Muchas manos en un plato

Estándar

Perdonen si el hilo conductor se enmaraña un poco.

Es todo un tema esto de tener hijos, no? (y hablo en plural aunque tenga solo una).

Un ser humano nuevito, con solo algunas cosas predefinidas, con sus instintos y sus etapas evolutivas más o menos previsibles, pero que es prácticamente una cuaderno en blanco (o un blog!).

Es tentador convertir a esa persona bebé en Tu Proyecto Personal. Que es lo que hacemos todos los padres al definir los métodos de crianza, ya sea adoptando una teoría o en cada decisión que uno toma respecto al pequeño.

Por ejemplo, en casa a la niña le leemos prácticamente desde que nació. Porque yo quiero que a mi hija le guste leer. De hecho, no me imagino que a alguien tan cercano a mí le resulten indiferentes los libros, porque creo que son una de las cosas más fantásticas del universo. Así que voy a hacer todo lo posible para que asocie la lectura a un momento ameno y cariñoso entre madre (o padre) e hija, y nunca una obligación.

El tema, señores míos, es que no estamos solos en esta tierra. No somos solos mamá e hija. Está el padre (que me discute creencias), los abuelos, los tíos, los amigos, los allegados, y cientos de miles de desconocidos que también opinan, influencian, e interfieren en este Proyecto Nuevo Individuo.

En FB me integré a un grupo de madres “extremistas”. Muchas usan pañales de tela, casi todas portean, colechan y dan la teta a demanda y forever. Aplican el baby led weaning, no castigan, reniegan de la palabra maña y son seguidoras absolutas de Carlos González (pediatra español). Toda la comida es casera, evitando el azúcar y la leche de vaca (sustituida por las leches vegetales). Yo, que aparezco en el diccionario ilustrando el concepto Término medio, estoy de acuerdo con algunas cosas, y observo azorada otras. Leo sus opiniones y la filtro, aunque supongo que cada vez me convencen más en ciertas cosas.

Y una de las cosas a las que llegué por este grupo fue la teoría de Emi Pikler de moverse en libertad (link a un blog sobre esta teoría). Dice que hay que dejar al niño en posición horizontal, boca arriba, con espacio suficiente y ropa cómoda, y dejar que él solo se mueva y vaya aprendiendo las distintas posturas. El adulto no interviene, no lo pone en otras posiciones para que aprenda, especialmente no lo pone boca abajo. Si usted va y lee cualquier libro sobre bebés pequeños, o busca en internet, va a encontrar la recomendación inevitable de hacer un poquito de tummy time varias veces al día, para que el pequeño fortalezca la musculatura que le permitirá sostener la cabeza, gatear, etc. Pero esta mujer Pikler decía que no era necesario, que los niños van haciendo todo solos, y obviamente es mucho mejor que aprendan por sus propios medios en lugar de ser manipulados por los adultos y obligados a mantener posiciones que evidentemente no le gustan. Yo adopté en seguida esa teoría, y empecé a dejar a la beba el mayor tiempo posible en el piso, con juguetes alrededor.

Pero al cuarto mes, cuando tuvimos nuestra primera consulta con la pediatra definitiva (antes tuvimos todos suplentes distintos), la mujer la puso boca abajo, vio que la cabeza se le hundía en la camilla, y dijo: hay que ejercitarla. Bastó eso para que se me fuera al carajo la teoría. Se dan cuenta? Y ahora, en la consulta del sexto mes, dijo la doctora: siéntenla. Y allá vamos nosotros a forzarla a otra posición para la que todavía no está preparada por su cuenta. Todo por qué? Porque tiene que empezar a comer, y para comer tiene que poder sentarse en la sillita. Y yo voy y le comento esto a mi tía la babysitter, y me dice toda contenta: “pero esta niña se sienta! Yo la pongo con almohadones”…

A eso me refiero cuando hablo de las interferencias en la crianza. La doctora. Mi tía. La edad de empezar a comer.

Y si no puedo tomar este tipo de decisiones, qué queda para otras del tipo: “no quiero que mi hija mire tele antes de los dos años” si en lo de los abuelos hay una tele gigante prendida todo el tiempo. Ponele que ellos me respetan (y dicen: “ah, bandida, estás mirando” cuando a la beba se le van los ojos), pero estoy segura de que después viene cualquier persona y dice “ah, qué le va a hacer un poco de tele” y la enchufan ahí. O le dan comidas que yo no quiero que coma en un principio.

Este proyecto mío, queridos misteriosos lectores, es también proyecto de mi esposo, que tiene toda una serie de planes a concretar con su hija (tales como “hacer cosas peligrosas” y “navegar”). Y es proyecto de mi suegra, que le va a comprar instrumentos musicales y ya me dijo que sí o sí la tengo que mandar a yoga. Y probablemente sea el proyecto de mi tía (hacer lo mismo que con mi sobrina), de mis padres y mis hermanos (no sé cuáles son sus planes, sinceramente). Y una va a tener que conciliar, pelear y probablemente ignorar muchas de las cosas que sucedan en el proceso de crianza de esta hija que tengo. Es frustrante.

Para ir terminando, decir que obviamente que el término proyecto aplicado a un niño es horrible, y que sé que cada bebé es un individuo (como dice babycenter). Yo solo estoy llena de expectativas para que mi hija sea una niña sana física y mentalmente, y quiero tomar las mejores decisiones con ese fin. Ojalá pudiera.

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