Roma tres. Segundo día

Estándar

La muchacha del B&B nos preguntó a qué hora queríamos el desayuno (que se llevaba a la habitación).

“Mmm… 8:30?”

“Puó essere 8:45?”

“Sí” (aliviados)

“Ok, allora alle 9”

Desayuno

Después de esta abundante colazione, nos tomamos un metro hasta el Coliseo.

Ya de tempranito estaba lleno de gente. Mientras circulábamos entre la multitud, escuchábamos las ofertas de visitas guiadas en distintos idiomas. Por supuesto que el español fue uno de los primeros. Ahí nos paramos los tres, y nos unimos en círculo juntando nuestras cabezas para decidir. Sí, vamos a contratar guía. Volvimos sobre nuestros pasos para contactar a la mujer que ofrecía guía en español. Ésta nos explicó: “Acá en Roma no hay carteles ni información; esto es para fomentar las guías” (será?) Nos dijo cuanto salía (un poco más que la entrada al Coliseo, visita al Palatino incluida), y nos dirigió a un grupete que ya estaba siendo iluminado por Valerio, un -si no recuerdo mal- arqueólogo  romano que vive en el barrio de Cinecittá, lo que le sirvió para hacer una analogía del “pan y circo” de Mussolini con el de los emperadores romanos.

Hay bastante para contar de esto, así que ténganme paciencia. Mientras tanto, ¿quieren ver fotos?

El guía era muy apasionado por el tema. Nos contó que el Coliseo, que en realidad se llama Anfiteatro Flavio, fue construido (con oro y mano de obra judíos) para dejar feliz a la masa, sobre todo porque se usó la zona donde antes se encontraba la casa de Nerón. Este emperador, según nuestro guía, no quemó Roma: lo que hizo fue aprovechar el terreno que el incendio dejó libre para construir su inmensa villa, la Domus Aurea (dos veces el tamaño de Versalles tenía). La entrada al teatro era gratuita.

Se llama anfiteatro al que tiene gradas de ambos lados y el escenario en el centro, mientras que aquellos con gradas en forma de semicírculo son los teatros. También habló de materiales (no me los acuerdo) , y de la falta de cemento que se paliaba con bronce fundido echado sobre agujeros en las piedras; de esa forma se unían (luego este fue buscado por saqueadores).

Los asientos de mármol hacían que los días de sol los espectadores se asaran el trasero, además de arruinarse la vista con el reflejo. Así que se instaló el techo: unos postes de madera sosteniendo velas como si fuera un gran paraguas, que eran operadas por el ejército naval. El nombre de la técnica es velarium, por si lo quieren buscar en youtube (como el guía nos recomendó).

¿Qué más? El anfiteatro en cierto momento dejó de usarse. Quedó en el olvido y fue usado como cantera de materiales. En cierto momento se derribó parcialmente por un terremoto. Aún así, habían pasado mil doscientos años desde su construcción y , sin tener mantenimiento, llegó a nuestros días en pie (por más que ahora se lo cuide permanentemente). Lo que lo salvó de la ruina fue la Iglesia. Un día vino un Papa y puso una cruz adentro del Coliseo, para recordar a los mártires cristianos que habían sido asesinados allí. Según Valerio, de todas formas, los cristianos no fueron perseguidos por los romanos, ni fueron blanco específico de sus torturas. Pero esa cruz, y el Vía Crucis que la tiene como destino, fueron los que despertaron el interés en este edificio, convirtiéndolo en un punto turístico.

La charla previa al ingreso fue bastante larga. Mientras tanto, se iban juntando españoles (latinoamericanos éramos los menos). Adentro siguió la explicación, finalizada con una llamada telefónica de la jefa (hay un nuevo grupo para entretener!) y luego tuvimos media horita libre para recorrer. Teníamos que estar a determinada hora del otro lado del Coliseo, para encontrarnos con la guía que haría la segunda parte. “Si no son puntuales, la guía se va a ir y ustedes se van a perjudicar porque ella tiene las entradas”.

Por supuesto que los que tuvimos que esperar fuimos los pegotines verdes. La guía llegó corriendo y pidiendo disculpas, y ahí le planteamos nuestra duda: si nosotros ya usamos nuestra entrada al Palatino, ¿podremos entrar de vuelta? Cara de espanto de la muchacha, pero al final solucionó encontrando a otro guía al que le sobraban biglietti (¿será que hay gente que llega tarde a sus citas con guías?)

Con ella nos fuimos hacia la entrada del Palatino. Pasamos por este arco, el de Constantino (el primer emperador cristiano, aunque a la altura de la construcción todavía no se había definido).

Arco de Constantino

Entramos al Palatino, por la misma entrada del día anterior, pero en lugar de doblar a la izquierda, como habíamos hecho, fuimos para la derecha (después de perder minutos preciosos en la cola del baño). Desde ahí admiramos el Coliseo nuevamente 🙂

Y seguimos para el Foro Romano. Esta guía no me gustó tanto. Fue más expeditiva, y me quedó mucho gusto a poco. De hecho, no me acuerdo casi de lo que habló.

Ya solos, dimos unas vueltas más por el Foro.

Y luego de comer de un puestito callejero, caminamos hasta el Teatro de Marcelo, empezado por Julio César y terminado por Augusto.

Teatro de Marcelo

Siguiente parada: la Isola Tiberina. Ahí hay una iglesia (Basilica de San Bartolomeo) y un hospital (y no mucho más). Estuvimos un rato sentados a orillas del Tíber mirando patos (y descansando las patas).

Hace 9 años, cuando fui a Roma por primera vez, con mi hermano hicimos una sola cola (hasta donde yo recuerdo): en la iglesia Santa Maria in Cosmedin para sacarme una foto con la mano adentro de una antigua tapa de cloaca. Esta vez hice la cola para que fuera mi hermana la que posara con la Bocca della Veritá (que dice la leyenda que si mentís, la boca se cierra sobre tu mano). Es bastante patético: hacer una cola rodeado de una banda de orientales bajados de unas camionetas negras que doblaron chirriando la esquina; los carteles que sugieren una donación de 1 euro (¿o eran 50 centavos? De todas formas no pagamos), y la prohibición de sacar más de una foto por persona; el hombre que controla todo y va arreando el ganado: la gente que pone caras tontas y el hecho de ser observado por decenas de personas que no tienen más que hacer; la obligación de entrar a la iglesia para poder salir de la fila, el contraste entre el afuera alegrón y el adentro reverente y las telas blancas con las que hay que cubrir hombros y piernas. Pero bueno, se ganó todo un párrafo en esta entrada, tomá pá’vos.

Cumplido con este cometido, seguimos deambulando por Roma…

calle Roma

Llegamos a Campo de’ Fiori, una plaza que nos habían recomendado para la noche, pero que sólo terminamos viendo de día. Estaban desarmando una feria y había una mugre! Campo dei Fiori

En esta plaza se realizaban las ejecuciones capitales. Uno de los asesinados fue el filósofo Giordano Bruno (por herejía), al pie de cuya estatua nos tomamos un helado de Grom (promocionada por mi primo como una marca de calidad y de exportación, creada en Torino).

heladería Grom, Roma

Piazza Navona está muy cerca. Ahí, como siempre, había mucho movimiento. La reunión más grande de público la provocaba un payaso que hizo pasar a cuatro tipos, sentarse en banquitos formando un cuadrado y reclinarse uno sobre otro, para después sacarles los banquitos y dejarlos en equilibrio no sé cuánto rato mientras empezaba otro número. Como podrán observar, me entretuve usando la función de selección de color de la cámara 🙂

Notaron al hombre invisible?

Por último, nos acercamos a Piazza Spagna, donde está la escalinata de Trinitá dei Monti. Otro lugar donde se aglomeran los turistas! Desde arriba del todo miramos el atardecer… y espantamos vendedores de rosas (que son muy insistentes!).

La última parte de la jornada, cuando fuimos a buscar dónde cenar (luego de haber pasado por el b&b) no está registrada. Por algún motivo no me pintó llevar la cámara (raro porque era casi un miembro más de mi cuerpo), pero puedo decir que comimos en una callecita llena de restaurantes, que de lejos te sacaban el idioma para convencerte mejor. Así que pudimos hablar con nuestro mozo de Uruguay, de los horarios de cena (que en Roma por suerte van hasta tarde), y de qué hacer al día siguiente.

Nos dimos la gran vida, comiendo hasta postre (nota mental: compensar al día siguiente comiendo un panino!)

La foto del tiramisú es gentileza de mi hermana:

tiramisu

Y así termina nuestro segundo día en Roma. Tardó pero llegó!

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