Cosas en italiano

Estándar

Hace algunos años supe pasar mucho tiempo en un pequeño hogar de la red llamado Avanoo. Escribí muchas cosas por ahí. Hoy recauchuto algo de lo que había publicado, todo en italiano. (A ver, fijate si finalmente me decidí a traducirlo, ahí abajo).

Las siguientes dos son de Alessandro Baricco. Cuando estuve en lo de mis tíos en Italia, en el 2004, mi prima me prestó Oceano Mare, y piré. Me acuerdo sólo vagamente de qué iba. Una posada en el medio de la nada, una recepcionista de 10 años, alguien que pasaba mucho tiempo frente al mar… Pero me había fascinado, y seguí leyendo al mismo autor.

Castelli di Rabbia (traducido al español como Tierras de Cristal):

“Perché è così che ti frega la vita. Ti piglia quando hai ancora l’anima addormentata e ti semina dentro un’immagine, o un odore, o un suono che poi non te lo togli più. E quella lì era la felicità. Lo scopri dopo, quand’è troppo tardi. E già sei, per sempre, un esule: a migliaia di chilometri da quell’immagine, da quel suono, da quell’odore. Alla deriva”

Tr: Porque es así cómo te jode la vida. Te agarra cuando todavía tenés el alma dormida y te siembra adentro una imagen, un olor, o un sonido que después no te lo sacás más. Y esa ahí era la felicidad. Lo descubrís después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya sos, por siempre, un exilidado: a miles de kilómetros de esa imagen, de ese sonido, de ese olor. A la deriva.

Novecento (Novecientos) es una obra de teatro (o guión) sobre un hombre que vivió siempre en un barco. Y tocaba el piano como los dioses. Hay una película.

Succedeva sempre che a un certo punto uno alzava la testa… e la vedeva. ‘E una cosa difficile da capire. Voglio dire… Ci stavamo in più di mille, su quella nave, tra ricconi in viaggio, e emigranti, e gente strana, e noi… Eppure c’era sempre uno, uno solo, uno che per primo… la vedeva. Magari era lì che stava mangiando, o passeggiando, semplicemente, sul ponte… magari era lì che si stava aggiustando i pantaloni… alzava la testa un attimo, buttava un occhio verso il mare… e la vedeva. Allora si inchiodava, lì dov’era, gli partiva il cuore a mille, e, sempre, tutte le maledette volte, giuro, sempre, si girava verso di noi, verso la nave, verso tutti, e gridava (piano e lentamente): l’America. (…)
Quello che per primo vede l’America. Su ogni nave ce n’è uno. E non bisogna pensare che siano cose che succedono per caso, no… e nemmeno per una questione di diottrie, è il destino, quello. Quella è gente che da sempre c’aveva già quell’istante stampato nella vita. E quando erano bambini, tu potevi guardarli negli occhi, e se guardavi bene, già la vedevi, l’America, già lì pronta a scattare, a scivolare giù per nervi e sangue e che ne so io, fino al cervello e da lì alla lingua, fin dentro quel grido (gridando), AMERICA, c’era già, in quegli occhi, di bambino, tutta, l’America.

Tr: Pasaba siempre que en cierto momento uno levantaba la vista… y la veía. Es algo difícil de entender. Quiero decir… Éramos más de mil, en ese barco, entre ricachones de viaje, y emigrantes, y gente extraña, y nosotros… Y sin embargo había siempre uno, uno solo, uno que era el primero en verla. Capáz que estaba ahí comiendo, o paseando, simplemente, por la cubierta… capáz que se estaba subiendo los pantalones… levantaba la cabeza un segundo, echaba una mirada hacia el mar… y la veía. Entonces se quedaba clavado, ahí donde estaba, el corazón le latía a mil, y siempre, todas las malditas veces, juro, siempre, se daba vuelta hacia nosotros, hacia el barco, hacia todos, y gritaba (bajito y despacio): América. (…)
El primero en ver América. En cada barco hay uno. Y no hay que creer que son cosas que pasan por casualidad, no… ni tampoco es una cuestión de dioptría, es el destino, eso. Esa es gente que desde siempre tenía ese instante ya impreso en la vida. Y cuando eran niños, podías mirarlos a los ojos, y si mirabas bien, ya la veías a América, ahí pronta para activarse, para deslizarse por los nervios y la sangre y qué sé yo, hasta el cerebro y de ahí a la lengua, hasta dentro de ese grito (gritando), AMÉRICA, ya estaba ahí, en esos ojos, de niño, toda, América.

Y ahora un poema que me deben de haber pasado en la clase de italiano, de Salvatore Quasimodo:

Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera.

Tr (está por la web):

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de repente la noche.

Chan.

Finalmente, el libro de Lara Cardella, Volevo i pantaloni, sobre una niña siciliana que, justamente, quería usar pantalones (sólo los hombres y las putas podían)

Appena giunta a casa, non ebbi il tempo di parlare, perché mio padre, dietro la porta, mi aspettava con la cintura in mano.
“Ah, sei qua? Dove sei stata?”
Oltre al fatto che non ero nelle condizioni psicologiche piú adatte a ideare qualche scusa, c’era il pericolo che una parola, una sola parola, facesse scatenare il putiferio. (…)
“Ah, non parli? Non hai niente da dire?”
Ed ecco, deus ex machina, in una visione celestiale, appare mia madre. Ora capivo come doveva essersi sentito Isacco… E lei era l’angelo che con un gesto della mano doveva fermare la lama della scure e impedir il sacrificio. Mia madre… un angelo coi capelli grigi raccolti nel tuppo, con qualche ciuffo scarmigliato qua e lá, con la veste a grossi fiori gialli sul tessuto verde e con i piedi nudi. Mia madre che si avventó su di me, gridando: “Sei venuta, ah, pezzo di puttana? Dove sei stata?”
Fu questo lo scricchiolio temuto, la tavola che cominció a cedere, e il fiume finalmente traboccó.
Tra le cinghiate e le lacrime sentivo l’angelo che gridava: “Cosí, cosí, ammazzala, ammazzala”

Tr: Apenas llegué a casa, no tuve tiempo de decir nada, porque mi padre, detrás de la puerta, me esperaba con el cinturón en la mano. “Ah, estás acá? Dónde estabas?”
Aparte del hecho de que no estaba en las condiciones psicológicas más adecuadas para pensar en cualquier excusa, estaba el peligro de que una palabra, una sola palabra, pudiese desencadenar el relajo. (…)”Ah, no hablás? No tenés nada para decir?”
Y ahí, deus ex machina, en una visión celestial, aparece mi madre. Ahora entendía cómo se debía haber sentido Isaac… Y ella era el ángel que con un gesto de la mano debía detener la hoja del hacha e impedir el sacrificio. Mi madre… un ángel con el pelo gris recogido en un moño, con algunos mechones desordenados acá y allá, con el vestido de grandes flores amarillas sobre tela verde y los pies descalzos. Mi madre que se arrojó sobre mí, gritando: “Volviste, eh, pedazo de puta? Dónde estabas?”
Fue este el crujido temido, la tabla que comenzó a ceder, y el río finalmente se desbordó.
Entre los golpes con el cinturón y las lágrimas sentía al ángel que gritaba: “Así, así, matala, matala”

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  1. El fragmento de Tierras de Cristal es hermoso. Y qué tremendo el pedacito del final. Puta madre! Pone los pelos de punta.

    Gracias!

    • 🙂

      Sí, lo toma con humor pero está salado. Todo el libro ese era terrible.

      Al que me acuerdo que molían a palos era a Zeze (era así?) en Mi planta de naranja lima 😦

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