Relato de un nacimiento (con cesárea y detalles). Parte 2

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(Continúa)

Cuando me dijeron que me tocaba cesárea, me vino una angustia! Culpemos a las hormonas: por varios días me acordaba del hecho y me venían lágrimas a los ojos.

Pero a la vez era un alivio saber que toda la historia se resolvía, que no tenía que seguir tolerando las contracciones, y que finalmente iba a nacer mi hija. El padre de la criatura y todo el personal que se me cruzó hizo lo que pudo para levantarme el ánimo. Primero las enfermeras que vinieron a ponerme el uniforme verde y la sonda vesical (y a sacarme la oxitocina! habrán tardado cinco minutos, pero yo ya estaba histérica: si me van a operar, no me dejen tener más contracciones!), luego el camillero que me llevó al block (“yo si fuera mujer, pediría siempre cesárea”), el camillero que me recibió en el block (haciendo chistes), la anestesista y otras personas que no tengo idea qué funciones cumplían, pero que me preguntaron quién venía, mientras esperábamos que aparecieran todos los del cambio de turno y el médico. Esperando boca arriba, incómoda, y con contracciones. Ahí el padre se pone toda la vestimenta de cirugía, pero lo mandan a otro cuarto mientras a la madre le enchufan una aguja así de grande en algún punto de la columna (una de las razones por las que no quería analgesia epidural en el parto era que me daba cuiqui esa aguja).

Me acostaron, y mientras empezaba a sentir el cosquilleo en mis piernas, indicación de que se dormían, me pusieron unas telas azules (campos) frente a la cara (unos 50 cm?), impidiéndome ver nada. Un brazo con el aparato de tomar la presión, en el otro me pusieron un aparatito en el dedo (?). Me pegaron varios “pegotines” en el pecho, y la verdad que no sé qué más. Sé que en cierto punto empecé a sentir terrible presión sobre mi cuerpo, que me hacía torcer el cuello y dolía mucho. Según Bé, había un tipo colgado sobre mí, haciendo fuerza para empujar a la niña. La anestesista, que estaba atrás mío, me decía que respirara profundo. Imposible. Casi no podía respirar! También me decía que faltaba poquito. Y en eso empiezo a sentir comentarios del tipo: “Mirala!” “Ah, cómo hace!” “Qué divina”. Y un llanto. Había nacido mi hija!

Miré para atrás, donde estaba el padre (medio tieso ahí). “La ves?” Le pregunté. Y “Andá a verla!”. No me estaba dando mucha bola, pero ahí lo llamaron para que fuera a ver los exámenes que le hacen al nacer. Según él, la niña salió morada, y era como un alien (él no hubiera dicho “divina”, pero los médicos y enfermeros verán otras cosas…).

Al ratito me la trajeron para ver. La sostuvo una enfermera, envuelta en unas sábanas, y me la mostró medio de atrás y cotelete. No recuerdo qué le dije. Sé que estaba con los ojos abiertos. En seguida se la llevaron, en incubadora, a la nursery, seguida por el padre, para terminar con los controles y torturas de rutina.

Y yo quedé ahí, medio drogui. Pregunté qué hora era y a qué hora había nacido (00:03). El ginecólogo se asomó por atrás de los campos y me dijo: “Es divina!” (yo lloraba). Creo que después se fue. Mientras terminaban conmigo, el resto de los médicos charlaba de cualquier cosa. La anestesista se había ido a dormir convencida de que no la iban a llamar. El que se me había subido arriba contó una historia tétrica de cómo murió una muchacha. El clima era totalmente distendido. Luego pasamos a la parte de mi traslado. Como un muñeco, me pasaron de la camilla del block a la que me iba a transportar a la habitación (lo mismo al revés): mediante el uso de las sábanas que estaban abajo mío: la rotamos para acá, la trasladamos para allá (un, dos, tres!). Bizarro.

Cuando finalmente salí del block, lo primero que vi fue la cara de mi madre, seguida de la de mi padre. “Es preciosa!” me dijeron. Y yo: “Qué hacen acá?” Habíamos avisado que íbamos a cesárea, pero no esperábamos que viniera nadie. La habían visto pasar, y en brazos del padre en la nursery. Luego la vinieron a ver un minuto en la habitación, y se fueron.

Al entrar a la habitación saludé con la mano a una figura medio a oscuras que se hacía masajes en la panza (para ayudar a contraer el útero, me enteré después). Era la mamá de Manuela, nuestra compañera de cuarto. Me pasaron a la cama, dejándome totalmente horizontal, sin almohada, y al ratito aparecieron la beba y el padre, con par de enfermeras que me prendieron a la niña al pecho. “Mirá como se prende!” “Cuánto le sale!” Pero yo no podía mirarla: “No la mires, que te mareás”. De hecho no estaba bueno mover la cabeza; era cierto que me mareaba. Imagínense la escena: el padre sosteniendo la niña sobre la teta de la madre, la madre con la cabeza hacia el otro lado, vomitando. Recuerdo vagamente esa noche: Berni levantándose a atender a la niña, y yo durmiendo. No sé si la puso de vuelta sobre mí. Me acuerdo que en cierto momento que la beba no se calmaba, una enfermera le inventó un chupete con una tetina de mamadera, tapando el agujero con una gasa. La misma enfermera quiso darle complemento a mi hija (lo qué?? por qué??), pero la disuadimos cuando le dijimos que en realidad se prendía divino, que no había necesidad. En cierto momento vino alguien a enseñarle a Berni cómo cambiarle el pañal y limpiar el ombligo. Yo me limité a correr las piernas para hacer lugar y observar.

A la mañana, cuando mis piernas habían recuperado el movimiento, vinieron a limpiarme, cambiarme y sacarme la sonda. Me hicieron incorporar (me marée) y pasarme al sillón mientras cambiaban las sábanas. Mi querido esposo se había ido a intentar dormir (pero la noticia se había filtrado, no pararon de caerle mensajes demandando información), y yo me quedé con mi madre. Ahí tuve el primer vínculo consciente con mi hijita. Le di yo la teta, y la calmé sobre mi pecho cuando estuvo inquieta. Por lo demás, se durmió todo. Luego estuvo el acostumbrarse a mi nuevo cuerpo (con una gran panza todavía), volver a caminar, ir al baño y limpiarse con un líquido lila…

Durante toda la estadía postparto (todo el martes, miércoles, y mitad del jueves) hubo una permanente circulación de enfermeras y doctoras, de distintos grados, roles y uniformes. Venían en grupitos de tres, a ver a la nena (pañal, ombligo), tomarme la presión, darme antibióticos y preguntar si tomaba de los dos lados, cómo me sentía, etc. La pediatra (que elegimos por un mero tema horarios), el pastor a entregar folletines bastante pedorros. También pasaban las nutricionistas, con una laptop, preguntando si había movilizado y si había comidas que no me gustaban. Lo primero que comí en horas fue una gelatina light que no me gustó; luego hubo mucha comida dulce como almuerzo o cena (zapallo…). Sopa. El helado nunca lo llegué a comer frío: mis horarios de alimentación coincidían con los de la niña, o con la satisfacción de sus otras necesidades, o con la intervención de personal médico… Venían a retirar la bandeja horas después, y yo todavía no había terminado.

La segunda noche la pasamos solos. Buenísimo porque la niña lloró bastante, y uno se siente menos culpable. Yo no estaba del todo bien todavía, y me resultaba difícil incorporarme para comprobar que todo estuviera en orden. Había pedido calmante, lo que no había previsto era que me lo dieran por suero, con toda la aparatosidad que eso implica.

Al día siguiente vino una parejita joven (18 y 19 años) a tener por cesárea a su hijo. A la noche, los dos críos se alternaron para llorar. Una vez que me hube dormido, aparecieron las enfermeras a revisarnos, y quisieron despertar a la bebé! (nooo!). “Cuándo comió?” A las 2 am. “Ah, entonces la tenés que despertar para comer en un ratito” (con tono de amenaza). Ya de temprano me di cuenta que soy de terror para recordar horarios, e incapaz de despertar a un bebé para darle de comer. Me he tranquilizado leyendo un cartel en la policlínica que decía que no había que mirar la hora para dar de comer, que es a demanda… La otra noche durmió 5 horas, y qué?

Me desperté el último día habiendo pasado del calostro (gotitas amarillas espesas) a leche en cantidades industriales (gracias a toda la oxitocina que me dieron: al final no fue tan al pedo!). Mis tetas chorreaban y estaban duras como rocas. Una enfermera me recomendó un baño, agua tibia, masajes y extracción. Y así empezó esa otra odisea, la de la leche materna…

Por el pasillo nos cruzamos con un par de padres de las clases de parto. Me dio pena no llegar a saludar a las madres. Irónicamente, las tres terminamos en cesárea. Una escucha hablar de epidemia de cesáreas, y todas las que son programadas por capricho, si se quiere, y piensa que su caso va a ser distinto. Y sin embargo, ahí estábamos las tres intervenidas quirúrgicamente… ellas tendrían sus motivos, como yo.

El miércoles el ginecólogo que me atendió ya me dio el alta. A la bebé se la dieron una vez que cumplió las 48 horas. Fue caótica la salida, porque coincidieron visitas médicas, teta, pañal y almuerzo (y vestirse por primera vez!) Además, en el hospital empezaban reformas y estaban mudando a todo ese pasillo. Salimos corriendo con una niña llorosa, que se calmó una vez que empezamos a caminar, y durmió con cara de satisfacción total durante todo el trayecto a casa.

Siguen días cansadores, después de un nacimiento. Se complica ordenar, cocinar, comer, salir… Con el aditivo de mucha hormona en la vuelta que hace que llore angustiosa mínimo un par de veces al día.

Para concluir este relato: no tuve el parto que pretendía, y no disfruté la cesárea. Me queda la duda de cómo habría sido tener a mi hija por parto natural, cómo habría aguantado. Quizás lo sepa un día. Pero es hora de cerrar esa etapa. El parto es cuestión de unas horas, un día, y lo interesante es lo que viene después. Tengo una hermosa niña dormida al lado mío. La hicimos entre mi esposo y yo, y ahora somos responsables de su cuidado (de por vida!). Día tras día de teta, pañales, arrullos y una cantidad desbordante de embelesamiento.

Le deseo toda la suerte a este blog para no volverse exclusivo de bebés y crianza!

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  1. Tantas felicitaciones! Me encantó tu relato, y las estupendas noticias. Quedé en shock con eso de que durmió 5 horas de corrido! Fabuloso! Que les dure!

    • Gracias, Pancho! Me alegra que te haya gustado el relato, lo escribí con toda la sinceridad que pude. Sabés que no fue la única vez que hizo un tirón de 5 hs? Es tan impredecible! Jaja

  2. Felicitaciones! Lamento que no hayas tenido el parto que querías… Mi mejor amiga fue mamá hace 4 meses y también le tuvieron que inducir con oxitocina. Ella con pánico por la posibilidad de una cesárea, pero al final se salvó. Después lo de la leche materna es todo un tema, en Uruguay les quieren enchufar complemento como si nada, qué bueno que se pusieron firmes para que no se lo dieran 🙂 Te mando un saludo y te felciito de nuevo por ese pedazo de ti que trajiste al mundo 🙂

  3. Gracias! Qué se le va a hacer. Veremos cómo me va en el próximo! 🙂 Sí, no sé por qué joden con el complemento, igual fue una enfermera aislada. Totalmente satisfecha con leche materna

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