Reflexiones desde el tercer trimestre

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Escuchando a Mozart para beneficio de mi pequeña (y mío, por qué no), me siento a ver si me sale escribir algunas de las tantas cosas que pasan por mi cabeza de embarazada de 30 semanas.

El tema parto está presente hace ya un rato. Ya no lo empujo hacia atrás. Estoy leyendo ese capítulo del libro, y busco las experiencias de las madres con que me cruzo. La ignoracia que tenía sobre el tema evidentemente surgía de la falta de interés. Que las contracciones son los empujones del útero para echar al bebé, y que el parto puede ser como 24 horas después de las primeras contracciones dolorosas. Quizá usted lo sabía.

Lo que yo sabía era que en el embarazo te crecía la panza y se cortaba el período. No mucho más. Vómitos, porque uno ve películas. Y, al final, gritos, agua caliente, unas tijeras y una palmada.

Lo que todavía no conozco es la calidad e intensidad del dolor. No me lo puedo imaginar, por más que lea descripciones. Así como soy incapaz de visualizar cómo voy a reaccionar ante todo eso. Tiendo a pensar en que me voy a frustrar. Cómo te pueden enseñar a respirar (para darle oxígeno al bebé con las contracciones) y a pujar (pa’ que salga!)? Tengo una cierta desconfianza en mi habilidad con esas técnicas (aunque recién empezamos las clases de parto). Me viene a la mente la clase de música de segundo, en que la profesora intentaba sin éxito que yo siguiera un ritmo de percusión tocando un baldecito. Todos habían agarrado el ritmo (incluso los que tenían que raspar la lapicera contra el rulo de la cuadernola), y yo era la única nula.

Pero por otro lado soy optimista. Millones de mujeres lo han hecho, así que no veo por qué yo no.

Aparte de eso, estoy viviendo una buena etapa del embarazo. Ya no tengo ese dolor de pierna que me impedía caminar (así que debería salir a caminar), y no me desvelo de noche. Algunas veces me despierto tres o cuatro veces, pero vuelvo al sueño, y ya no me molesta tanto el lado izquierdo. Tuve un calambre una vez. Sentí acidez una vez. La gente me cruza y me dice “cómo saltó! es pura panza…  no has engordado nada!” y yo sonrío, diciendo que todo marcha bien. En cuanto a las preguntas y comentarios de los niños, difieren un poco:

“cuánto tiene tu bebé?”

“cuántos días faltan para que nazca?”

“estás embarazada?”

“ya nació tu bebé?”

“la vas a mandar a este colegio?”

“si nace el 15 de enero, decile que es mi cumpleaños” (esto me recuerda: hoy me crucé con una nena que me dijo, toda contenta: “sabés qué? el 3 de diciembre es el cumpleaños de mi hermana!” … adoro a los niños).

Y la nena se mueve. Me miro a cada rato la panza, buscando las deformaciones, y toco, intentando comunicarme, pero no reconozco ninguna parte de su cuerpo. Cada vez que me encuentro con mis padres y hermanos (y alguna otra persona por ahí), se da la bizarra situación de varias manos sobre mi panza, varias cabezas concentradas y expectantes, y yo quieta y seria, no sea cosa que se confundan mis movimientos y risa con los de la bebé. Movimientos que no suelen darse en esos casos. Típico que se mueve como loca hasta que llamo la atención de los interesados. Ahí, nada.

Empezamos las clases de preparación para padres, que funciona a su vez como terapia grupal. En la de ayer, hablamos de la alimentación del bebé a los 6 meses. Pavada de viaje en el tiempo! También se habló de la alimentación saludable en general. Por ejemplo, del exceso de azúcar. Y como yo estoy levemente preocupada con la cantidad de azúcar que consumo, y no puedo saber si tengo diabetes gestacional porque no superé la prueba de la curva de glicemia, hoy para merendar compré solo bizcochos salados (y rellenos de queso, por el calcio). Soy divina.

Estaría bueno poder dedicarse a estar embarazada. Ir a clases de pilates, yoga, gimnasia acuática. Salir a caminar. Ponerle música al bebé (saqué a Mozart porque me distraía!), leerle cuentos. Meterse en una tina llena de burbujas. Ir al masajista. Alternar ejercicios con períodos de reposo con las piernas levantadas. Dormir siestas. Leer todo la literatura de embarazo y crianza, y formarse una opinión propia. Comprar alimentos saludables y cocinar comida sana. Hacer planes para el futuro y hacerse un tiempo para la pareja. Asesorarse con grupos alternativos de preparación para el parto. Armar la habitación del bebé, pintar la cuna.

Estaría bueno. En cambio, voy a trabajar, me duermo en el ómnibus de vuelta, camino de la parada a casa y de la parada al francés. Me siento en bancos incómodos y saco comida del freezer cada dos por tres. Duermo siete horas por noche entre semana, y al llegar a casa limpio las sillas y la mesa, y saco las bolsas que cubren parte de la cocina por la obra que estamos transcursando. Hago ejercicios una vez cada muerte de obispo siguiendo videos de youtube, arriba de la cama porque el piso no es habitable. Cada tanto leo los pedacitos de información que me tira la aplicación Embarazo del celular. Y este fin de semana voy a cocinar alguna cosa bien dulce para el baby shower.

En esas estamos.

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  1. Me encanta tu relato 🙂 Escuchaste hablar de las doulas? Mi mejor amiga acaba de tener hace un mes y en el parto la acompañó una doula. Dice que eso la ayudó a llegar hasta el final, concentrarse y estar relajada. Abrazo!

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