La nieve

Estándar

Prometo que es lo último.

Durante nuestra estadía en Italia en enero no vimos nevar. Fue un chiste, porque nevó en Torino cuando nos fuimos a Venezia, y en Venezia cuando volvimos a Torino.

Así que mis tíos nos llevaron a la montaña para que tuviéramos la experiencia de tocar, pisar, sacar fotos y estar rodeados de la más blanca nieve. El destino elegido fue Prali, que queda a una hora y media de Torino (si mal no recuerdo). Peque vomitó en el auto cuando todavía no habíamos empezado con las curvas de montaña, y, a diferencia del sábado anterior cuando también vomitó yendo a otro lado pero después se durmió, esta vez permaneció despierta, molesta y quejándose. Yo tampoco me estaba sintiendo muy bien hacia el final del viaje, entre oler la mezcla de vómito y toallitas húmedas, estar inclinada hacia el lado de Peque para intentar levantarle el ánimo, la creciente altura y las repetidas promesas incumplidas de “ya estamos llegando”. Pero sí, valió la pena.

Además de ver, tocar, pisar y fotografiar nieve, vimos de cerca la fauna deportiva: decenas de personas haciendo ski de fondo, o tirándose desde allá arriba, o con los carritos, enfundados en colorinchudos equipos y caminando sobre aparatosos zapatos ruidosos.

También respiramos aire puro.

Una experiencia inigualable, como quien dice.

Y a la vuelta Peque se durmió.

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(esto vendría a ser un arroyo)

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