hora de análisis

Estándar

Bueno, gente, hace ya una semana que volví de mi viaje… El canasto de la ropa ya está en niveles ordinarios, los niños en el trabajo ya no se sorprenden al verme, y casi nadie más pregunta cómo me fue. Lo único es que no me he metido en la cocina más que para sobrevivir cenas y desayunar tostadas con nutella (lo tiro así al pasar para que se mueran de envidia!).

Ya va siendo hora de escribir un poco en QViaje, no? (además de volver a gimnasia).

Lo cierto es que no pude cumplir con mi intención de estar siempre de buen humor. Tuve varios momentos de frustración, que supongo que son normales en todo viaje.

Como cuando estás en una librería y querés quedarte horas deleitándote, y precisás apoyo para comprar libros inútiles, pero tus acompañantes están en la puerta deseando que te desprendas del lugar sin tener que insistirte, porque una ciudad muy importante a la que quizás no vuelvas a ir en muchísimo tiempo está ahí afuera y hay que recorrer el máximo posible en dos días.

O como cuando la gente está cansada y se levanta a partir de las 9 de la mañana, sabiendo que una ciudad muy importante a la que quizás no vuelvas a ir en muchísimo tiempo está ahí afuera y el tiempo es precioso!

O cuando se están acabando los días y no comiste tantas cosas típicas, ni hablaste tanto italiano, ni te compraste ropa y la guía de viaje que habías descargado y olvidado revisar te comenta de lugares imperdibles de la ciudad que estás abandonando.

Y no osen preguntarme si obvio que fui a Versailles y entré al Louvre, anduve en kayak, obtuve recetas típicas de señoras con delantal, hice playa en Córcega, saqué fotos dentro de San Pedro o encontré el Lupanar en Pompeya. Porque la respuesta es no.

Pero sí fui a la Costa Amalfitana, pasé por afuera del Louvre, anduve en barco, compré libros de recetas, hice playa en Cerdeña (dos veces), saqué fotos desde arriba de la capilla de San Pedro y encontré los cuadros pornográficos sacados de Pompeya en el Museo Arqueológico de Nápoles.

Mi disfrute en los viajes es bastante vago, indefinido. No sé sacar muchas conclusiones de los lugares donde estuve, ni comparar los estados evolutivos de las distintas ciudades respecto a Montevideo, por lo menos sin ayuda. Lo mío es deambular por las calles percibiendo que la arquitectura es distinta, pero sin darme cuenta por qué. Mirar vidrieras de comida que no pruebo, admirar paisajes, sacar fotos.

Fotos que después nadie quiere mirar. Los que te dicen “Sacá muchas fotos”, o “Después vemos las fotos” quizás crean que les gustaría verlas, pero no es cierto. Porque, seamos sinceros, por qué miramos fotografías? Para reconocer lugares o personas. Lugares a donde fuiste y personas que preferiblemente sean vos mismo. Y si no pasa nada de eso con las que tenés que mostrar, nadie aguanta prestando atención más de veinte. Menos si tenés cuentos para hacer de cada una (lo peligroso es cuando el viaje pasa a ser sólo el fotografiado, y se van perdiendo las conexiones…).

Voy a ver si arranco con las ciudades.

Anuncios

»

  1. Por eso tenés que elegir poquitas pero despampanantes… las que hacen morir de envidia. Así finiquitás el asunto en 20 minutos y matás dos pájaros de un tiro 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s