El 2015 (o sea, Hija)

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Este ha sido un año de lo más interesante, por decirlo de alguna manera.

Lo empecé con una panza así de grande,  un miedo un poco mayor todavía, y un aburrimiento que no se quedaba atrás.

Luego vino Hija, el caos primero en que no sabía dónde estaba parada, y las lágrimas llegaban en cualquier momento, imprevistas. Venían a visitarnos, y yo aprovechaba a ducharme, y le pedía consejos a mi madre. También le mandaba mensajes por whatsapp con emoticones llorando. Y para todo precisaba la ayuda del padre.

De a poco las cosas se fueron asentando. Volví a cocinar algo, e incluso miré películas en las largas siestas que se mandaba Hija durante mi licencia maternal. Descubrí que poniéndola boca abajo sobre mi brazo se calmaba y dormía. De noche, enchupetándola, pegaba algún tirón interesante.

Más tarde vino la crisis de las no-siestas, el cambio de cuarto, el volver a trabajar, las despertadas nocturnas más frecuentes.

La mayoría de los avatares con la pequeña, me he dado cuenta, son aburridos de escuchar. Cuántas veces hice el raconto en voz alta de a qué hora se durmió y cuántas veces se despertó, y lo cierto es que a la gente no le importa. Una busca que la escuchen, pero no es fácil. Se da una situación muy curiosa, sobre todo ahora que la niña es más humana y se ríe de lo que uno hace. Ponele que la tiene a upa mi madre, y yo le estoy contando algo (cualquier tema). Bueno, ella no me escucha. Está mirando a e interactuando con Hija (en este caso, Nieta). La otra es los consejos. Contás que se despertó a la mitad de la noche y no la pudiste volver a dormir en dos horas, y te saltan con el remedio de la abuela: dejarla llorar. Así que, a la larga, una se da cuenta que lo mejor es omitir cualquier tipo de información. Te preguntan cómo está la beba, y respondés “Divina”. Y tá. Mostrás fotos si te piden (que es mucho menos a menudo de lo que a una le gustaría).

En el 2015, entonces, el tema central fue mi pequeña descendiente. Tema del que trabajé para desprenderme. Al principio era un pegote que me impedía hablar de otro tema o interesarme por asuntos ajenos (familiares, locales, mundiales). Luego descubrí que el resto de las cosas seguía discurriendo, y que las madres tienen que lidiar con eso: que no todo está centrado en nuestros hijos. En mi celular empezaron a aparecer fotos de paisajes, comidas, libros (sobre todo porque descubrí el mundo Instagram).

A medida que pasaron los meses, Hija fue adquiriendo períodos de independencia. Ahora, con 11, puede quedar un rato largo sentada agarrando cosas, siempre que alguna otra persona esté o pase por su campo visual. He leído capítulos enteros de libros sentada a unos metros de ella. Pero hay días en que todo es un quejido, y los períodos de sueño son más cortos que lo que deberían; mi paciencia se agota y termino gritando. Sólo espero que entre sus primeras palabras no esté La P. Madre.

Este año he trabajado a medias, sintiéndome por fuera de casi todo, y he salido bastante poco. Las juntadas con amigas, en casa. Tres películas en el cine, y una obra de teatro (taxi y corriendo de vuelta). Es que cada vez que preciso ir a algún lado, hay que pedir niñeros. Y uno no puede abusar (hay que guardar para lo importante: visitas médicas, entrevistas de trabajo).

He pasado más horas en el piso que nunca, he repetido todos los días las frases “dónde quedó el chupete?” “qué pasa?” “vamos a cambiar el pañal?” “por qué te despertaste si tenés sueño?”. He leído y comprado libros infantiles. De los buenos, que hay que alejarle para que no rompa, y de los de cartón, que puede chupar cuanto quiera, pero suelen ser calamitosos literariamente. Y he salido a pasear a lo bobo. El camino hacia lo de mis padres ya me tiene bastante aburrida! Si no vamos nosotros, vienen ellos (y aprovecho para cocinar). Todos los días se buscan formas de hacer reír (tan linda, la risa de un bebé!). Y de parar el llanto.

No me pongo mucho a pensar en todas las cosas que ya no puedo hacer. A veces es frustrante no poder terminar lo mínimo de las exigencias diarias. Otras, la paz se extiende hasta el punto en que no sé qué hacer (bastante infrecuente, igual). El otro día, sin embargo, me vino una nostalgia por esas noches de fin de semana en que me colgaba a ver una película por mi cuenta… Con Bé hemos mirado cosas, como toda la saga Star Wars (mi primera vez… muy divertida!), y la última temporada de Downton Abbey, pero siempre tenemos interrupciones. Y todo el tiempo que Ella está dormida y nosotros no, son horas de sueño que perdemos!

Este año va a quedar en mi historia personal y familiar como uno de los más importantes. Pero esto lo digo a nivel racional/histórico. Por más que yo tenga y viva una hija desde hace casi un año, no he logrado sentirme más madre que lo que era hace dos. No importa cuántos pañales cambie ni cuánta teta haya dado. Me parece muy raro pensar en Hija de más grande. Es como si un bebé fuera una especie de juguete, y las cosas se ponen en serio después, cuando ya no sos una pareja que decidió tener familia, sino una familia de tres (o cuatro, lo que sea). Me resulta difícil imaginarme el futuro, pero de a poquito iremos llegando.

Hija

Entre mis deseos / objetivos para el nuevo año está el ejercitar aún más la paciencia, para evitar los gritos, que a tan poco conducen. Quiero quejarme menos, hacer y disfrutar más. Quiero ser una madre coherente y razonable, y buscar el equilibrio entre todos los aspectos de mi vida.

Les deseo a todos los posibles lectores un 2016 en que puedan crear su propia felicidad y sentirse satisfechos consigo mismos.

Feliz año!

felicidad

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