Lo que “Lo que el viento se llevó” me dejó

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Chiquilines, estuve prácticamente todo lo que va del año leyendo un solo libro. Gordo, escrito en columnas (!), y en inglés. Una historia detallada de la Guerra de Secesión estadounidense contada desde el sur, basada en la ciudad de Atlanta (que ahora quiero ir a conocer). Casi casi que apoyás la esclavitud y todo. Y entendés algo del Ku Klux Klan.

A la vez, por supuesto, está la mítica historia de Scarlett O’Hara y Rhett Buttler. Digo mítica, pero yo no tenía idea de qué iba la novela. En absoluto. A lo sumo me sonaba el poster de la película (que tendré que ver).

Si algún lector anda por aquí y tiene intenciones de leer el libro o ver la película y no quiere tener ni siquiera mínimos spoilers, quizá le convenga seguir navegando por la web sin leer lo que sigue.

Son años de idas y vueltas, y vos ya lo ves al galán ahí, queriendo conquistarla, y querés que terminen juntos (bueno, yo, yo quería eso). Pero son muchas las cosas que pasan. Scarlett tiene que pasar de ser una niña mimada a ponerse al hombro su vida y la de unos cuantos otros, además de la plantación de algodón de su padre. Y cuando pensás que los golpes de la vida la van a hacer madurar y abandonar sus caprichos, ves cómo pasa a tener un sólo objetivo: tener plata. También ves cómo la sociedad la condena por ponerse al mando de empresas consideradas masculinas. Por otro lado, Rhett, que aparece y desaparece de escena con asiduidad, es un caradura a quien no le interesa aparentar ni esconder que su riqueza proviene de la especulación. Son los momentos en que muestra ternura en sus actos los que uno espera, aunque no son tantos.

Hacia el final del libro, cuando uno (yo, sí, yo) piensa que las cosas se van a encaminar para tener un lindo desenlace, todo parece desmoronarse y escurrirse entre las páginas irremediablemente. A mi humilde entender, la novela termina muy mal, salvo, ponele, por la última frase. Lo terminé hace un par de días y  no pude evitar llorar. Lo fui a buscar al Bé para abrazarlo un poco. Me quedó el corazón estrujado todo el día siguiente… Ahora ya no sufro tanto al pensarlo: supongo que luego la vida misma hace olvidar un poco.

Y así arrancamos el 2016 lector. Un clásico más para engrosar la lista de los ya leídos.

Qué vendrá ahora?

 

 

 

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