Un día en la vida

Estándar

8:30 suena el despertador. A mi lado en la cama finalmente duerme plácida mi hija. Pero como estuvimos una hora o más dando vueltas de madrugada (haciéndola dormir, y luego, ante la imposibilidad, sentadas en la cocina comiendo algo y lavando la loza), decido correr el despertador hasta 9:20. Ventajas de mi horario laboral.
A la larga me levanto, dejando a Hija y Esposo en la cama. Mientras desayuno se despierta ella, llamando “mamá”. Al ratito me despido y me voy a trabajar.
Son poco más de cuatro horas de libertad (o lo más cercano a ella). Me siento a la computadora sin que nadie se me trepe, y escucho a adolescentes sin más interrupciones que los timbres.
A la salida, recibo mensaje de mis padres: les queda de pasada levantarme. Ya de paso van a recoger a la niñera (mi tía),  y ver si pueden interactuar con la nieta.
Ella duerme. Pero ansían tanto que se despierte, que no tarda en hacerlo. Esa fue mi última oportunidad de hacer cosas sin ella dándome vueltas. Cuando se van los abuelos y tía, me siento a comer con ella a upa: está todavía con modorra, así que es menos independiente que de costumbre. Por supuesto, me pide comida. Y le doy. Una vez cubierta esa necesidad mía, vamos a su cuarto para dedicarle toda mi atención. Esa es mi intención ese día, en vez de intentar ver instagram mientras ella se distrae. Trato de hacer cosas diferentes, dado que ya pasamos casi todo el finde semana adentro. Saco los drypens, ella los destapa y dibuja. Le pinto la mano para intentar obtener su huella, pero no funciona: queda una mancha amorfa. Ahora es ella la que me pinta a mí. También quedan manchas en su cara y ropa (y eso que le puse una remera mía para cubrir un poco!). Al rato la siento a merendar; ya que está sucia, dejo que coma por su cuenta el yogur, y mientras tanto voy preparando el baño. Los potes más cercanos van a parar al bañito, junto al pato termómetro. Pero le tengo que sacar los baldecitos porque se pone a tomar agua de ellos. Secado, vestimenta, secador de pelo, y vuelta a bollar con muñecos, autitos y libros mientras yo vacío el bañito. En cierto momento la llevo a mi cuarto y la dejo que vacíe todo mi cajón. Da gracia verla tirar para atrás los papeles, descartando lo que no le interesa. Un par de veces subimos a visitar al padre que trabaja desde casa, abandonando rápidamente porque quiere tocar todo, y ahí no se puede. Rescato un colchón para jugar en el piso. Bailamos el vals. La llevamos a upa al súper de la esquina. Y finalmente le damos la cena. Ahí empieza la mini rutina preparatoria para dormir: cena, dientes, pañal, pijama, cuento y a dormir. Y funciona. Porque estaba muerta. Así que termino de preparar la cena y hago una torta. No da para más porque, no habiendo pasado ni una hora, Hija se despierta. Es el comienzo de la pesadilla. La de esta noche consiste en dormirse en brazos de la madre, pero llorar en la cuna, volver al comedor mientras padres cenan y llorar todo el tiempo, terminar en la cama grande y no quedarse nunca quieta, arrancándome los pelos ya de paso, dormirse en brazos para terminar una vez más en nuestra cama. 
O sea que el estar muy cansada tampoco sirve para que duerma el tirón larguito que solía hacer. O sea que acostarse con sus padres no garantiza una noche de corrido, o sea que esto está cada vez peor, o sea que no tengo tiempo para leerme el capítulo de un libro. Es desesperante pensar que no tenés minutos en el día para vos.
Pasará pasará?

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