Camino del Inka y Machu Picchu 1

Estándar

Mi hermana llegó hoy a Montevideo después de estar en Bolivia y Perú. Empezó el viaje a dedo, durmió en una peluquería. Llegó a Machu Picchu. Antes de escuchar todos sus cuentos mañana, voy a dedicarme a saldar esta deuda del post sobre mi propio viaje a ese santuario, ta?

Primer Día

El martes 20 de febrero nos pasaron a buscar los de la excursión a eso de las 7am. Llovía. Caminamos unas caudras hasta un ómnibus, y esperamos que subiera más gente de distintos hoteles. Eran dos ómnibus de nuestra excursión, y unas dos horas de viaje hasta Ollantaytambo. Ahí teníamos una última parada antes del kilómetro 82, donde empieza el camino (por lo menos el más tradicional). Parada para comprar los últimos cachivaches necesarios para la caminata: nosotros cocanola (granola con coca), chocolate, una linterna, un sostenedor de cantimploras. Después, en el kilómetro 82, en una playa de estacionamiento, bajamos los 60 excursionistas, los 8 guías, los cerca de 40 porteadores con las garrafas, banquetas, carpas (una cada dos personas, más las 2 carpas grandes de comedor y una de cocina), provisiones. Había todavía algunas mujeres ofreciendo más cosas. Cuando nos repartieron las esterillas aislantes tuve que comprar dos correas para colgarla de la mochila. La mujer me las ajustó, y hasta me ató las puntas del impermeable 🙂 . Estaba nublado y todos nos habíamos preparado para la lluvia, pero entre que terminaba la organización para la partida, salió el sol y nos tuvimos que sacar todo y poner crema.

Salimos al mediodía. Bajamos a la orilla del río Urubamba, donde está el cartelito de Camino del Inka. Pasamos por un control y cruzamos un puente: empezábamos el camino del Inka. Me acuerdo que Ruben dijo que los guías se iban a presentar, pero cuando quisimos acordar estábamos ya caminando. Al rato, bajo lluvia. Paramos dos veces en puestitos donde vendían chocolate, agua y gatorade, aunque nosotros no compramos nada. No había forma de sacarse la mochila sin mojarla, y aún bajo techo nos mojábamos porque el techo era de hojas, qué sé yo. Hacía calor bajo el impermeable, y la capucha hacía terrible ruido. Mis mangas y mis pantalones estaban mojados. En cierto momento se me salió el coso que sostenía la cantimplora, y ésta se me cayó. En otro momento le erramos de camino, dirigiéndonos a un campamento donde otra excursión iba a comer. Estaba de mal humor. Para rematar esa primera parte, hubo una subida corta pero pronunciada, que me dejó muerta y con muchas dudas para el día siguiente. Al final de la subida nos encontramos con los de adelante de nuestra excursión, que nos estaban esperando para almorzar. Había una especie de parador abierto, con lugares para sentarse (ocupados) y un techo imperfecto. Nos entregaron a cada uno una bolsa con un pan con una feta de queso, una banana, una naranja y un paquetito de galletas. Comimos parados, cargando la mochila, clavando la uña en la cáscara de naranja para pelarla. Los restos los tuvimos que llevare en una bolsita en la mano hasta la siguiente parada con tacho de basura. Y el haber parado me dio frío, porque sólo tenía una remera abajo. Lo siguiente fue mostrarnos unas ruinas incas allá abajo. Corría un viento tan frío, y seguía lloviendo, que no tengo idea lo que Walter dijo de ellas.

Después mejoró la cosa. O mi humor. No llovió todo el tiempo (aunque no volvió a salir el sol), y los paisajes eran muy lindos. Llegamos al campamento a eso de las 5 de la tarde, creo. Ya estaban todas las carpas armadas, sólo teníamos que elegir una. Qué felicidad ponerse ropa seca y abrigada! E ir al baño, aunque no eran la gran cosa (cubículos con taza -o tasa?- turca). Pero lo mejor de todo fue sentarse a merendar, interactuar con la gente, tomar algo caliente y comer pop salado y galletitas dulces. Apenas dos horas más tarde fue la cena (oscurece bien temprano). Entre medio intercambiamos cuentos de viajes respectivos. No me acuerdo exactamente qué comimos, pero seguro hubo sopa de primero. Había unas australianas que tenían dos meses paseando por Sudamérica. Y el guía nos habló del día siguiente. La gran subida.

Sólo he de decir que me habían asustado tanto con el segundo, que el primero lo había subestimado. Pero estuvo complicado igual.

Véase además: Cuzco, Camino Segundo Día, Tercer día y MP, Lima

Fotos en Flickr

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