Diario

Estándar

Pensaba el otro día: cómo extraño el diario íntimo. Ese ejercicio periódico de buscarte a vos mismo, sacarte la porquería y dejar sentado un instante y sus sentimientos. Un poco como acá, pero un pelín más privado.

Y qué se interpone entre mí y esas ganas de escribir? El tiempo, el cansancio, la falta de voluntad, la inversión de prioridades, el pensar qué se hace después con todo ese volumen papel, que una vez tocado por mi lapicera no puedo tirar. Un poco todo eso.

Varias veces estos días se me han ocurrido cosas que escribir en el blog, pero llegado el momento en que puedo abrir la compu sin ser interrumpida, me dan terribles ganas de acostarme a leer y chau. Hoy es un día excepcional porque Pequeña Hija se durmió sola antes de que terminara de prepararle la cena (en un hora inusualmente temprana), y me encontré con que ya había hecho todo lo que precede a que el horno termine la comida, por lo que en un impulso vine a divagar acá.

Por cierto, he leído bastante lo que va del año, pero ahora estoy estancada con un libro que, si bien por ahora es potable, no me provoca ganas de leer en cualquier momento, como me pasa con otros.  Si me copara lo suficiente, estaría leyendo en lugar de escribiendo.

 

 

La nieve

Estándar

Prometo que es lo último.

Durante nuestra estadía en Italia en enero no vimos nevar. Fue un chiste, porque nevó en Torino cuando nos fuimos a Venezia, y en Venezia cuando volvimos a Torino.

Así que mis tíos nos llevaron a la montaña para que tuviéramos la experiencia de tocar, pisar, sacar fotos y estar rodeados de la más blanca nieve. El destino elegido fue Prali, que queda a una hora y media de Torino (si mal no recuerdo). Peque vomitó en el auto cuando todavía no habíamos empezado con las curvas de montaña, y, a diferencia del sábado anterior cuando también vomitó yendo a otro lado pero después se durmió, esta vez permaneció despierta, molesta y quejándose. Yo tampoco me estaba sintiendo muy bien hacia el final del viaje, entre oler la mezcla de vómito y toallitas húmedas, estar inclinada hacia el lado de Peque para intentar levantarle el ánimo, la creciente altura y las repetidas promesas incumplidas de “ya estamos llegando”. Pero sí, valió la pena.

Además de ver, tocar, pisar y fotografiar nieve, vimos de cerca la fauna deportiva: decenas de personas haciendo ski de fondo, o tirándose desde allá arriba, o con los carritos, enfundados en colorinchudos equipos y caminando sobre aparatosos zapatos ruidosos.

También respiramos aire puro.

Una experiencia inigualable, como quien dice.

Y a la vuelta Peque se durmió.

img_7419

(esto vendría a ser un arroyo)

img_7491

También estuvimos en Génova (enero 2017)

Estándar

Parece que todos los destinos de este viaje fueron repetidos: a Génova había ido en el 2006, gracias a un concurso que gané. Aquel viaje fue con otros 10 chiquilines sudamericanos, y nuestros días estaban llenos de actividades protocolares. Íbamos a un restaurante donde no pagábamos, y después recorríamos la ciudad juntos, íbamos al puerto… Experiencias inolvidables.

Ahora alquilamos un apartamento por airbnb, justo frente a Porta Soprana.

img_7148

Lee el resto de esta entrada

Venezia. Enero 2017.

Estándar

Llegás a Venecia en tren, te bajás en la estación y cuando salís, ves el Gran Canal. Dejaste atrás el mundo tierra, y te metiste en  la tierra de los mil puentes y las callejuelas laberínticas que indefectiblemente desembocan en agua.

Tuve la suerte de visitar esta ciudad en el 2004, en circunstancias bastante distintas a las de este viaje. Era verano y lo sufrimos; había mucho más gente; cuidábamos muchísimo los euros; éramos más jóvenes y no llevábamos niños, jaja. Además, nos quedamos en un hostel al que teníamos que volver a determinada hora para que no nos dejaran afuera.

Esta vez nos quedamos en un apartamento alquilado por airbnb (éste, para ser más precisos), lo que nos permitió desayunar a la hora que quisimos, cocinar, y pasar rato tranquilos cuando ya habíamos estado todo el día afuera y se escondía el sol.

Vagamos por las callejuelas, pero también nos tomamos un vaporetto a Murano (de donde nos volvimos congelados sin haber visto hacer vidrio, buaa) y entramos a varios museos, como el Peggy Guggenheim, que tiene obras de artistas que hasta yo conozco (jaja), el Palazzo Ducale (desde donde pasamos por el puente de los suspiros, no sabía que se podía!), y el Palazzo Reale / Museo Correr (ahí Peque se me durmió en brazos y la hicimos corta).

También nos metimos a tomar chocolate caliente todas las veces que pudimos!

img_6795

Lee el resto de esta entrada

Torino. Enero 2017.

Estándar

Es la tercera vez que voy a Torino (Turín), Italia. Probablemente no la conocería si no vivieran ahí mis tíos, y me alegro mucho de esta casualidad porque es una ciudad realmente hermosa.

(aquí mi relato de la segunda visita, en el 2013).

Fuimos en enero y, aunque no se note en las fotos, agarramos unos días gélidos. Por suerte casi siempre nos acompañó el sol.

Estuvimos como 15 días con interrupciones para ir a Venecia y a Génova, además de algún paseo por el día fuera de la ciudad. Caminamos bastante, recorrimos el centro, y sólo entramos a un museo: el del automóvil. Nos lo tomamos bastante tranquilo por el frío y por la pequeña que nos acompañaba, y también aprovechamos a visitar a la familia.

Preámbulo a un lado, van algunas fotos.

img_6659

Lee el resto de esta entrada

Aquí es donde empieza todo

Estándar

La semana pasada Peque empezó el jardín y, esta semana, a entrar sola. El horario se estira de a puchitos: ayer fueron dos horas, el lunes dos y media, y así hasta que llegue a las cuatro.

Los primeros días la vi despegarse de a poco de mí. La vi dibujar y jugar, pero siempre mirando con atención todo, siempre callada. Ahora no sé mucho lo que pasa ahí adentro. La maestra me dice que es tímida y se pega mucho a ella. No me extraña, así es cuando vamos a la plaza y hay otros niños: por eso la mandamos al jardín, a ver si nos interactúa. Yo veo otra niña, dos personalidades totalmente distintas en casa (o con la familia) y en el jardín (o con extraños). Lo que es desfachatez, desparpajo, verborragia y espontaneidad se convierte en timidez, observación y mutismo, al punto que la maestra me pregunta si se expresa hablando (la doctora también! Me pregunta: arma frases como “Mamá, dame”? jajajaja)

Lo que es un milagro es que ella no llora al entrar (ni me mira, de hecho), y no dice “hoy no vamos”. Cómo hace para acostumbrarse a algo que le fue impuesto así, una rutina nueva? Nunca antes habíamos ido todos los días al mismo lugar, a la misma hora. Y esto es solo el principio de años y años de frecuentar casas de estudio y luego trabajos. Mejor eso no se lo cuento.

Y respecto a mí, estoy maravillada con el espacio de tiempo que de repente se ha generado en mi vida. Hay tantas cosas para hacer, que tendría que hacerme un buen esquema para que rinda al máximo. De todas formas tengo que aprovechar febrero, porque después vuelvo a mi horario habitual de trabajo y la ventana sin Peque va a ser de dos horas máximo.

Además, creo que esta separación va a hacerle bien a nuestra relación 😛

Ventajas de viajar con una niña de (casi) 2 años

Estándar

El 3 de enero nos tomamos un avión a Italia. Bueno, dos aviones. La escala fue en San Pablo.

Y cuando hablo en el plural de la primera persona incluyo a mi esposo y a nuestra hija de 23 meses.

Habíamos sido sagaces y aprovechado el “beneficio” de que Peque aún no hubiera cumplido sus dos, para ahorrarnos sus pasajes de avión.

Pero, claro, al ahorrarte el pasaje (que no los impuestos) perdés el beneficio de un asiento para la criatura, lo que significa que tenés que padecer un viaje de 12 horas encerrado en un Copsa con alas con una criatura inquieta a upa. Qué linda perspectiva!

Nuestro vuelo salía de Montevideo a eso de las 16, llegando dos horas después a San Pablo. Nuestra estrategia (o sueño) era que Peque permaneciera despierta todo ese primer vuelo y corriera todo lo largo del aeropuerto de Guarulhos para que llegara liquidada al vuelo clave: el eterno.

Y fue bastante como pensábamos, salvo que se terminó durmiendo antes de aterrizar (por suerte: dimos pila de vueltas en círculo), y que en el aeropuerto sólo quería upa. Pero lo interesante, lo que no te cuentan, está en el vuelo. Que tu hijo viaja a upa y no hay cinturón para él: solo tus brazos. Y que cuando pasan ofreciendo snacks, no hay uno para los Peques.  Lo mismo con la cena y desayuno, la bandejita famosa. No hay para el niño. Gracias, Latam (?)

El segundo vuelo fue en seguida. Por suerte el avión era más espacioso, porque de solo pensar en viajar doce horas con el espacio del que nos llevó a Brasil, me daban ganas de llorar. Cuando entramos todavía quedaban pila de espacios vacíos, y vimos con ilusión creciente que el tercer asiento de nuestra fila quedaba libre. Miracolo, miracolo, quedó vacío! Así que, después de jugar un rato con Lego (resultó clave) y mirar algún libro, Peque se durmió (antes de la comida) y la acostamos en el asiento con sus piernas sobre mí. Así pude ver un par de capítulos de serie, dormir un poco y comer tranquila (guardando lo que podía para mi pobre hija).

Cuando regresamos, veinte días más tarde, no tuvimos tanta suerte. Nos tocó en la fila del medio, y había un paisano instalado que ni se le ocurrió buscarse otro asiento (como hizo el hombre de adelante que le tocaba sentarse al lado de una niña de un año). Así que hubo upa, hubo inquietud, hubo cena peligrosa e incómoda, hubo sueño increíblemente movedizo y bastante malhumor (de mi parte). No miré nada en mi tele, pero sí en la del brasileño de por allá adelante que se vio toda Florence con subtítulos :p

Pero más allá de los vuelos, Magui – me preguntan por la calle – cómo es viajar con una niña de casi dos?

Vale aclarar que todos los niños son diferentes (me dí el gusto de decir esa frase), pero tengo que decir que no es fácil. Tuvimos en cuenta su presencia lo más posible al momento de planificar nuestras vacaciones. Hubo días más movidos que otros, sobre todo cuando visitamos un par de ciudades por poco tiempo, pero intentamos pasar bastante tiempo tranquilos. Pero ciertamente no es lo mismo acarrear un niño que viajar con adultos. Yo tengo como referencia mi primer viaje a Italia. Tenía 18 años, iba con mi hermano y era verano. No parábamos la pata en todo el día y recorrimos lo más posible intentando no pagar muchas entradas. Creo que es hora de asumir que nunca más habrá un viaje como ese y que todas las experiencias van a ser distintas. Esta vez era pleno invierno, y terrible frío pasamos. Cada vez que salías tenías que incorporar varias piezas de abrigo, y todos deberían saber que no es fácil vestir a un niño. Es difícil hacer que venga a ponerse la campera, que deje de jugar, que se deje puesto el gorro. No hubo forma de ponerle guantes ni gorro a Peque, y eso que estaba cruel! La gente nos miraría como padres desalmados, que se cubren a sí mismos más no a su criatura. Es difícil estar todo el día solar afuera (entre 10 y 17, ponele) y que el niño se canse y pida upa, se ponga irritable por falta de siesta, y porque lo estás llevando a ver cosas que no le interesan en absoluto. Peque soportaba poco el coche prestado que usamos todo el viaje, y pedía para ir caminando (era trampa, al segundo te interceptaba el paso y pedía brazos). Y es difícil abandonar tu casa y todo lo conocido, dormir en otra cama y acostumbrarse a tres hogares distintos en tan poco tiempo. Reconozco que estas decisiones “arbitrarias” de nosotros padres pueden resultar crueles para los niños, y hay que admitir que dentro de todo Peque se portó muy bien.

Intuyo (y proyecto) que viajar con nuestra niña de dos fue más sencillo en algunos aspectos que hacerlo con niños más grandes. Como el hecho de todavía usar pañal, que evita que en el medio de la nada te digan “quiero hacer pichí”. Todavía entra en el coche, que agiliza las cosas (cuando lo acepta!), y donde durmió más de una siesta. Todavía le gusta pasar tiempo con sus padres! Todavía no dice “estoy aburrida, me quiero ir” , ni “me estoy perdiendo el verano por estar acá”. Y, por último, pero no menos importante, no paga pasaje de tren, ni de ómnibus, ni entrada a ningún lado!

Más allá de si es una buena edad para viajar o no, la experiencia está vivida, y no se va a repetir. Por lo pronto, a futuro, me dan ganas de vacaciones del tipo tirarse a no hacer nada!

Lo que leí en el 2016

Estándar

Este año leí prácticamente todo en español (cómo me cuestan las traducciones), y muchos libros para adolescentes. Hay varias joyitas por ahí. 30, lindo número

  1. Madrecoco / Mariana Olivera

Sobre maternidad. No me gustó mucho.

2. Gone With the Wind / Margaret Mitchell

Los avatares de una relación dispar en la guerra civil estadounidense. Un novelún!

3. eleanor & park / Rainbow Rowell

Dos adolescentes que se enamoran, con una triste revelación.

4. Las intermitencias de la muerte / José Saramago

Un día, en cierto país, la gente deja de morir. Interesante.

5. La conjura de los necios / John Kennedy Toole

Me lo trajo una alumna del colegio y me encantó. El personaje principal resulta muy desagradable y antipático. Vive con y de su madre, hasta que esta lo manda a trabajar. Hay varios personajes que coinciden con él a lo largo de esta divertida novela. Para releer.

6. Fangirl / Rainbow Rowell

Son gemelas y empiezan la universidad, pero una de ellas quiere dejar atrás su infancia y el fanfiction. La otra, en cambio, vive para Simon Snow (un casi Harry Potter), y, de hecho, la mitad de la novela son capítulos de esa otra historia que ella escribe. Estuvo bien.

7. Si decido quedarme / Gayle Forman

En un accidente en auto en que muere su familia, ella queda en coma, pero su “alma” sale de su cuerpo, observa y reflexiona sobre su vida. No me convenció para nada.

8. Himalaya me avisó / Magdalena Helguera

Una chica encuentra un bebé en la puerta de su casa, y empieza a buscar de quién puede ser. Como siempre, esta autora enlaza una cosa con otra permanentemente y me pone un poco nerviosa! Pero está bien la novela.

9. Mr. Mercedes / Stephen King

Me lo trajo la misma del de La conjura… , pero esta vez no le embocó. Fue mi primer King, y me decepcionó: una historia bastante simple de detectives.

10. Yo, él y Raquel / Jesse Andrews

Al pibe lo hacen retomar una vieja amistad con Raquel porque tiene leucemia. Pero ella no tiene ninguna trascendencia en la novela, y la nueva relación no aporta gran cosa. Escrito en la primera persona de Grega, es bastante divertido de leer.

11. La muerte de Ivan Illich / Leo Tolstoy

No estaría recordando mucho de este libro, salvo que me costó. Aparentemente me gustó el final, con los sufrimientos del hombre (según mi Goodreads!)

12. París es siempre una buena idea / Nicolás Barreau

Este libro es una mala idea. Lo compré en un impulso, y resultó plagado de lugares comunes. Una parisina ilustra un libro infantil (malísimo! está incluído el texto) y un estadounidense dice que es un cuento que su madre, ya muerta, le contaba de niño. Por supuesto se enamoran, a pesar de la una novia ambiciosa y el novio deportista. Puaj.

13. El quinto hijo / Doris Lessing

El quinto hijo de la familia feliz es raro, más animal que humano, peligroso incluso. Perturba la paz familiar. El libro es raro y bastante deprimente.

14. Vampirii : la nación de las tinieblas / Fernando González

Hay un bar en Montevideo que es la puerta hacia las rutas subterráneas usadas por los vampirii para trasladarse por el mundo. Hay un adolescente uruguayo que de casualidad (o no?) ingresa a ese mundo de la mano de ella, la vampiresa especial. Dentro del género, que no me gusta nada, me pareció bien.

15. El lector del tren de las 6.27 / Jean-Paul Didierlaurent

El muchacho maneja una máquina recicladora de papel que es descrita como un monstruo casi con vida. Odia su trabajo, destruir miles de libros por día y convivir con la Cosa que le sacó las piernas a uno de sus pocos amigos (que vive en busca de los libros publicados con la pulpa reciclada). Y todos los días, en el subte hacia el trabajo, lee páginas sueltas recolectadas al limpiar. Esta es solo la premisa de una novela corta y linda linda.

16. Descarrilado / James Siegel

Me lo prestaron en el trabajo. La historia hollywoodense de un hombre al que chantajean (de hecho, hay una película con J. Aniston). Mucho bolazo, pero ta.

17. El océano al final del camino / Neil Gaiman

Éste estuvo imponente. Un hombre vuelve al pueblo de su infancia y se sienta al borde del estanque de su vecina, recordando que ella le llamaba océano. De a poco empiezan a surgir recuerdos que él no sabía que tenía, sobre un corto período de su niñez en que las cosas se pusieron muy feas. Es mágico y oscuro, y juega con lo que retiene la memoria.

18. Cartas de amor a los muertos / Ava Dellaira

Hubo una especie de furor en la biblioteca con este libro, pero a mí no me convenció mucho. La protagonista le escribe cartas a personas famosas muertas (pero como tiene que atender a los lectores también, se obliga a “decirles” cosas obvias), pero es una excusa para hablar de sí misma y de su obesión: su hermana, también fallecida. Me pareció bastante tonta la chica, pero tiene cosas interesantes la novela.

19. Memorias de un amigo imaginario / Mathew Dicks

Me lo prestó otra alumna, que me empezó a contar su trama de forma muy entreverada. El protagonista es un amigo imaginario, uno de los que ha vivido más tiempo, porque su amigo imaginante es medio autista. Los amigos imaginarios pueden hablarse entre sí, y tienen distintas habilidades, dependiendo de la imaginación del niño: atravesar puertas, irse fuera de la órbita del niño, entre otros. Me pareció fantástica la premisa, y también la historia que se desarrolla. Lindo, pero se te estruja el corazón.

20. Doidao / José Mauro de Vasconcelos

Zezé de Mi planta naranja lima es casi adulto, pero aún necesita desesperadamente el cariño de su padre. Es cortito, salteado, triiiste y lindo.

21. El encuentro / Nadine Gordimer

Una chica blanca sudafricana que reniega de su origen de clase acomodada empieza una relación con un ilegal árabe al que terminan deportando. Ella se va con él. Muy interesante.

22. Un monstruo viene a verme / Patrick Ness

La madre tiene cáncer, el niño recibe la visita de un monstruo a la noche, que le cuenta historias. Triste.

23. El matrimonio amateur / Anne Tyler

Lo compré a 60 en la feria del libro y después me di cuenta que había leído otro de la autora (Breathing Lessons). Una pareja que se casa precipitadamente antes de que él vaya a la 2a Guerra Mundial (EEUU), y flashes que avanzan en el tiempo y en la evolución de la relación. Me gustó.

24. La casa del espejo / Vanessa Tait

Lo escribió la nieta (o bis?) de Alice Liddell, la que inspiró a Carroll a escribir Alicia en el país de las maravillas. Cuenta un año en la vida de los Liddell y Dodgson (Carroll), narrado por la institutriz de las niñas y basado en la extraña obsesión del muchacho por la pequeña. De lo más interesante.

25. Yo antes de ti / Jojo Moyes

Ella pierde el trabajo y termina trabajando para él, cuadripléjico después de un accidente. Una especie de Intouchables romántico, pero hay otra vuelta de tuerca, y un poco más de ella. De todas formas es algo simplista en algunas cosas.

26. El dolor invisible / Jordi Sierra i Fabra

Un psiquiatra y una adolescente con cambios de personalidad. No me gustó mucho.

27. Diario de Gordon / Marcos Chicot

Un ser desagradable, que vive en una fantasía creada por él, donde tiene una gran atracción con las mujeres y es el empleado ideal. Se manda una tras otra y todo le sale bien. Al principio era gracioso, pero al final me harté (y el protagonista me hizo acordar al de La conjura de los necios)

28. La búsqueda de Lucía / Cecilia Curbelo

La chica descubre que es adoptada y no reacciona muy bien. Después se engancha con un novio peligroso, y descubre quienes son sus padres. Hay fallas en la trama, y parece una telenovela argentina para adolescentes.

29. El tiempo entre nosotros / Tamara Ireland Stone

Parecía La esposa del viajero del tiempo versión adolescentes, pero es bastante distinto. La historia sigue siempre el presente de ella, con las apariciones de él, que no debería estar ahí. El tema del viaje en el tiempo se toma light, sin grandes consecuencias ni peligros.

30. Y por eso rompimos / Daniel Handler

La chica le devuelve a su ex una caja llena de recuerdos de su mes juntos. Cada objeto inspira una carta que explica los avatares de su corta, pero intensa, relación. Interesante

Mi top 5:

(no van en orden porque no puedo!)

  • El océano al final del camino
  • El lector del tren de las 6.27
  • Gone With the Wind
  • Memorias de un amigo imaginario
  • El matrimonio amateur

Hoy fuimos a ver Rogue One

Estándar

Una vez por año, con aquél vamos al cine.

Ese podría ser nuestro lema actual: antes íbamos tan seguido! No sabíamos qué privilegio.

Pero es mentira, porque este año ya vimos al menos dos.

Y son las clásicas, las que no se dudan, y de las que vamos a tener para rato: las franquicias Harry Potter y Star Wars.

Podríamos decir que HP es más mío porque yo leí los libros (aunque con Animales Fantásticos estábamos en igual posición), y SW más suyo porque el vio todas las películas hace tiempo, algunas en su estreno, y conoce el universo. Creo que fue el año pasado que miramos toda la saga juntos, y luego fuimos a ver el episodio VII.

Hoy nos tocó Rogue One.

Él salió de trabajar, levantamos a Peque dormida (porque cada vez empiezan más tarde sus siestas, qué guacha) y la llevamos a lo de la tía. Luego nos fuimos al Punta Carretas y dimos miles de vueltas por el estacionamiento buscando dónde cuernos estaban las 186 plazas libres que decía el cartel afuera. Subimos dos escaleras mecánicas y llegamos al GrupoCine donde nos dijeron que la que tenían ellos, empezando en ese instante, era en español. Por suerte nos indicó que el mostrador de al lado (Life) la ofrecía en inglés. Pero también estaba empezando. Nunca fueron tan puntuales con una película, che. Me perdí las sinopsis (snif snif), llegamos justito. (Y había tres gatos locos en la sala)

Pasaban los minutos en la película, y yo me preguntaba si en algún momento iba a entender algo. Intentaba recordar qué pasaba en las otras siete, pero no me venía mucho a la cabeza, y tenía que captar toda la parte en que explican cuál es la misión y quiénes están involucrados. Pero después todo fue encastrando casi perfectamente en mi precaria red de conocimientos galácticos. De hecho, fue de lo que más me gustó, que fuera una pieza de engranaje asociada al episodo IV. Y quizás te espoilee un poco, pero para el final insertaría el emoji del corazón partío.

Por cierto, me resultó novedoso que Carrie Fisher fuera tan apreciada. Típico, descubrí recién ahora que escribió varios libros con muy buenas críticas, y tengo ganas de comprarme uno de ellos.

 

Algo que culmina (adiós 2016)

Estándar

Hola!

Es gracioso como a uno lo agarra medio de sorpresa la bajada del año, pero una vez que estás en ella, fiú, llegás al 31 como bólido.

Cuando quise acordar, se habían terminado las clases (en liceo es antes), y ahora hace menos de una semana que terminé de trabajar y ni me acuerdo de cómo era eso. Ni que hablar de los días en que tardaba más de una hora en volver a casa del trabajo, pasando por todos los lugares de locura comercial navideña, y sufriendo el calor en el ómnibus.

Si de recapitulaciones se trata, este año cambié de trabajo (y lo dije en todas las entradas del blog, másomenos). Todavía me cuesta pensar que ya no trabajo más en el otro, que la biblioteca funciona sin mí, que hacen actividades y no me cuentan (horror!), pero eso es sólo cuando tengo contacto con mis ex compañeros. En el trabajo nuevo tengo mis días, pero he sabido disfrutarlo (sobre todo a los teens). Pero las grandes ventajas son las asociadas a la cercanía y el corto horario de trabajo, que me permitieron interactuar con Peque de mañana y de tarde, volver de trabajar caminando (a veces), tener tiempo para cocinar y hacer feria.

Las condiciones se dieron para que volviera a hacer cursos de educación permanente (1) y asistir a charlas o talleres relacionados con la literatura/lectura. No es fantástico?

Hice muchas visitas a padres (abuelos), y paseos en coche, e idas a la plaza (cómo me cuestan las plazas).

Cuando descubrí a mitad de año que había leído sólo cinco libros, decidí priorizar esta actividad y dedicarle tiempo durante la noche. Terminé leyendo más de 25 (clap, clap).

Cociné mucho y probé recetas nuevas, raras, con poroto, papa y espinaca… en preparaciones dulces! Durante todo un año había solo recreado recetas ya conocidas, o esa es la sensación que tengo, pero este año tuve un boom gastronómico, digamos. Manteca de maní, turrón, bizcochos…

Este año adquirimos auto (que yo no sé manejar), lo que nos facilitó las visitas a la suegra y su madre en el interior, y todo el vuelterío chico. Una independencia que no recordás no haber tenido nunca.

En el 2016 nacieron Cata, Cami y Feli, entre otros bebés conocidos. Y mi bebé, la Peque, se convirtió en niña. Todo lo que puede cambiar una persona en tan poco tiempo! Aprendió a caminar y a hablar, dejó el chupete, y demuestra cada día que es una esponja, un lorito, pero también una gurisa creativa, inventiva y tierna a la que le gusta jugar, comer, ver fotos, que le lean y le hagan mimos. Me babeo tanto como me enervo con esta chiquilina. Como también dejó la teta y se hizo un poco más independiente, pude ir a más lados sin ella, jaja.

Lo que no hice mucho fue actualizar el blog (creían que no iba a hacer mención? a quién le estoy hablando? je). Extraño un poco las épocas en que volcaba un poco de ingenio y me mandaba entradas periódicamente. Pero lo cierto es que muchas veces me da pereza abrir la computadora después que se durmió Peque (si está despierta, toca), ni que hablar cuando la bicha me anda para el c… .

A ver qué sucede en el 2017, con niña en el jardín. Por lo pronto, en unos días, después de pasar fin de año con suegra, nos tomamos un avión los tres al crudo invierno italiano. Volare, oooh.

Un muy feliz 2017 a todos los que llegaron hasta acá abajo y a todo el resto que se lo merece también.