A los 16

Estándar

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A los 16 meses, Hija aún no camina sola. De la mano, sí. Agarrada de barandas, sí. Se para todo el tiempo, también. Pero no se ha animado a largarse. Sigue recurriendo a desplazarse con la cola, para desgracia de sus pantalones.

Anda en buggy, dobla y se baja sola (pasando por arriba de todo). Le da la mema a las muñecas, y pasea su camión. Traslada ítems de un recipiente a otro. Intenta ponerse ropa. Le gusta sacar todos los libros de su biblioteca, y de la mía también (esas cajas que se ven en la foto). Y los álbumes de fotos del living. Y todo lo que está en la mesa ratona del comedor. Y el contenido completo de la alacena. Y mi ropa interior de los cajones. Nuestra casa siempre parece un campo de batalla.

En cuanto a los libros, los reconoce por sus personajes o lo que dicen. Pasa las hojas y te los da. Cuando yo me pongo a mirar o leer uno, se sube a upa. No siempre me deja leerlos en su orden natural. E interrumpe para señalar lo que reconoce: “abu”, “gato”, “pitita” (pelota). Y así (la parte libros es la que más me enorgullece).

También le gusta cantar. De repente empieza “la la la”, y mueve la cabeza. Mi hermano y mi cuñada le enseñaron la música del pericón, y es la que más repite. Cada tanto toca el xilofón.

Su vocabulario se expande a diario, y no deja de sorprenderme. Le encanta repetir lo que decimos, y pedir lo que quiere (“titita” es galletita, pero ahora aprendió a decir torta). También nos empezó a decir cada vez que hace caca (aunque no es muy confiable todavía).

Tiene pocas instancias de socialización con sus pares, pero hace un tiempo que demuestra interés en otros niños. La última vez que la llevamos a consulta, hace un mes, terminó a upa de otra nena en la sala de espera. Con su prima, que es más grande y vive lejos, tiene un poco de distancia y desconfianza. La otra vez descubrimos algo nuevo en Hija, y fue que reaccionó -mal- ante un quite de juguete de la otra: intentó conservarlo con un manotazo, y pegó terrible grito berrinchudo. Esa! Hasta ahora había asistido pasivamente al poder de la mayor.

De nochecita, con el sueño, se pone un poco insoportable. No quiere que la dejes por nada, y si la ponés en la silla para cocinarle, se impacienta y arranca: “am! am! AAAAMM!”. Guacha ‘e miércoles.  Tira todo desde ahí arriba, no hay caso.

Luego vienen las noches, interrumpidas cada pocas horas. Hay veces que no hay forma de que se vuelva a dormir en su cama. En brazos sí, pero cuando la acuesto llora. Y cuando se despierta no quiere saber de nada con el padre. Yo me siento en el sillón con ella y paso rato boludeando en Instagram, Facebook y demás, esperando que se duerma profundo. Ahora, cuando ya me acosté, entré en el sueño profundo, y tengo que salir a la casa helada para pasarme igual una hora intentando que vuelva a dormir… ahí es cuando tiro la toalla y me la llevo pa’ la cama grande, con el consentimiento cansino del padre. Ahí sí que duerme toda la noche… casi siempre.

Qué personaje. Nada se compara con vivir con una niña.

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