el sábado en que Uruguay pasó a cuartos de finales después de 40 años

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Sábado. Había puesto el despertador a las 9, pero me desperté menos veinticinco y me levanté menos veinte. Colgué ropa, que después juntaría y volvería a colgar, y me fui a la feria. Faltaban muchos puestos. Había poca gente. Uno que vendía cidís truchos había ocupado una de las esquinas principales, abandonada por algún frutero que se tomó un avión a último momento a Sudáfrica (ja!). Los de los pollos comentaban que no iba a haber nadie a partir de las 11. Una señora esperaba en voz alta llegar a su casa antes del partido, mientras ponía a su perrita más chica en la parte de arriba del carrito de feria. Enfrente, varios puesteros probaban sus pulmones con una trompeta celeste (como quieran, vuvuzela). Otro feriante gritaba que no iban a tener fuerza para cargar después. Donde compré la fruta, el veterano le decía a la gente que se acercara aún si no tenía plata. El huevero comentó sobre mi ida más temprano y dijo “ojalá” cuando le expliqué que después del partido había que ir a festejar. Llegué sin circulación en las manos y con los brazos elongados unos cuantos milímetros, a apurar a aquél que seguía durmiendo! El 10 seguía alternando móviles y repasando cosas y cosas que apenas escuché. Salimos para lo de mis padres discutiendo sobre el atroz cabalerismo (cabulerismo??) que reina entre los seguidores del fútbol, las generalizaciones y estigmatizaciones, y Gonzalo Pollo. Llegamos. Nos paramos para el himno. Empezó el partido. Goool! Mi padre salió dos veces a gritar “Uruguay nomá!” con ese gol. Dijimos que había servido el abrazo entre Forlán y Suárez antes del partido. Comentarios varios. Ir al baño en el entretiempo. Sufrir!! “pero estamos jugando como el culo!” Gol. … … … GOOOOL!!! “cuánto falta?” “no puede ser que estemos mirando el reloj”. Pasamos! pasamos a cuartos de final! Salimos a la puerta, llamamos a Sofía, entramos a facebook, mandamos mensajes… Después almorzamos merluza al horno con muzzarella y otras cosas, muy rico. Un poco más tarde volvimos a casa. Aquél se fue para allá, yo salí casi rajando al Montevideo a ver El príncipe de Persia en español. Y bueno, habíamos tranzado en eso: casi me toca ir al Portones (lo qué??) a ver Eclipse (el qué???). Estaba casi llegando cuando aquella me dijo que recién había pasado el suyo, que no iba a llegar a esa función. Entonces saqué entradas para la misma, subtitulada (sube la valoración de esa salida), y me puse a esperar afuera. Dos padres (hombres) con tres hijos en total se sentaron al lado mío. Los niñitos se pusieron a jugar a la escondida alrededor nuestro, y utilizaron mi hombro varias veces como ayuda para subir y bajar del murito. Había adolescentes que me daban miedo (entre comillas, por supuesto). Mucho pelo raro, mucho conventillo, y los matones que se paran en el Mc y cada tanto echan a alguno… Llegada aquella finalmente, entramos al Centro Comercial y recorrimos de forma entrecortada porque hubo prueba de ropa y calzado, y mucha evaluación de mercadería (participé en todo esto como observadora). Pedimos dos helados riquísimos por el precio de uno. Ambas heladeras tenían mini-curitas (o de esos cuadraditos color piel) cubriendo sus pierciengs. Quedaban espantosas (las mini-curitas). Finalmente al cine. Había muchos niños y alguien disfrazado de chupetín. Obtuvimos más pop del que debería comer una persona y entramos a la sala más pequeña. En la fila de atrás nuestro había una señora que se quejaba de unas muchachas que hablaban antes de que empezara la película: “si tienen ganas de hablar para qué vienen al cine”, dijo. Pensamos que nos esperaba una película larga, pero no sentimos más de ella después. Delirios de películas en las sinopsis: la de los sueños con Leonardo Di Caprio, la protagonista de Juno y el de 500 días si ella, y otra con Tom Cruise y Cameron Díaz. La presentación estelar: más divertida que las comedias, aunque con un argumento bastante pobretón. Me gustó él, pero no me convenció ella. Noté que en las partes de acción me distraigo un poco. Esta vez me pasó de recordar que Uruguay pasó a cuartos, y se me venía toda una felicidad… A la vuelta pibe con reggeatón o lo que fuera, y otro que se emocionó con la canción de Robbie Williams (angel?) y nos deleitó con un pedacito del estribillo. Ahora me dio hambre pero no da para cenar. Me voy a ir a dormir. Un sábado para el recuerdo. Jiji.

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