Deseando un camino intermedio

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Una muchacha sentada en la vereda, apoyada contra la pared. Dos niños de menos de tres, cada uno en un cajón descartable de fruta, jugando felices. Niño uno, de espaldas a mí, vuelca su cajón quedando en posición gateo. Niño dos, de frente a mí, saca su mano de abajo del cajón uno, y la cara se le arruga en un llanto desconsolado. La muchacha le pega dos caricias a la mano, sin dejar de mirar al frente y manteniendo su cara semi cúlica. Todo esto en los segundos en que pasé en el ómnibus.

Un niño de tres o cuatro parado en el carrito del supermercado. Llora y grita repetidamente “yo quiero una cosa chica”. Las dos señoras que van con él intentan no muy efusivamente hacerlo parar, pero no lo logran. Varios minutos más tarde, cuando atraviesan la puerta, los cajeros, encargados y clientes miran el cielo y dicen “por fin”.

 

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