¡Pero si habrá trojas de cosas que cambiaron en estos 25 años!

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Antes de que termine el año publico esta entrada que tiene más de un mes en borradores.

Hace poquito escribí algunas cosas que habían pasado en el 1985, año en que nací yo. Luego Pancho me mandó un link al último artículo que escribió Gustavo Escanlar en Búsqueda, en el que repasa algunas cosas que han sucedido en estos últimos 25 años, y me dieron ganas de hacer mi propia versión de lo mismo. Todo esto amparada en la libertad de expresión y en la seguridad de que si a vosotros lectores no os interesa, pueden pasar al blog siguiente (y cuando quieran volver). No sé por qué me justifico, che.

Cuando yo era una párvula que no sabía contar plata, pasaba el panadero por mi calle. Tenía una furgonetita, supongo que tocaba una bocina especial, y todos los vecinos nos reuníamos a su alrededor. Mi madre alguna vez me mandó a mí y a alguno de mis hermanos en busca de una flauta, solos, y recuerdo perfectamente entregar el monedero para que el hombre, advirtiendo en voz alta que “no le gustaba hacer eso” y con un par de vecinos como testigos, tomara lo que se debía cobrar. Lo que quiero decir es: era un panadero ambulante. ¿No les impacta eso? Hoy se puede comprar el pan en el supermercado (un pan de mierda, por cierto), pero antes no había tantos supers. Me cuesta creer que pertenezca a una generación anterior a la compra en el supermercado, sobre todo después de que apareció el Dumbo a la vuelta de la esquina y Richard cerró su almacén. Sé que existen todavía almacenes y carnicerías, pero prácticamente todo se puede comprar en un supermercado, incluyendo libros y ropa.

Respecto a las compras, también me doy cuenta que cambiaron dos cosas: 1) las expos. Son bastante nuevas, ¿no? Especies de ferias techadas donde la ropa se repite hasta el hartazgo (pero que es linda y barata!)

2) los shoppings como paseo en lugar del centro. (Ver nota de El País) En 1985 nacía el Montevideo Shopping, y éste fue el primero de los cuatro que tenemos en Montevideo. Los cines dentro del shopping también pasaron a ser los más populares.

¿Qué otras cosas han cambiado por estos lares?

McDonald’s. El primer local en Uruguay es de 1991 y se instaló en Montevideo Shopping. Después empezaron a pulular en cada vez más lados. Sólo que antes era un lugar barato para comer y ahora ya no. Con mis amigas salíamos del liceo y nos tomábamos un cono mixto a $5. Con Mc, el Mc Día Feliz, que en noviembre cumplió 18 años.

Pare de sufrir y porquerías similares, ocupando nuestros cines más queridos, alienando a la gente y asustando a esta pobre cabecita.

Universidades privadas, cursos a piacere de nivel terciario. Cada vez son menos las carreras que se guarda en exclusivo la Udelar.

La aparición de “magazines matinales” en los canales de aire. ¿Qué había antes de Buen día Uruguay y Hola gente?

¡La televisión por cable! La promesa de ver todo el fútbol, y después tener que pagar pluses, etcétera. No sé mucho porque en mi familia nunca caímos, ¡ja! (y quedamos por fuera de tantas cosas…)

El aumento de la cantidad de desnudos que se ven en tevé y otros medios. El boom del puterío. Las revistas porno parecen inocentes al lado de la Caras o Gente en los quioscos.

El desarrollo de la literatura infantil uruguaya. En mi infancia existían solamente Roy Berocay e Ignacio Martínez. El Sapo Ruperto, ese personaje absolutamente GENIAL (que si usted no tuvo el gusto de conocer, le ruego por favor que vaya y lo lea para usted o sus hijos o sobrinos) cumplió el año pasado 20 años. Pateando lunas, el mejor libro uruguayo para niños, debe tener más o menos la misma edad. Ahora hay varios otros autores que se dedican a hacer plata con aventuras de niños que resuelven misterios (uy, ¿en serio escribí eso? ¿y lo dejé ahí? ¿y lo intenté aplacar con un paréntesis? mirá vos…). Helen Velando, Federico Ivanier, Gabriela Armand Ugón, Magdalena Helguera, Gabriel Aznarez… Hay mucha producción y varios son buenos.

Halloween. Cuando yo iba al Anglo nos hacían ir disfrazados, pero afuera no se festejaba. En mi cuadra habíamos salido con unos vecinos, seríamos seis, y cuando tocábamos timbre decíamos: “¡halloween!”. Eso habrá sido hace poco más de diez años. Ahora se pueden ver trojas de niñitos disfrazados acompañados por sus padres, decoraciones en los supermercados, y muchos medios hablando de cómo esto es foráneo, etcétera, etcétera.

Gobiernos de izquierda en Uruguay.

Teléfonos móviles y sus cientos de chucherías. ¡No sé qué hacíamos antes de los mensajes de texto! ¿¿Cómo hacíamos para esperar durante dos horas de clase o durante una película entera sin establecer contacto con alguien?? ¿Cómo hacíamos para aguantar toda una fiesta o reunión sin sacar un aparatito del bolsillo?

Música móvil. En un principio fueron los Walkman, luego los Discman, y luego la música digital. La música es transportable y se puede imponer a los compañeros de ómnibus, por ejemplo, al usar altavoz en vez de auricular.

Computadoras e Internet. No sé cómo sigue siendo la cuestión en la escuela: mi generación entregaba todos los trabajos a mano. Buscaba información en enciclopedias impresas o en el Escolar, Moñita Azul, Charoná. Cuando se empezó a informatizar, usó Encarta y Word Perfect. Ahora nadie parece poder vivir sin Windows, todos los procesos se automatizan (aunque algunos siguen en veremos), no existe institución que se precie que no tenga página web (aunque algunas de estas dejan mucho que desear), el correo electrónico es parte de nosotros, y todo el mundo puede expresarse por internet, gratis.

En estos 25 años también se vio el ocaso del video y el nacimiento del dvd. Hace un tiempito, por ejemplo, cuando iba al video club y pedía alguna película nueva, mi videoclubista me decía, como disculpándose, que sólo lo tenía en dvd. Ahora es al revés. Así, como quien no quiere la cosa, ¡se terminó la época del rebobinado!

Y para terminar, las fotos digitales. Se multiplicó la cantidad de fotógrafos (amateurs), ¿o no? Antes había un “fotógrafo” en la familia, ese que no aparecía en ninguna foto. Desapareció también mucha formalidad en las fotografías, pululan las autofotos, fotos de pies, de guasadas… ¡total no cuesta nada! Chau chau a los álbumes.

Se me siguen ocurriendo cosas pero la embola.

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  1. el primer mc donlalds en el 91? que increible!!!

    Y no me acordaba para nada lo del panadero ambulante, pero tenés razón!! se me vino la imágen a la cabeza!!

  2. Yo tampoco sé por qué te justificás! Dale pa’delante!

    Sobre el panadero, más que impactarme que fuera ambulante (que en campaña todavía existe) me llama la atención que se cobrara solo. Antiguamente se estilaba eso, que quien compraba le tendía el monedero al vendedor para que se cobrara. Creo que era un tema de confianza mutua, como para remarcar un negocio honrado.

    Sobre Pare de Sufrir… la pobre cabecita asustada era la tuya? Por qué?

    Jiji… sobre tu pregunta de cómo se hacía en las fiestas antes del celular, la respuesta es simple: se le ponían ganas. O te ibas a hacer algo que realmente te gustara.

    En realidad me fastidia bastante eso de que estás en una comida con amigos, por ejemplo, y cada tres segundos hay alguno mirando el celular, o directamente se pasa dos horas con un jueguito. Media pila. Conectate con la gente que tenés enfrente y ya.

    • Es cierto, que panaderías (y otras cosas) ambulantes existen fuera de Mdeo…

      Sí, la cabecita asustada es mía! Me asusta que le laven el cerebro a la gente, y que actúen impunemente, instaurando una vivencia de la religión más psicópata que las otras.

      Y sí, yo intentaba hacer una crítica. Es notable cómo en cierto momento de cualquier reunión todo el mundo saca sus celulares a la vez!

  3. Hace un tiempo leí esta nota sobre cómo ha cambiado la vida en los últimos 25 años. Me detuve en “el desarrollo de la Literatura Infantil y Juvenil” y especialmente en el párrafo que dice “Ahora hay varios otros autores que se dedican a hacer plata con aventuras de niños que resuelven misterios”… Me pareció un comentario desacertado, pero lo ignoré. Después de mucho tiempo de haberlo leído, vaya uno a saber por qué, me vuelvo a encontrar con esta sección de tu blog y decido responderte.
    ¿Realmente crees que quienes escribimos para niños lo hacemos por dinero? ¿Qué es “hacer plata”? En primer lugar te cuento que escribir (para niños y para adultos) no es una actividad sencilla, no te insume solo un par de horas diarias. Es un trabajo que requiere tiempo, meses de trabajo, de investigación, escritura, reescritura, corrección,… y luego de publicado el libro la actividad no termina, sino que se incentiva… ¿Sabes cuánto gana un escritor una vez concretada la publicación? Si el libro se vende en el mercado a $150, el escritor gana $15. Si en un mes se venden 100 libros pude que llegue a ganar $1.500. En Uruguay, un país con apenas 3 millones de habitantes, un tiraje de 1000 ejemplares puede considerarse importante… Y ahora que te he explicado estos detalles, ¿sabes cuánto gano mensualmente teniendo 15 libros publicados? Jamás recibo más de 7.000 $ por mes. Ahora dime, ¿sigues pensando que quienes escribimos para niños nos dedicamos a hacer plata? Y por otra parte, ¿has leído suficiente Literatura Infantil como para opinar sobre la calidad de los libros que han aparecido durante los últimos años?
    Un blog, tenga muchos o pocos seguidores, es una herramienta para expresarse a la que tienen acceso todos quienes quieran… Es conveniente manejar bien la información para luego emitir juicios.

    • Hola, Gabriela.
      Lamento que te hayas ofendido con ese comentario. He leído bastante literatura infantil uruguaya y extranjera, y lo cierto es que no me gustan los libros de aventuras donde los personajes aprenden lecciones de historia. No me resultan naturales, pero es una opinión mía, al igual que todo lo que publico en este blog personal. La parte del dinero, sinceramente, sale de la ignorancia. Me alegro que tus motivaciones para escribir surjan de otro lado! Gracias por dejar esta aclaración. Saludos

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