Hace más de un año yo me preguntaba para qué hacer un blog. Una vez que fue hecho, muchas veces me pregunté para qué mantenerlo, qué escribir. No sé cuál es el objetivo, sé que a mí me divierte. Me divierte ver las estadísticas, ver cómo cayó la gente por acá… ¡Ni siquiera es que comparta realmente mi vida!
Hoy tenía ganas de escribir, pero no tengo mucha idea sobre qué. Entonces podría ser algo así como dejar fluir la cuestión, no? Recién Berni me decía que escribiera sobre el gato y el perro (!!!), y yo me acordé del cuaderno viajero! En cuarto año teníamos a la mejor maestra, Alicia (algunos decían que el primer puesto lo compartía con Liliana, la de jardinera, otros tuvieron que esperar hasta sexto, con Ana Cecilia, para dudar sobre el tema). Ella creó un cuaderno que cada día se llevaba uno de nosotros para escribir algo que compartir con la clase. Cuando me lo llevé yo, quería describir mi casa. Jaja, imaginate, “hay un pasillo que al fondo da al cuarto de mis padres y a la derecha al de mis hermanos y mío…” re interesante el tema. Entonces mi sabia madre me dijo que contara algo más entretenido, y creo que escribimos sobre algún viaje, no sé. Y me acuerdo que ella también dijo que era aburrido que todo el mundo escribiera sobre sus mascotas… Sobre todo porque nosotros no somos los más amigos de los animales, y lo único que tuvimos fue un hamster de Sofi (al que se le cayó un ojo, yo siempre cuento eso porque es lo más picante que pasó en mi casa con animales – eso y la vez que quedó un gato trancado entre una viga y el techo del galponcito al fondo porque mi hermano le tiró agua, y pensamos que estaba muerto y nos daba una cosa terrible, hasta que Julio el vecino – QEPD – lo empujó con la escoba y salió rajando) y nuestra querida tortuga Pepe, que primero fue macho y ahora hembra, y cuya mayor hazaña es tirarse de trompa desde el escalón del fondo. A qué iba? Ah, cierto, a ninguna parte…
Ahora se me da por acordarme de la escuela, te das cuenta? Será porque trabajo en un colegio que no tiene nada que ver? Jugábamos al tiburón en las palmeras del fondo (tiburón – palmeras?). Yo ya había escrito sobre la escuela?
Parece que Paola se casa (o se casó?), Verónica está embarazada, el hijo de Laura ya tiene como 3, Daniela está en China, o en algún lado de Asia u Oceanía. Nos vamos poniendo viejos, y agarramos por distintos caminos, y lo más interesante es que no extrañamos, solo si nos paramos en el pasado y vemos cómo evolucionamos puede que surja alguna nostalgita… Quién sabe qué va a pasar con nosotros y nuestros amigos de hoy dentro de un tiempo!
Ese juego entre presente – futuro – pasado es algo que me llama la atención. Cómo en un momento estoy furiosa, el demonio me posee, se me salen las lágrimas, y al rato no puedo creer que estuviera mal por semejante boludez! Y cómo uno se olvida de lo que aprende o lo que pretende que sea cierto para su vida, como buscar el lado positivo, ser optimista, buscar la paz interior.. en un santiamén zás! todo al carajo. Y después volver a empezar, no sé si de cero, pero por ahí.
También me pasa con los pequeños pasos diarios. Levantarme, vestirme, desayunar, caminar a la parada del ómnibus, estar 45 minutos en viaje, caminar hasta el trabajo… Si lo pienso, sobre todo cuando recién me despierto, siento que se me cae el mundo encima. Para esos casos es mejor recurrir al presente. No me agobia tanto ir haciendo las cosas de a una, sin pensar en lo que tengo que hacer después.
Ah, qué bueno que es escribir sin pensar en quién lo puede llegar a leer!
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