Camino Inka y Machu Picchu: preámbulo

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Ya hace un mes que terminé esa excursión de 4 días, y me parece algo hiper lejano… Las fotos ya las mostré chiquicientas veces, ya sea todas, o las reducidas que subí a flickr, o la pequeña selección de impresas (sale caro revelar!). Y sin embargo, tengo que escribir sobre esto, porque en definitiva el blog se llama qviaje (qué viaje), y aunque lo haya(mos) traicionado, el propósito original era escribir sobre un viaje que soñamos y no sé si vamos a realizar.

Me acuerdo que estábamos ahí, desayunando la tercera mañana, y una chica argentina que tenía dientes perfectos comentó que la gente que le había contado del camino no había sido tan específica como ella hubiera querido. A mí también me había costado encontrar los detalles… Y es que uno después se olvida… Justo yo había leído a Bioy Casares (De las cosas maravillosas. – Buenos Aires : Temas, 1999) decir que “hay cosas que son maravillosas antes de la posesión, cosas que lo son durante y cosas que lo son después”. Para él, los viajes son de las cosas que se disfrutan antes y después, pero no durante. “Es claro que en el recuerdo, [para mí esta coma no va] las corridas, las fatigas, las ansiedades, las esperas y más de un mal momento se converten en risueñas aventuras de la que fuimos protagonistas”.

A nosotros nos pasó, que un fin de semana en Cusco nos quedamos sin tarjeta, y sin plata, y sufrimos dando vueltas, pero una vez solucionado… ta-taaán, desapareció toda frustración. Bueno, en el camino del inka yo me dije en un momento: “esto no lo hago nunca más”, pero unos días más tarde ya estaba dudando de esa afirmación tan categórica. Por eso intento recordar cómo me sentía para no traicionarme a mí misma!

Cuestión es que el martes 20 de enero estábamos a las 6:30 am esperando que nos vinieran a buscar de Inca Point (o Cusco Explorers) al hostal. Habíamos pasado tres días en Cusco, que está a aproximadamente 3.400 metros sobre el nivel del mar (Montevideo, según Wikipedia, está a 43 msnm, así que…).  Llegamos a Cusco en ómnibus desde Lima. Fue algo increíble porque no nos esperábamos tantas curvas, tanto precipicio… El viaje era de 20 horas y sólo una vez pudimos parar a estirar las piernas, aparte que se pinchó una goma y se estiró 3 horas más… Nos entretuvieron con como 5 películas y un bingo, además de que nos hicieron cerrar las cortinas de noche para que no miráramos por dónde estábamos yendo… Yo llegué mareada. Entre el ómnibus en sí, la altura y las curvas peligrosas…

En Cusco llovía, por primera vez en este año, según el taxista. El mismo que nos dijo que en esa ciudad viven 3 millones de personas, cuando en realidad son algo más de 300 mil. Llegamos al hostal (Amaru II), y resulta que habíamos hecho reserva en el Amaru I, que era más caro, pero todo a través del mail amaru2@… En fin, teníamos habitación así que ta. Nos habían dicho que el primer día era mejor tomárselo con calma, no hacer mucha cosa y comer liviano. No habíamos almorzado, así que cenamos temprano, y el mozo nos hizo pedir agua en vez de refresco, todo por el tema apunamiento. Me dolía la cabeza, y caminar hablando (o hablar caminando) ya me costaba.

El barrio donde estaba nuestro hostal se llama San Blas, y ahí viven varias familias de artesanos. Nos metimos en unos locales, donde la gente te insiste y te muestra todo para que le compres. Berni decidió comprarse un poncho de lana de alpaca, pensándolo útil para el camino (como sustitución de la capa de elfo con que sueña =P), y los dos nos compramos gorritos con orejas (que ningún peruano usa, por cierto). La cosa es que tuvimos que usar todo eso esa primera noche, porque hacía un frío!! Podríamos habernos fijado, que en Cusco siempre hay más o menos la misma temperatura, pero nos quedamos con la idea de verano.

Cusco me gustó mucho, la arquitectura, la piedra… Bueno, en realidad no me fijé en los detalles, pero me gustaba el pantallazo general. =P El centro histórico estaba lleno de turistas, y los únicos locales eran los que te seguían ofreciéndote excursiones, lugares donde comer, muñecas, gorros, capas de lluvia, cigarrillos… Unas cuadras más allá, donde nos recomendaron que fuéramos en taxi (consejo que desoímos), ya no se veían extranjeros, y los peruanos exponían la mercadería para ellos mismos, sin mirarnos siquiera.

Cuestión es que nos metimos en la oficina de turismo (muy buena la atención e información) para preguntar por la agencia que habíamos contratado para que nos llevara a Machu Picchu (fue lo más barato que encontramos por internet, en Cusco dicen que se consigue más barato, pero es probable que no haya cupos). No encontramos su oficina y el nombre (Inca Point) no aparecía en la lista de agencias autorizadas, pero era porque el nombre de la empresa en realidad es Cusco Explorers. Hablamos con ellos, quienes quedaron de mandarnos un guía la noche anterior a la partida.

Allá apareció V, entonces. Nos trajo un mapa y nos explicó día por día lo que íbamos a hacer. Le preguntamos por la ropa, y nos tiró abajo la idea del poncho y de mi campera impermeable. También nos dijo como que nuestros championes no servían, pero en la página decían que usáramos calzado cómodo, que no era necesario comprarse championes de trekking. Nos recomendó bastones y capas de nylon. Yo llevé un pantalón deportivo para caminar, y otro para dormir, varias remeras, un buzo de algodón y otro de lana (para dormir), lentes de sol, crema, gorro, repelente (que no usamos). Nos compramos unas cantimploras de poco menos de un litro, y un coso para llevarlas colgadas. Los bastones de trekking los alquilamos. La campera la llevé igual, por el frío. Yo llevaba mi ropa en mi mochila, y Berni otra más grande con su ropa y los dos sobres de dormir, que eran demasiado bultosos y pesados. El resto del equipaje lo dejamos en el hostal, sin problemas y sin costos.

Todos muy lindos los preparativos, pero en todo ese tiempo, a pesar del té de coca de las mañanas, y aunque ya no nos dolía la cabeza gracias a unas píldoras gigantes que compramos en la farmacia, yo quedaba exhausta con cada mínimo repecho que había en Cusco, lo cual me hacía desconfiar de mi capacidad para completar los cuatro días. Y sin embargo, lo hice!

Continuará…

Véase además: Lima, Camino primer día, Segundo día, Tercer día y MP

Fotos en Flickr

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