La MaPe

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El 13 de marzo fue el último día que fui a trabajar. Las clases están volviendo de a poco, pero todavía no entro en los planes del colegio. Imagino que volverán a tomarme en agosto, cuando se me acabe el derecho al seguro, pero no tengo certezas. La realidad es que ni pienso en eso. No quiero ponerme a ver cómo se adapta la biblioteca a la nueva embolante realidad de los colegios y escuelas.

Mientras tanto, experimento la vida de la stay at home mum. Nunca sentí que fuera para mí, pero, ahora que los niños más o menos volvieron a sus jardines (Hija sólo dos días, menos horas) tampoco me pesa tanto. Será que pienso así ahora que ya duermen y yo estoy tranquila, por ver una serie?

Durante el día, estando o no los niños, me dedico a cocinar (por deber y por placer), lavar platos, barrer (siempre hay mucho para barrer), ordenar! Juguetes y papeles que acumulo con pasión. También sigo armando puzzles (estoy en el 5to). Pero me pasa algo curioso y es que siento que sólo armando estoy perdiendo el tiempo. Escuchar música no me parecía lo suficientemente estimulante, así que busqué podcasts (ninguno me convence), y también puse bake off de fondo. Sólo que me pareció demasiado interesante y mi concentración en el puzzle disminuyó notablemente, así que lo cambié para cuando cocino. Además del puzzle en el escritorio, me bajé una app de puzzles que ofrece desafíos y premios de monedas, y un cofre para abrir, y puedo pasar rato jugando, jajaja.

La otra gran actividad es salir al mundo exterior y llevar y buscar a los niños. Se siente bien caminar, aunque sea unas cuadras.

De noche, cuando los niños duermen, hago gimnasia, miro (o miramos) series y películas, leo.

Y así transcurre una vida muy apacible a la que podría estar acostumbándome!

 

 

 

 

 

Aislamiento. Semana 9

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Mentira porque no hemos hecho aislamiento total últimamente, pero seguimos sin clases y saliendo poco (entre semana, nada de nada). Yo en seguro de paro, Esposo trabajando desde casa. La verdulería me toca timbre, no piso el supermercado desde hace 70 días, los regalos se compran online, no hay planes de juntarse con amigas…

Al principio, fue todo búsqueda de actividades, llenar los días con novelería. Llegaban videos de juegos para hacer con tus hijos. Parece que fue hace tanto tiempo que pusimos un enorme cartón en el living y mis hijos a medio vestir terminaron todos azules. Luego fuimos cayendo en una especie de rutina. De mañana leemos. Y miran canciones. De tarde dos capítulos de dibujito. Más tarde cuentos en youtube (toda la pantalla que no vieron en 5 años, claramente). Descubrimos la Pantera Rosa! Después a veces me cuentan lo que vieron y no entiendo nada.

Hija grande dedica varias horas al día a imaginarse cosas en el cuarto. A veces vuelve a ser la de antes y me involucra en juegos eternos donde pasa de ser mi madre a ser la maestra o la doctora. Transcurren días en el juego. Acostate. Ahora desayunamos.

Tiene rachas de dibujar, está aprendiendo las letras, y cada tanto manda mensajes por abajo de la puerta. Crea invitaciones, títulos de cuentos (y me dicta historias)

El chiquito se trepa a cosas, y juega a matar malos (no sé de dónde saca la fijación). Tira y destruye lo que encuentra a su paso. Si me ve sentarme a leer, viene con cinco libros para que le lea a él.

Intentamos sacarle los pañales, pero no quiere saber nada. En cambio, hace varios días que se duerme en su cama. Qué es esa brujería?

Día por medio, si no todos los días, cocino algo con la ayuda torpe y esporádica del benjamín. Tortas, galletitas, bocaditos, pan! Qué lindo es hacer pan (cuando quiere leudar).

Los jardines mandan cosas. El del chico, videos pedorros y algunas actividades manuales (claramente no lo mandamos por los contenidos sino por la interacción in situ). El de la grande un día atomizan con videos y canciones y links y audios de seis minutos, por el amor de todos los dioses. Luego, días de silencio. Mandan los sábados, domingos. A las 9 de la noche! Anonadada.

De noche, cuando los niños se duermen, miramos How I Met Your Mother. La empezamos junto con la cuarentena voluntaria, y vamos por la temporada cuatro. A la vez y por mi parte, he visto varias películas sueltas (siempre en dos partes o más) y todos los días engancho algo de Brooklyn 99. Qué descubrimiento fantástico. Me hace el día. He leído varios libros, pero no más de lo que habría leído en la vida normal.

Las otras rutinas que he incorporado son: gimnasia día por medio, con una española en Youtube, y armar puzzles. Siempre me encantaron y tengo varias cajas de mis épocas pre niños. Y nunca volví a hacerlos porque hijos chicos. Sigo teniendo un hijo chico que toquetea y hasta muerde las piezas (por qué???), pero aprovecho a armar cuando están enchufados en la pantalla.

Los fines de semana, contra lo previsto, son diferentes. Porque Señor Esposo está disponible y puede preparar el almuerzo o encargarse de los niños. Porque subimos a la azotea y corremos un rato. Porque a veces salimos a pasear en auto. Porque los fines de semana, en lugar de dibujitos, vemos películas (vimos las 4 de Shrek, 3 de Toy Story, 3 de Madagascar, Moana dos veces, Up!, Buscando a Dory…).

No sé cómo sigue esto. El clima que se siente es que ya terminó. Nosotros mismos nos hemos juntado con familia, sintiéndonos un poco culpables. Pocas personas, que a la vez se juntan con otras pocas personas, y así sucesivamente. Es complejo. Todo parece indicar que no se está dando un contagio masivo. Pero qué pasa si sí?

Y a la vez uno se vuelve un poco bicho. Salir a la calle es extraño. No me imagino lo que sería volver a trabajar.

Aislamiento. Primera semana

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Este año, por primera vez en tres años, mi hija tuvo maestra en el jardín desde el día uno. Empezamos bien! dije y repetí.

Este año hijo chico empezó su jardín. Feliz.

Este año, con dos niños escolarizados, iba a tener una hora y media de la casa sola para mí. Para hacer cosas! Cocinar, limpiar, rascarme… Me propuse volverme caminando del trabajo para hacer algo de ejercicio, y lo llegué a hacer, un día.

Luego vinieron los primeros casos de coronavirus. Y las sucesivas decisiones de cancelar las clases y evitar salir de nuestras casas. Así que acá estamos hace una semana,  encerrados, haciendo como esos días de finales de enero de los que me quejaba en la última entrada del blog. Con la diferencia de no abuelos, no plaza, no salir a pasear, no invitar amigos. YA SÉ que esto no se compara con otras situaciones, que hay gente que queda sin trabajo o va a seguro de paro, o que se iba a casar o hacer un viaje o a realizar grandes planes que ahora no se pueden llevar a cabo. Pero quería quejarme levemente en algún lado. Gracias.

En cuanto a cuarentenar con niños, tengo la teoría que es mejor que hacerlo sólo entre adultos. Porque las exigencias y demandas de los pequeños te impiden entrar en cualquier tipo de achanchamiento y te mantienen activo. Además, con los niños podés hacer actividades lúdicas y creativas que probablemente no harías de otro modo. Es posoble que me equivoque y sólo esté queriendo creerme en una posición privilegiada. En definitiva, que no me da para maratones de Netflix y lectura, sino que cuento con el mismo tiempo que tenía antes de la pandemia: a partir de que se duermen las criaturas.

Mis hijos tienen 2 y 5 años. Son chicos para jugar a juegos de mesa y ver películas de una tirada. Tampoco saben leer ni servirse comida por su cuenta. También pretenden que los mires bastante seguido. Pero podrían ser más chicos y no hablar, o podrían tomar teta y despertarse muchas veces de noche (en lugar de la única vez que lo hacen ahora). O podría ser uno solo y pretender que juegue TODO el tiempo con él. Al ser dos, hay ciertos instantes preciados, preciosos y maravillosos en que JUEGAN JUNTOS. También se pelean, es cierto, pero todo no se puede.

Es cierto que no tenemos fondo, pero también que contamos con grandes ventanas con sol de mañana o tarde. Y que tenemos dos grandes espacios donde jugar, bastantes juguetes, y muchos libros.

Llevamos una semana de convivencia full time, y, extrañamente, no me he querido arrancar los pelos. No más que otras veces que me he quedado sola con los pequeños. Y eso es clave: siento que ya tenía cierta preparación. Peor pasé cuando mis hijos eran recién nacidos, qué querés que te diga. Claro que esto recién empieza, no? Probablemente me esté apurando a hablar. No quiero pensar mucho en el futuro porque me estresa, pero lo afrontaré con toda la paciencia que me vaya quedando.

 

 

Enero 21. Puedo renunciar?

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Estoy sola en casa con los niños estos días, y en varias oportunidades me dan ganas de mandarlos a pasear a Marte o algo.

Lo que más me molesta es que todo el día están pidiendo o reclamando algo, llamándome, siguiéndome (me siento en el baño y automáticamente hay uno al lado), incluso diciéndome mala por los motivos más ridículos. Y llega la noche, se duermen, me pongo a mirar algo o leer, y ahí va el nene chico y se despierta llorando, pide agua, se duerme y vuelve a empezar hasta que me acuesto con él y mi presencia en la cama lo hace sentir protegidDEJAME EN PAAAAZ! Dos años tenés! Dormiteeee

Hay algo con lo que no sé cómo lidiar, y es las peleas (estúpidas) entre hermanos. Uno agarra un objeto e inmediatamente le otorga poderes que hacen que el otro también lo quiera agarrar. Y ahí empiezan con el daameee, y no te doy, y risa, y llanto, etc. O la grande se pone a jugar a algo y el chico quiere tocar, y ella nooo! quiero jugar yo sola!

En esos casos no tengo idea qué hacer y empiezo a alternar:  “compartan”, “lo tenía x”, “dáselo”, “ahora te lo da”, “qué te molesta si juega también, dejalo”, “no querés jugar a otra cosa, vení” y soy toda incoherencia. Me pregunto si hay alguna edad en que vayan a estar parejos para jugar juntos y resuelvan las peleas entre ellos (jajaja).

Son días largos.

 

De regreso de las vacaciones

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Hoy volvimos de nuestras vacaciones en La Paloma, y tengo sentimientos encontrados con estar de vuelta en casa. Por un lado, extrañaba mi colchón, y la pileta de la cocina (!). Por otro, acabo de perder a la tribu de crianza…

Compartimos estos días (aunque no la casa) con mis padres, tíos, hermanos, primos, sobrinos… Los niños tenían para elegir con quién jugar, y andaban libres por ahí. Las comidas eran grupales y, sinceramente, mis padres se ocupan de casi todo. O sea que la carga mental estuvo reducida al mínimo, y sólo me dediqué a ayudar con ensaladas y esas cosas. Además de cambiar a mi hijo (que me elige a mí para esos menesteres, el mocosito lindo), encremar, rezongar un poquito…  decir que no a los dibujitos…

Qué gracioso que teniendo espacios nuevos, juguetes de Reyes, primos y abuelos, mi hija me pidiera para ver dibujitos todos los santos días, eh? Esto es bastante nuevo, y una faceta que no me hace feliz. Porque si le digo que no, vuelve diez veces a preguntarme por qué, y si digo que porque no, me dice que esa no es una respuesta. A ella le sigue gustando que le lean libros, y sigue imaginando mucho, pero tiene esa pequeña obsesión. Y ya sé que tiene casi cinco años, que la etapa en que los pediatras dicen “cero exposición a pantallas” ya pasó, pero suceden dos cosas: 1) que está el hermano de apenas dos años, y no queremos que se cuelgue él con los dibujitos; 2) que no importa cuánto vea, nunca le parece suficiente, y ahí es berrinche de nuevo. Bueno, la verdad es que hay una tercera razón, y es que quiero que siga siendo la nena a la que no le interesaba absolutamente nada de la tele! Y una cuarta, que es que para mí las vacaciones fuera de casa no incluyen tele. Cuando éramos chicos íbamos a esta casita donde no teníamos la opción. Y entonces leíamos, escribíamos, jugábamos muchos juegos de mesa, y éramos felices. No sé si está bien o mal, pero así pienso que debería seguir siendo.

Ahora que estoy vieja (mentira, es una expresión), me doy cuenta que tengo una relación extraña con la playa. Me voy a veranear a una, y todas las mañanas lindas, me pongo el bikini y protector solar, repito la operación con mis hijos, y allá vamos. Entre que no nos levantamos tan temprano como en Montevideo y que todo lleva su tiempo, bajamos a la playa en el horario en que deberíamos estar volviendo. Nunca mucho antes de las 10. Entonces pasamos poco más de una hora antes de volver. Lo ideal sería bajar de tarde, pero por alguna extraña razón, en mi familia no se estila (y a mí tampoco me dan ganas). Sí salir a caminar cerca de la puesta de sol, pero no instalarse en campamento. He madurado y entiendo que tirarme al sol es perjudicial para mi piel. Me pongo protector de 30 para arriba y busco la sombra de la sombrilla. Al bajar con niños, casi ni camino. En cambio, me pongo a cavar pozos, hacer túneles, construir castillos y decorarlos con arena húmeda goteando desde mis dedos. Lucho con moldecitos de puentes y diseño tortas. En cuanto al agua, me da miedo cuando hay olas, me da pereza cuando está fría, y lo cierto es que me bañé una sola vez en 15 días. Aprecio el día fresquito o lluvioso que nos hace cambiar de rutina. Y no me molesta bajar vestida y caminar mojándome los pies solamente. Pero si los últimos días antes de volverme fueron frescos para playa (como nos pasó ahora), entonces siento que no aproveché lo suficiente. Qué porquería el cerebro! jajaja.

Más allá de la playa y del compartir responsabilidades respecto a mis hijos, hay varias cosas que disfruto de irme para afuera en vacaciones. Estar al aire libre la mitad del tiempo. Leer lo más posible. Hacer crucigramas. Jugar juegos de mesa. Caminar por calles de tierra. Vivir con poca cosa.

Llegamos a casa y el contraste con nuestra vivienda de playa fue tremendo. Tanto objeto que habita con nosotros! Juguetes, libros, ropa, y cosas inclasificables pueblan los pisos de mi casa (sí, los pisos).

Hijos tuvieron el placer de redescubrir el hogar (me acuerdo de esa sensación de infancia, de volver a casa después de lo que parecía una eternidad). Pero no había pasado una hora cuando escuché “puedo ver dibujitos”?

Nos esperan semanas largas.

Mis libros 2019

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Son “mis” libros porque al leerlos, pasan a formar parte de mí. O eso quiero creer. Mi memoria es muy mala, y debería hacer mini reseñas de mis lecturas ni bien las termino, pero no lo hago y ahora me encuentro googleando las tramas de algunos. Qué desastre.

Este año me uní al desafío de Goodreads con 36 libros (tres más que el año pasado), y lo logré, aunque algunos libros no deberían valer (jajaj). También participé en un desafío que inventé en el trabajo, de un libro por mes durante el año escolar, siguiendo algunas consignas.

En esta lista hay una cantidad de libros que disfruté mucho. Mi top 5 (por orden de lectura):

  1. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey
  2. Neverwhere
  3. Llámame por tu nombre
  4. Never Let Me Go
  5. El odio que das

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Empezar el año con una de esas entradas

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31 de diciembre, 18 hs. El galán de la telenovela turca que mira mi suegra le dice a la muchacha de ojos claros que sintió celos de su cabello cuando ella lo tocó. El sonido se mezcla con los de Paw Patrol que mira hija. Hijo terminó durmiéndose en brazos hace un rato, a upa.

Ayer terminé el libro número 36 del año, que era lo que me había propuesto. Estoy viendo Friends de nuevo porque cuando se cumplieron los 25 años fui a ver algunos capítulos al cine con una amiga que los ama, y seguí desde donde quedamos (por cierto, cero esmero pusieron para transmitir en el cine, eh?). También vi, y amé The Good Place. Con Esposo volvimos a ver Downton Abbey en preparación para la película (que no fui a ver con él, ups), y terminamos, después de mil años, The Big Bang Theory. La empezamos tanto antes de tener hijos!

Estamos llegando a un momento de nuestros hijos que nos permite volver a hacer cosas de antes. Los niños suelen dormirse temprano y no despertarse en la noche (no más de una vez, al menos), y eso nos da tiempo para ver series juntos. También demuestran un poco más de autonomía de su madre, lo que me permite salir de vez en cuando al cine y cenar con amigas. Qué maravilla!

2 enero. 00:43 . Hija se acaba de dormir. De tardecita hizo siesta en el auto y la pagamos caro. Me pregunto si vale la pena seguir con esta entrada, que no sé a dónde va. Me aturden los grillos (!).

El 2019 fue un lindo año para mí. Me había propuesto cosas como ir al dermatólogo (lo hice el 20 de diciembre) y al dentista (me saqué muelas de juicio y todo). Organizar las fotos y hacer ejercicio van a tener que pasar a propósitos del 2020!

Buen año para todos.

 

Vacaciones de primavera

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Es una cosa nueva esto de las vacaciones de primavera. En mi época escolar eran dos días, si no recuerdo mal. Yo tuve que trabajar un día solo, y a pesar de que muchas actividades de la semana fueron para mis hijos, hubo otras cosas que fueron mías (sí? sí!).

  • Recibí tres niños en casa (en dos oportunidades)
  • Trajimos slime de la feria, descubrí su hermosa textura y amenacé con tirarlo todo si me encontraba con pedacitos en el piso
  • Con Primogénita fuimos a Libruras, la librería especializada en literatura infantil. No me alcanzó el tiempo para ver tantos libros hermosos y leerle los que ella seleccionaba (del tipo “Pupú y los medios de transporte”, ommm)
  • Me junté con amigas a preparar buttercream (y no llevé a mis hijos!)
  • Con Adorado Esposo terminamos de ver por segunda vez Downton Abbey. Por mi parte, avancé con The Good Place.
  • Terminé un libro (The Rest of Us Just Live Here), empecé y abandoné otro (Up in the Air), y seleccioné mi próxima lectura (Antes de que llegaras)
  • Con Ambos Hijos y mi hermana fuimos a ver a los Canticuénticos y nos cantamos todas las canciones
  • Hice torta, merengue, blondies de limón. Y brownies, los que nunca faltan.
  • Asistimos a un cumpleaños infantil
  • Visité a Cris!
  • Ordené y limpié dos cajones de la cocina y abajo de la escalera

Estoy especialmente orgullosa de ese último ítem! La de cosas insólitas que salieron de ahí…

Todavía nos queda domingo de picnic en el Botánico para cerrar esta bella semana de inicio de primavera.

Y después, es todo bajada

😉

 

Adicción

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Hace unos días, cuando llegaba a la parada para ir a trabajar, me di cuenta que no llevaba el celular. Por unos segundos me plantée la opción de seguir adelante, pero enseguida volví a buscarlo. Simplemente no me imaginaba estar esas horas sin la posibilidad de contacto, sin conexión, sin saber la hora (sí, no tengo reloj)…

Y luego, este fin de semana, mientras paseábamos por Buenos Aires, lo dejé en un taxi, y ya van 5 días que estoy sin celular.

De alguna manera, perderlo durante un fin de semana familiar fuera del país suavizó un poco la ausencia. Porque ya de por sí no tenía conexión más que en el apartamento que alquilamos y que no pisamos hasta la noche, y el celular no me servía más que (ni menos que) para mirar la hora y sacar fotos. Al menos, durante las vueltas que dábamos. Me había llevado un libro y, a la noche, tuve que dedicarme a él, a falta de otros estímulos.

Tuve que pedir prestado el celular de Esposo para tener algunas fotos recuerdo del mini viaje, pero tampoco podía abusar (?). Yo, que saco fotos todo el tiempo, tuve que simplemente grabar cosas en las retinas!

Luego volvimos a Montevideo. Y no tuve la emoción de agarrar la señal llegando al puerto. No le pude contar a nadie que habíamos llegado bien. No pude ponerme al día con el grupo de amigas con las que hablo todos los días. No pude subir fotos a Instagram, ni chusmear qué pasaba en twitter.

Me despierto a la mañana, y no sé qué hora es. Esposo puso su despertador para mí hoy, y soñé que me dormía o no lo sentía. Salgo a la parada y no puedo ver cuánto falta para el ómnibus. Tengo que esperar y viajar mirando a mi alrededor y a la nada. No tengo la lista del supermercado. Voy al trabajo y no tengo fotos para mostrar. A la hora del almuerzo (y en otros momentos ociosos) me tengo que llevar un libro o simplemente pensar. El horror.

[Hoy de tarde, todavía, quedé sin luz en casa. La hora del microondas desapareció y yo quedé sin ubicación temporal (hasta que descubrí un celular viejo con la hora exacta). Buscando a Hija del jardín me enteré que el corte de luz iba hasta las 19. Y no podía comunicarme con nadie para que nos viniera a socorrer. Así que salimos en ómnibus para huir de la oscuridad (ah, qué dramatismo). Sin poder decir: vamos en camino. Sin poder mirar qué ómnibus nos convenía esperar. Cómo hacíamos esto antes??]

Todo muy lindo con el universo y este mensaje que me está dando. Hay vida más allá del aparatejo, hay rostros, y cielo y autos para mirar. Prometo dejar perderme en mis pensamientos de vez en cuando, y acá son testigos que yo algo leo… Pero por favor, quiero volver a tener celular mañana!

Dimanche

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Hoy me levanté con hijo chico a las 7:45. Intenté convencerlo de que se quedara más rato, pero no hubo caso. Se bajó de la cama y me dijo “tau”. Te imaginás el día que se levanten solos y yo no tenga miedo de que rompan algo? Va a ser maravilloso, pero no sucede aún. Así que le di unas galletitas y nos sentamos en el living. Agarré mi lectura actual (La historia interminable, de Michael Ende) y seguí algunos capítulos mientras el niñito me mostraba un lápiz con punta y otros sin (“no tene. punta. ete lápiz. Ete. tene. punta” en loop), y jugaba con lego y otros petates en la vuelta.

Más tarde, cuando se despertó la hermana, se fueron a jugar juntos mientras yo lavaba el piso de la cocina. La pucha que vale la pena estar vivo para ver a los hermanos compartir momentos! Cada vez se repiten y se prolongan más, y es maravilloso. En cierto momento abrimos la puerta del cuarto y estaban los dos todos pintarrajeados con marcador rojo. Ella se había hecho lentes, incluso. Un desastre, pero las caras con que nos miraron? Riéndose los dos? Imperdible. (A él le quedó la nariz roja, parece resfriado o borracho).

Con Hija tuvimos una discusión porque no quería que la bañara (nunca). Más tarde, en el otro extremo del día, porque no la dejé seguir viendo dibujitos. En esos momentos me convierto en mala y ella en una víctima de la injusticia. El drama que se maneja en esta casa es muy intenso.

A las 20 los niños estaban durmiendo, cada uno en su cama (miracolo, miracolo!). Y a mí hasta me dieron ganas de escribir una entrada en el blog. Pero divago, no tengo un tema en concreto ni ninguna línea argumental. Y lo cierto es que quiero ver alguna película antes de que sea mi hora de dormir (las 12).