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No sé mucho de Machu Picchu. Saqué de la biblioteca un libro medio basicote, que me dijo que los Incas tuvieron un apogeo bastante breve y que los españoles cayeron justo cuando dos posibles herederos del trono Inca se enfrentaban por el poder. Según Wikipedia, en 1911 vino un norteamericano a “descubrir” Machu Pichu (ya había oído algo de un cusqueño que había llegado ahí), y encontró que había dos familias sembrando. Digamos que ahí empieza el período de popularidad de las ruinas de este “palacio” y/o santuario.

Ya no recuerdo quién me dio qué información. Para llegar a Machu Pichu al parecer hay dos formas: por los llamados camino del Inca (tres días de caminata) o en tren y subida más breve. Al parecer en realidad habría más de un camino, hay otro más largo (y supuestamente hay caminos que no van a Machu Pichu, ¿no?). Resulta que para hacer el camino desde hace unos años es obligatorio ir acompañado de un guía autorizado. Ya no se puede tomarse su tiempo y acampar en cualquier lado como hizo Hugo con sus ex-compañeros de liceo (otra que reunión escolar!). Entonces ofrecen los paquetes: se sale de Cusco en ómnibus hasta el kilómetro 82 de no sé qué, donde empieza el camino. Hay campamentos para pasar la noche, y el “paquete” incluye porteadores que llevan, bien a lo esclavo, carpas comedor, carpas dormitorio, y, si entendí bien, carpa baño. También colchonetas, comida y elementos para su preparación. Todos los días tempranito caminando. Te venden los bastones para la caminata, impermeables por las dudas, y si pagás más, los porteadores te llevan tu equipaje. Solo 500 personas por día pueden entrar a ¿Machu Pichu? ¿el camino? Cuando le conté re contenta a mi profesora que pensábamos ir a MP (como le dice María), me dijo que en febrero no convenía ir porque hay mucha niebla, y qué vas a hacer toda esa caminata para no ver nada. La odié un poco pero después averigüé que febrero efectivamente es un mal mes para ir, pero porque cierran los caminos por mantenimiento. Así que decidimos ir en enero, que es época de lluvias, al parecer, pero que no hay drama igual. Es un mes en que la gente no se copa con ir, ya que para más adelante en el año hay que reservar con muchos más meses de anticipación y ahora los cupos todavía están en 400 y largos. Enero es un buen mes también porque los niños no van a clases… y yo trabajo en un colegio. Aunque claro, tengo contrato hasta el 31 de diciembre, qué sé yo si me van a renovar (pero me tengo bastante fe, ¿eh?), y si lo hacen, ¿me dejarán tomarme 15 días al toque? ¿me renovarán desde enero o desde febrero, que es cuando empiezan más cosas? La conclusión es que me la tengo que jugar, porque el que no arriesga no vive (¿cómo era ese versito? si río, puedo parecer tonto; si lloro puedo parecer sentimental…)… ¡y además tengo bastante fe también! Con Berni el tema es que tiene un trabajo normal, no de escuela (jaja), y como en todo trabajo normal, enero es codiciado. Pero por suerte no tuvo problemas 🙂

¿Qué más? Bueno, son tres días caminando unas 7, 8 horas, y un cuarto en que hay que levantarse como 4:30 para ver la salida de sol desde no sé dónde, y llegar a las ruinas donde te dejan libre, y después volver en tren. Claro, el camino para regresar no debe ser nada emocionante, pero tampoco debe estar habilitado… Estoy intentando recordar si alguna vez en mi vida hice algo parecido a caminar siete horas seguidas a 2.400 metros sobre el nivel del mar. Cuando fuimos a Cabo Polonio desde Valizas fueron dos horas ida, dos de vuelta, e íbamos tocando el mar con los pies. Y cuando estuvimos con Fede, Ceci y Riccardo en el Monte Blanco (4.800 metros de altura) y estábamos esperando para bajar en una sala calurosa y húmeda, las voces me empezaron a llegar desde muy lejos y de repente se volvió todo oscuro… me senté arriba de una mochila, Ceci me dio un caramelo, y los viejos de atrás nuestro se nos colaron. También recuerdo estar exhausta en Roma (esto está sonando muuy presuntuoso), subiendo una escalinata para ir a ver el Moisés de Migel Ángel… Y si me pongo a pensar, hoy en día paso el 90% de mis horas despierta con el culo en una silla. Bueno, se verá qué pasa =P

Magui recomienda comprar aquí su excursión. Nos ofrecían lo mismo por casi el doble, ¿cómo puede ser? La otra opción es mandarse directo a Cusco y contratar ahí, que saldría más barato, pero se corre el riesgo de que no haya lugar. Ese tipo de riesgos no queremos correr.

Che, ¡faltan cuatro meses nomás!

(Esto puede considerarse tercera parte de una línea que empieza acá y podría decirse que sigue acá)

 

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