Vacaciones de turismo: Parte 1: Rocha

Estándar

Esta semana de turismo (tristemente ya pasada) prometía, ya que el Señor y la Señora Papáymamá se fueron de viaje y dejaron el vehículo (eso que parece siempre le pasa a otra gente). Hace más de un mes que veníamos saboreando la idea de agarrar ruta, sin tener que cargar mochilas al hombro (al menos por mucho rato) y patear o quedarse medio limitado por ahí. El único inconveniente fue que no se me ocurrió pensar que alguno de mis dos hermanos pudiera reclamar su derecho a usar la camioneta. Eso se solucionó en parte gracias a la gentileza de Sofi y en parte gracias a su propia resignación de que yo hubiera cantado pri.

El miércoles pasado arrancamos nomás. Lo primero fue un destino “fácil” del que somos habitué. Tenía que decirle hola al océano en La Paloma.

El día que estuvimos por ahí estuvo nublado. La playa estaba casi desierta, a no ser por algunos kitesurfistas y unos argentinos con quienes intercambiamos sacada de foto. En el balneario en sí, había una especie de plaga (pero plaga bien) de sk8ers, que incluso tomaron la entrada de la Popi (y por eso se ve que hubo movida para que les armaran su pista de skate y se dejaran de hinchar: la están construyendo en la plaza España, o Colón, o como se llame ahora).

Berni subió al faro y yo me dediqué a extasiarme con rocas y mar (amo esa combinación).

Al otro día arrancamos por toda la costa Rochense, entrando un minuto a La Pedrera (siempre está bueno mirar la playa desde el precipicio), luego a San Antonio porque nunca lo habíamos visto. Por ahora son solo casas desperdigadas cerca del océano (o eso fue lo que vimos).

Estaba lleno de abrojos

En La Coronilla (primer balneario de Rocha, decía una guía que llevamos) vimos un enigmático edificio abandonado y buscamos dónde comer (no encontramos, o preferimos seguir).

Fuimos a almorzar a la Barra del Chuy, aunque terminamos en la del Chuí. El verano anterior habíamos acampado en la Barra, pero andábamos a pata, y no habíamos llegado a la parte brasileña. Es menos desértica, había más gente (incluso unas veteranas que nos mostraron frenéticamente carteles de “se alquila” todas las veces que pasamos), y la playa está llena de autos (pff). Nos mandamos unos buenos baurú, nos servimos del buffet de sorvetes y nos salió baratísimo.

Caminamos hasta el Arroyo Chuy, que separa a nuestros países hermanos.

Y de ahí salimos medio rápido porque queríamos llegar a La Charqueada (que si buscan en un mapa, se llama Enrique Martínez).

Próximo post: Treinta y Tres

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s