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Estándar

Familias jugando, familias pidiendo, un niño que o la campera de un colegio o robó la xo, estudiantes y jubilados. Esa mujer tiene el pantalón muy ajustado, aquél está muy abrigado, a esa se le está por romper la mochila. Un muchacho se ríe de lo que le dicen los auriculares. El verdulero está aburrido, la misma mujer en la puerta fumando. Es la hora de descanso para los obreros. Ese nene llora, a la otra la llevan a caballito. Un tipo duerme entre sus cajas. En la parada hay nueve personas para subir. Está soleado o hay nubes, algo así. Y de repente el ómnibus se queda. No nos damos cuenta en seguida, sólo que de a poco nos vamos avivando que hace mucho rato que está parado. Por primera vez nos empezamos a buscar entre nosotros. Queremos compartir información, asegurarnos de que todo va a estar bien, que voy a poder seguir viajando en mi asiento junto a la ventanilla. Desde la jefatura del coche no hay señales. El portavoz faltó sin aviso. Pero se ve que unas señoras le han preguntado al conductor. Ellas saben, pero nosotros no. Finalmente se abre la puerta trasera. Unas dudas más, y de a poco empezamos a vaciar el ómnibus. Ya no somos los mismos que éramos, hace siglos, cuando subimos, cada uno por su lado, con sus destinos diferentes. Todos bajamos en el mismo lugar y esperamos el nuevo coche, como si nos fuéramos de excursión. Un señor empieza: “vamos a formar una ronda, y decirnos nuestros nombres”. Decido irme caminando.

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