Cagliari (Cerdeña)

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Llegamos a Cagliari, la capital de Cerdeña, después de haber atravesado toda la isla en ómnibus. Era de noche, pero, por suerte, a diferencia de Bastia, ésta es una ciudad grande y con movimiento, y nuestro alojamiento estaba cerquita (Además, pude pedir indicaciones y entender la respuesta!).

Habíamos reservado dos noches (cansados de movernos tanto!) en Cagliari Novecento, (pero nos atendieron los de Sardinia Domus, que están del otro lado de la manzana y deben ser la misma empresa).

Salimos a cenar, no muy temprano, y descubrimos con placer que había muchos lugares abiertos y gente comiendo. Nos sentamos en uno (Corso Dodici) que tenía un cartel que decía: “Aquí todavía no estuvo Hemingway”, y cuyos platos se comían más rápido que lo que uno tardaba en leer el nombre de los mismos. Pero bueno, todo muy chic.

Empezamos el día siguiente con un desayuno en el restaurante de la esquina, incluido en el precio del alojamiento.

Lo siguiente que hicimos fue buscar una lavandería. Estuvimos rato buscando, y finalmente le tuvimos que retirar la ropa a la señora ya que nos iba a cobrar unos 4 euros por prenda… eh? Decidimos seguir lavando en el baño de la habitación…

Seguimos con un ómnibus turístico, el único que hicimos en todo el viaje. Una desilusión. Porque, por ejemplo, hablaba de la fachada de no sé qué edificio cuando estábamos al costado, y nunca pasamos por adelante!! Hablaba del estadio y estaba a kilómetros… Es el tema de que te hable una grabación y que nadie te señale: allá, eso amarillo, lo ves? Tampoco se podía bajar. Aparte es muy frustrante sacar fotos en movimiento, y con cabezas interponiéndose. Así que le cedí la cámara a Berni y me dediqué a empacarme por un rato.

Éste es el centro de la ciudad. La primera es desde la salida del ómnibus, en Piazza Yenne (ahí está lleno de restaurantes), y la otra en Via Roma, una calle frente a la rambla con galería, restaurantes y souvenirs. Linda.

Por ahí seguimos derecho hasta llegar a la playa il Poetto. Son varios kilómetros y parece linda, pero nosotros ni la pisamos. Detrás de la playa, hay un área húmeda protegida (Molentargius), estanques de agua salada, si no entendí mal, que se llenan de flamencos.

El conductor del ómnibus paró en un parque por allá arriba, con vistas, de un lado, a la playa y el área protegida, y del otro la ciudad. Luego seguimos, volviendo a esta última.

Pasamos por esta iglesia, que lo único que me recuerda es que el Papa había estado en Cagliari el día anterior a que llegáramos.

Cagliari, Cerdeña

Y luego nos metimos en la parte más vieja de la ciudad (el barrio Castello, medieval), por donde el ómnibus apenas pasaba. Es una parte bastante elevada, a la que se llega subendo muchas escaleras, pero sé que también hay ascensores para sillas de ruedas, etc.

Todo esto intentamos recorrerlo más tarde, después de almorzar.

Jugos

(no es cómico que me haya hecho fanática del jugo artificial de manzana verde?)

Ven? Acá hay un ejemplo de escaleras.

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Una de las cosas que vimos fue la Torre del Elefante, construida por el 1300 por los pisanos, para defender el acceso al Castillo, sede de poder político y religioso de la ciudad. Hay una torre gemela en la otra punta de la ciudad. El nombre se debe a una escultura de un elefante, que, siendo sincera, no recuerdo haber visto.

Previo pago de una entrada mínima, subimos las escaleras de la torre para admirar la ciudad de Cagliari desde un lindo punto de vista. Éramos absolutamente los únicos.

Aquí tenemos otras fotos de nuestra recorrida por el barrio Castello. Lindas callecitas.

Cervantes estuvo en Cagliari.

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Entramos a la Ciudadela de los Museos y ahí al Museo Arqueológico. Los objetos que tienen ahí son de lo más interesantes. Toda la historia de la zona. La civilización nurágica, de la que hay bastantes rastros, y la romana, entre otras. Cosas que se encontraron en excavaciones, pero sobre todo en el fondo del mar, debido a naufragios. Me encantaron las figuritas chiquitas de bronce… La lástima es que la organización de las leyendas de los objetos deje mucho que desear. Hubiera sido mucho más edificante si hubiera tenido más información sobre lo que estaba viendo.

En el tour habían mencionado el anfiteatro romano que hay en Cagliari, pero por más que di vueltas la cabeza en el ómnibus, no lo pude identificar. Caminando finalmente llegamos, aunque no era ni muy intuitivo ni muy fácil, y aparte es algo a lo que no se puede entrar. De hecho el teatro se usa para espectáculos, así que lo abrirán en ese momento, no sé. Sacamos foto desde afuera.

Cagliari

Según las fotos, eso fue todo lo que hicimos ese día. Bueno, sé que cumplimos lo de comer un helado por día mientras estuviéramos en Italia, y recuerdo haber cenado en la plaza Yenne…

Ya está, revisé mis notas. Pasa que estaba confundiendo cosas con la mañana siguiente. De hecho, en el compilado de abajo hay fotos de los dos días… Caminamos por la rambla y vimos el puerto deportivo. Luego seguimos hasta la iglesia que habíamos visto de mañana, subimos sus escalinatas y vimos un barco salir (como nosotros íbamos a hacer en breve).

Fue raro, porque un segundo día en Cagliari nos parecía un poco mucho. Empezamos a averiguar qué se podía hacer, y descubrimos que había un mercado, el de San Benedetto. Así que compramos biglietti de ómnibus y nos fuimos para allá. Le preguntamos a una señora si ése era el ómnibus indicado, y a partir de ahí ella se aseguró de que nos bajáramos en la parada correcta. Qué gentil la señora!

El mercado no me emocionó mucho. No sé qué esperaba (algo como el mercado de Cuzco?), pero había carnes, frutas y verduras. Dimos una vuelta y nos fuimos, sin mucha idea de a dónde. Se habló de ir a aquel parque en las alturas, pero terminamos caminando rato bajo el sol sin llegar a nada, y tomándonos un ómnibus cuyo destino era de regreso a la zona conocida, pero que antes iba a la conchinchina. Hicimos todo ese viaje sin preocuparnos demasiado.

A partir de ahí fue deambular por la rambla y calles céntricas haciendo tiempo, ya que nuestro barco hacia Napoli salía de tardecita.

Linda ciudad, Cagliari, aunque no demasiado emocionante. Para profundizar un poco más (quizás hubiera vuelto a Castello), y para probar la playa.

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