Livorno (de pasada) y llegada a Córcega

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Habiendo pasado tres noches en Roma, Be y yo nos fuimos la siguiente mañana en tren hacia Livorno.

El paisaje siempre es interesante, pero después aparecen imágenes como ésta (intercaladas con interminables túneles), y uno queda embobado.

costa italiana

Nos estábamos acercando a la costa. De Livorno salía nuestro barco hacia Córcega, y teníamos un rato para perder.

Básicamente, lo que hicimos fue caminar derechito desde la estación de tren hasta el puerto, siguiendo una avenida y arrastrando valijas. Entre medio paramos para comer kebab y tomar un helado.

De pasada vimos este edificio, que me entero ahora es un tanque de agua construido a principios del siglo XIX y todavía en funcionamiento.

Llegamos a esta blanca plaza enorme y vacía (con su calesita!): Piazza della Repubblica.

Pedimos indicaciones para llegar al puerto (muy lindo él), y luego desde dónde salía Corsica Ferries.

2013-09-19_07-35-57

Lástima que no nos supieron decir! Un funcionario dijo que creía que saía de ahí enfrente, pero que averiguáramos en otra dependencia del puerto, del otro lado. Que fuéramos por acá, a ver si estaba abierto el puente, y si no, que diéramos toda la vuelta por la calle y entráramos de la otra parte.

Bajo un sol caluroso hicimos las dos cosas: caminar hasta el puente (cerrado), y hasta el otro lado del puerto. Ahí encontramos el cartelito de Corsica Ferries,  y una terminal (Livorno 2000), grande, fresca, con lindos baños y vacía. De hecho, la gente esperaba afuera a que llegara el barco! Estaba demorado, pero finalmente llegó, estuvo horas vaciándose, y nos cargó a los motoqueros, las casas rodantes, el ómnibus de turistas veteranos italianos, los camiones y a estos humildes pasajeros de a pie (mostramos el pasaje y listo).

Mi Adorado Esposo se dedicó a sacar fotos del barco saliendo, mientras yo me sentaba en una resposera al sol (hasta que me dio frío y entré).

El viaje duraba como cuatro horas. Nos podíamos quedar afuera en las reposeras, o en las mesitas del restaurante (donde yo me dediqué a escribir en mi diario de viaje, que ahora estoy consultando!!). También había todo un borde del barco con sillones acolchonados sin respaldo, ideales para acostarse a dormir, pero cuando nos avivamos ya estaban todos ocupados. Dormí apoyada sobre la mesa, y me gané una tortícolis.

Llegamos a Bastia, Córcega, a eso de las 19, una hora más tarde de lo previsto.

Primera vista de Córcega

Cuando finalmente salimos del barco era casi noche. Nos quedamos en el medio del puerto, donde circulaban camiones y grúas, sintiéndonos desamparados.

Corsica ferries

Un muchacho se nos acercó, preguntándonos algo en francés. Por las dudas dijimos que no! Y después nos dimos cuenta de que nos ofrecía transporte gratuito. Corrimos a la camionetita y  pregunté en italiano hasta dónde nos llevaban. El chofer me miró desesperado y, como pudo, me dio a entender que hasta la entrada del puerto.

Así que nuestra primera experiencia en Córcega fue de incomprensión. Buenísimo, dijimos, esto se pone divertido (tan bien que nos había ido en Roma!).

Peor se puso. En Información del puerto pedimos un mapa de Bastia. La muchacha (hablaba italiano y español) nos lo dio, y nos preguntó a dónde íbamos. La noche anterior habíamos resevado por airbnb.com una habitación en la casa de una Anne, una mujer que me dio todas las indicaciones en francés, a pesar de que yo le había dicho que no manejábamos el idioma. La ubicación de la casa, que por algo era más barata, estaba por fuera del mapa. Así que la muchacha de Información nos recomendó que fuéramos en taxi, y lo llamó ella misma, pidiendo que el taxista hablara español. Esperen ahí afuera, nos dijo.

Diez minutos pasaron, y ni señas de taxi. Arranquemos caminando, dijimos, y así hicimos.

Las curvas que marcaba el mapa eran subidas. Arrastrando las valijas (agradezcamos las rueditas!) fuimos encontrando calle tras calle. Eran las últimas las que nos causaban más dudas, porque no aparecían ni en el mapa ni en Google maps. En eso paró un tipo en camioneta, que se ve que nos vio perdidos y decidió ayudarnos. No tenía ni idea de la calle, ni mucho manejo de inglés. Nos dijo: “uh, esto está lejísimos”, y que nos llevaba. En eso sale otro hombre de un restaurante, y se pone a ayudar también. Nos hizo pasar. Se involucraron además el tipo de la barra y un parroquiano. Llamaron por teléfono a Anne. Nada. Hasta que logramos conectarnos a internet y mostrarles el mensaje original de nuestra anfitriona, en francés.

Ah! dijeron. Hohoho! Risa y sonrisa, una mano apuntada hacia allá, todo resuelto, y chau chau. MAE y yo no entendíamos mucho, pero caminamos hasta la esquina y descubrimos la calle que estábamos buscando y que ninguno de los cuatro tipos supo identificar, a pesar de que trabajan ahí al lado. En fin, muy buena onda igual.

La casa, sin número pero con nombre, tenía un patio con un par de autos, y puerta sin timbre. Aplaudimos, salió Anne hablando por teléfono, y sin colgar, nos hizo dar la vuelta y entrar por una puerta del costado. Nos mostró la habitación, el baño (compartido), la cisterna que queda goteando, todas sus explicaciones en francés. Nosotros la seguíamos medio pasmados. Al final descubrimos que hablaba algo de italiano, así que pudimos intercambiar algún diálogo, como cuál era la clave para el wifi y si nos llevábamos la llave al salir a cenar (no, la puerta quedaba abierta, ella estaba siempre).

Estuvimos un rato acomodándonos, ducha y búsqueda de alojamiento para los siguientes días, y finalmente salimos a comer, no antes de las 22, y avisando: noi usciamo. Ja!

Ahí en la vuelta, nada. Bajamos hasta el centro. En la plaza principal, algunos pubs. Comida? No.

Finalmente en uno (qualcosa da mangiare? qualsiasi cosa!) nos ofrecieron pizza.

Con nuestro mal humor un poquito amainado, nos dispusimos a recorrer este hermoso pueblo. Una rambla, un puerto que se mete en la ciudad (donde había restaurantes abiertos!) y callejuelas que no necesariamente se conectan para llevare de vuelta a casa. No hay fotos de nada de esto.

Lo último fue que el portón de Anne estaba cerrado cuando llegamos! Tuvimos que saltarlo para poder dormir bajo techo…

Esta fue nuestra llegada a Córcega. No fue muy fácil nuestra estadía, pero la tuya puede ser mejor! Sólo tenés que aprender de nuestros errores:

  1. reservar todo con tiempo. Setiembre ya no será alta temporada, pero igual está todo lleno!
  2. salir a cenar temprano
  3. saber francés 🙂
  4. conocer más de la geografía isleña
  5. ver bien horarios de ómnibus y trenes (escasos)
  6. ir más días!
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