Mirar sin rayas

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La patita estaba torcida ya desde ayer, por lo menos. Al quererla enderezar una vez más, pac, se quebró.

No me quiero poner nostálgica, pero pensar que estos lentes me acompañan desde hace 10 años. Cuando pasé a distinguir las hojitas en los árboles y a saber el ómnibus que me estaba tomando.

Fijate que el armazón lo encontró un amigo de mi tía en el taxi (de quién serían?), y que desde que me los recetaron, no me los saqué más. Su rotura fue la única consecuencia que sufrí en un accidente de auto, además de una gran contractura gracias al cinturón de seguridad. Después de eso Berni se les sentó arriba una vez, pero no mucho más.

No salgo sin ellos ni en pedo. Cuando no los tengo, hago el amague de acomodarlos. Me acostumbré a girar la cabeza en vez de mirar de cotelete. Soy una persona de lentes.

Habrá que arreglarlos, y quizás hacerme otros. Capáz que está bueno mirar sin rayas!

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