Fui a festejar a los Celestes

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Estando en el trabajo hasta me frustré porque como empezaba a las 11 la caravana pensé que no iba a llegar. Claro que saliendo 13:30, soy una afortunada. Me fui hasta el centro porque Leti estaba en Libertador y Paraguay, sólo que cuando arribé ella se había tenido que ir, llamada por su jefa! Yo que pensaba pintarme la cara, ya que estaba acompañada! Así que me quedé sola en el cantero. Sola, pero rodeada de gente, eh? Había unas gurisas con una bombacha gigante que decía “esta es para vos, Diego” (lo único que no sé a qué Diego se refería). Muchos fotógrafos profesionales (por el tipo de cámara, digo) sacándole a un perro que tenía la camiseta celeste. Gente subida a unos andamios. Todo tipo de banderas y petates celestes o azules. Una señora que puteaba al hijo. Una oficina tirando papel picado. Un apartamento tirando papel higiénico. Hacía frío, che! Qué habré estado, media hora? Mirando los mensajes del celular calculo que habrán sido 40 minutos o más. Sin Sofi que estaba trabajando, Leti, Lore y Berni ídem, mis primos ni idea y mi hermano quién sabe por qué lugar de Europa… La pantalla gigante de atrás mío mostraba que el ómnibus venía por Paraguay ya, y la gente se ponía un poco más loca. Cuando finalmente llegó, pasó bien cerquita por donde estaba yo. Por el techo asomaban Abreu y Cáceres. De mi lado venían Lugano con una bandera y sonrisa asombrada, Arévalo, Sebastián Fernández, el Flaco Fernández, Lodeiro y allá atrás, en el fondo, con la ventana apenas abierta y sin asomarse, Suárez. No sé qué grité, los nombres, creo. Hice contacto visual con algunos, jaja. No terminaba de pasar el ómnibus que ya venía gente corriendo para seguir a los jugadores. Y ahí me sumé a la marea humana, bajando por Libertador, cantando Soy Celeste. En vez de seguir por Libertador agarraron por Paraguay para llegar al Palacio por Agraciada. Los chiquilines (adolescentes, bah) corrían por las calles paralelas para ver si los agarraban de vuelta. Yo llegué al Palacio, me acomodé por ahí, me compré una torta frita con mucho gusto a grasa vieja (no había almorzado), y descubrí a mi primo, que estaba “trabajando” (o sea, había ido con los compañeros de trabajo). Quedé atrás del de gorro aaalto y celeste, y de la bandera que nadie sostenía derecha. Pasaron unos con careta de Gorzy y un tupper de Crufi como “cámara celeste”. No escuché nada de lo que cantaban quienes estaban en el escenario, porque cantaban más fuerte los que agitaban adelante mío. Estaban algo tomados y acusaban al resto de pecho frío (siempre cantando, por supuesto).  Lo que dijo Tabárez, en cambio, fue tapado por el ruido ensordecedor de unos aviones militares que tienen una forma peculiar de homenajear. Cuando hablaron los jugadores tampoco escuché mucho porque nos dedicamos a cantarle a cada uno de ellos.  “El Loco la picó”, “es para Messi que lo mira por tevé”, “no es la mano de Dios, es la mano de Suárez…”. El himno, lo cantamos hasta el “sabremos cumplir”. Y luego me fui caminando a casa, señores. Con la satisfacción del deber cumplido y un recuerdo imborrable con una sóla mancha: la de pintura en mi bota.

(no se preocupen, salió).

Una nota más objetiva y con detalles de las intervenciones puede ser encontrada aquí.

Y otra más completa acá.

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  1. Muy buen artículo, soy la propietaria de la bombacha, era para Forlán en un principio, pero después le agregamos una “ese”, jeje

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