Un sábado

Estándar

De mañana estuve intentando manualidades y fotos, pero no estaba inspirada. Y pensar en quedar boyando ahí, leyendo los mismos libros y jugando con los mismos juguetes, me embolaba. Así que decidimos ir a la feria de Villa Biarritz.

Ir de paseo a las ferias de ropa de fin de semana siempre fue algo que me gustó. Ir con amigas, charlando, comprarse alguna prenda y comer garrapiñada, ponele. El fin de semana pasado hice eso con una amiga, y llevé a la niña a upa la mitad del paseo porque viajar en ómnibus con el coche no daba (o sea, no me daban las manos), y la gurisa no quería caminar (se entiende, habiendo tanta gente!). Y fue muy cansador! Esta vez fuimos en auto, con el coche en el baúl, y el día se puso hermoso cuando salimos. Ideal para el plan trazado. Sólo que para estacionar en ese barrio, gente, imposible! Terminamos en el shopping, y ya nos metimos a almorzar, porque no nos iba a dar el tiempo de comer antes del compromiso siguiente de Adorado Esposo. El resultado fue que nos quedamos sin feria. Para diluir un poco mi frustración, cuando pasamos a comprarle un libro a mi madre por el cumple, agarré uno para mí también. Hay algo sumamente satisfactorio en elegir dos libros por la tapa y por algún mínimo comentario en la contratapa, y pumba! llevártelos, no? (estoy en un período en que quiero leer todo todo).

Regresamos a casa con una niña gritando. Se durmió casi en seguida y yo quedé sola en casa sin saber mucho qué hacer. Y saben lo que me entusiasmó? Limpiar el baño. No soy original? Lo que en realidad me motivaba era deshacerme de cosas, ordenar, recuperar espacios de esos que van siendo infiltrados por pequeños objetos insignificantes. Un día la dentista te mandó un enjuague bucal que te provocó náuseas, y más de dos años después, el frasquito empezado sigue esperando que lo tiren a la miércoles. Hay que aprovechar ese impulso, porque mi casa es un soberano despelote, y quiero prolijidad. Lo cierto es que el estante del botiquín ahora cuenta con una generosa superficie pronta para volverse a llenar.

La siesta de la peque fue bastante larga, y aproveché a guardar ropa, pegar hojas de Mafalda salidas, y otras varias acciones mínimas pendientes. En otro momento hubiera probado alguna receta nueva (temo que eso es lo que hago en lugar de limpiar), pero sabía que íbamos a merendar tortas sobrantes de una fiesta de ayer.

Terminé despertando a Hija (increíble, pero cierto), para hacer una vuelta larga en coche hacia lo de mis padres. Es genial caerles de visita: ellos aman recibir a la nieta, y la nieta no le da bola a la madre en todo el tiempo que permanecemos.

Al regreso, de nochecita, hubo tiempo para plasticina antes de cenar, leer un cuento, y a dormir.

Un sábado de estos tiempos: con hija, auto, fútbol. Un sábado que dio para escribir en qviaje! Que no es poca cosa.

Tengan ustedes un buen domingo 🙂

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