El Asesinato del Paraguas

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Hoy asesiné a mi paraguas. El mismo que compré cuando inicié mi nueva vida de pre-casada hace un año y pico, el mismo que me acompañaba al trabajo anterior, y que en ese camino inspiró el breve texto del paraguas inquisidor… Me gustaba llevarlo en el ómnibus a un milímetro del piso y sentir el traqueteo que surgía del contacto entre ambos… Pero, como sabrán, el lunes pasado se me rompió. Se dio vuelta, en realidad. Todo por no buscar un taxi que me alcanzara a mi trabajo actual, situado en una zona más cruel… Cuestión es que parecía bien, lo logré enderezar. Pero no lo pude cerrar. Y no sé si ustedes habrán notado que un paraguas será bastante útil en todo su esplendor, cuando está desplegado, pero si no puede estar en el molde mientras no se precisa… Un poco sacrificada su vida, no? Nunca nos acordamos de él cuando está el solcito. Hoy, a una semana de ese primer intento de cerrarlo, sucedido por intentos varios de ídem, lo terminé rompiendo. Uno por uno los rayos que aún seguían firmes. Qué sufrimiento, por dios! Me da una lástima atroz, sobre todo porque pienso que se podría arreglar. Capáz que si para mañana las limpiadoras no vaciaron la papelera donde lo puse, me lo agarro y me lo traigo. No sé para qué, ahora, pero ta. No haberle podido sacar una foto! Para despedirlo un poco mejor, no?

Bueno, no sé. No sé qué pensar de mí.

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