cine

Estándar

En mi visita anual al cine con mi hermana vimos 12 años de esclavitud.

Una película tan buena como cruel, que deja a la sala moqueando durante los créditos.

Durante la función comprendí que las deidades del cine me estaban castigando por indignarme con lo que pueden considerarse nulidades comparadas a los sufrimientos de la humanidad. El castigo fue asignarme una espectadora a dos asientos del mío que usó su celular durante toda la función. Revisó y mandó mensajes permanentemente, e incluso dejó el aparato abierto, con su lucecita, apoyado sobre su rodilla, mientras ella miraba la gran pantalla. Y una señora, eh?, ninguna pendeja a la que se la pueda comprender por su corta edad.

Bueno, parece que siguen desquiciándome esas cosas.

 

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