez cada dos horas. Lo peor del caso es que no me sirve cualquier cosa. Por un lado, están las cosas que debería comer para nutrirme (y nutrir al crío) apropiadamente, y por otro las cosas que me dan ganas de comer y las que no.

El potecito de castañas de cajú, pasas de uva y maní que tenía en la mesa de luz ya ni lo toco (ahora los bañé con chocolate, a ver si mejoran mis ganas de ingerirlos). Las galletitas de sésamo, no, gracias. Las caseras con harina integral me miran desde hace días desde la lata… En cambio hoy me fui hasta La Estrella a comprarme grisines de queso porque se me había acabado el paquete anterior, que me había resultado un aliado. También voy gastando de a $16 en las barritas de cereales Arcor que son un despelote de ricas. En la heladera hay un pote de aceitunas porque me dijeron que eran buenísimas contra los malestares. Sin embargo, cuando me siento fulera yo me prendo a la botella de agua cual antídoto mágico (aunque no siempre funciona).

Cada mañana, antes de levantarme, hago un escaneo mental de los productos que podría consumir en el desayuno, y voy descartando lo que no me apetece (o que directamente me da asquito). Y así todo el tiempo estoy pensando en comida, analizando: me comería una torta frita? y un alfajor Milka de esos duritos? (la respuesta en ambos casos es sí, pero los voy a evitar).

Y luego está la hora de la cena, y la escasez de ganas de cocinar a veces es apabullante. Entonces me tiro en la cama, espero que venga Berni y me mime un poco. En el libro dice que es válido 🙂

Nunca me estresó tanto la comida.

Minientrada

Ayer llegué a casa pensando qué podía merendar que no fuera harina.

En eso llama Leti, que estaba en lo de Cris, esperándola con bizcochos.

Allá me fui. Me comí cinco. Justo antes de la pizza de los viernes.

Soy una genia para las “dietas*”.

*No hago dieta, sólo me planteo comer menos bestialmente de vez en cuando. Después de todo, tengo dos casamientos este mes.

harina